Dominios territoriales catalanes en el siglo XIV, momento de máxima expansión territorial de la confederación catalano-aragonesa. Aparte del Principado de Cataluña, su dominio se extendía al Rosellón, el Reino de Mallorca y el resto de las Islas Baleares, el Reino de Valencia, las islas de Sicilia y Cerdeña y los ducados griegos de Atenas y Neopatria. A mediados del siglo XV se añadiría el Reino de Nápoles.
La gran expansión feudal catalana se
da, sin embargo, en el siglo XIII y principios del XIV, con la cual
la Corona de Aragón se amplió con los dominios mediterráneos de Mallorca,
Sicilia y Cerdeña, además de Valencia. La expansión se inició con
el rey Jaume I, que conquistó Mallorca (1229) -de donde expulsó
la población musulmana- y Valencia (1238) -territorio al cual se
dio el estatuto de reino y que fue repoblado mayoritariamente por
catalanes-. Posteriormente, y coincidiendo con el gran desarrollo
social y económico de Cataluña en la Edad Media, los dominios catalanes
se extendieron por el Mediterráneo hasta Sicilia y Cerdeña.
Paralelamente, y en el tránsito de un sistema feudal a un estado
monárquico, se fue configurando un sistema político que tenía
como base el pactismo, o sea, la limitación del poder real
por parte de las cortes -donde estaban representados la nobleza, la clerecía
y la burguesía urbana-. Este sistema constitucional dio lugar
a una institución surgida a finales del siglo XIII, la
Diputación
del General (que, a partir del siglo XVI, fue conocida también
como Generalitat), que adquirió progresivamente un papel
político.
Sin embargo, a partir de mediados de siglo XIV, se inició una época de
crisis demográfica (con el impacto recurrente de la peste), económica
y política, que llevará al paroxismo de una guerra civil a mediados del
siglo XV.