La unión dinástica con Castilla
En 1469, el matrimonio del rey Ferran
II de Aragón con Isabel de Castilla, llamada la Católica, propició
el camino hacia una monarquía hispánica, a pesar de que durante siglos
Cataluña mantuvo su condición de Estado, de soberanía imperfecta,
pero con sus instituciones propias y con la plena vigencia
de sus constituciones y derechos.
Debilitada demográfica y económicamente, y con una monarquía
absentista desde la unión dinástica con Castilla, en los siglos XVI
y XVII Cataluña vivió un período de decadencia, en oposición
al llamado "Siglo de Oro" castellano que siguió a la conquista de América.
Las pretensiones unificadoras de la monarquía hispánica estuvieron en
la base de un nuevo conflicto de Cataluña con el rey, el levantamiento
secesionista conocido como Guerra de los Segadores (1640-1659).
El Tratado de los Pirineos (1659), que puso fin a esta guerra, sancionó
sin embargo la anexión de los condados de Rosellón y Cerdaña a la monarquía
francesa, mientras que las instituciones políticas catalanas pasaron
a ser fuertemente controladas por la monarquía hispánica.