La formación de Cataluña
Torre de vigía del castillo medieval de Sota-ribes.
El nombre de Cataluña -de etimología incierta,
aunque probablemente derivado de "tierra de castillos"- se empieza
a utilizar a mediados del siglo XII para designar el conjunto de condados
que formaban la Marca Hispánica y que, una vez liberados de la
dominación musulmana en el siglo IX, se fueron desvinculando gradualmente
de la tutela franca y resultaron soberanos.
Este territorio soberano, conocido como Cataluña Vieja, con una
sociedad de carácter eminentemente feudal, inició una importante expansión
territorial, que comenzó, en el tránsito de los siglos XI al XII,
en tiempos del conde Ramon Berenguer III -el primero en ser llamado
monarca de los catalanes-, y en varias direcciones: el levante peninsular,
las islas mediterráneas y el norte occitano. Fruto de esta expansión
fue la incorporación de la mencionada Cataluña Nueva, al sur y a poniente
del río Llobregat y hasta el Ebro, que fue conquistada
y repoblada en el siglo XII.
La unión matrimonial del conde Ramon Berenguer IV, de la casa de
Barcelona, con Petronila, hija del rey de Aragón, en 1137, posibilitó
la formación de la Corona de Aragón y la continuación de la expansión
feudal, que empezó por el sur y el poniente musulmán -Tortosa fue conquistada
en 1148 y Lleida en 1149.