Mensaje 20. 15 de Abril de 2000
La vida a bordo de un barco oceanográfico
Cuando los investigadores se enrolan en un barco, hay algo que está claro: en el barco debemos encontrar todo lo necesario para vivir, para trabajar y para los ratos de ocio. Si os podéis imaginar cómo sería un sitio que reúna vuestra casa, vuestro lugar de trabajo, y vuestro lugar de ocio predilecto: eso sería este barco.
Una casa, ¿qué hacemos sobretodo? Comer y dormir. En este barco tenemos una buena cantidad de camarotes. Cada camarote es para dos investigadores. Están muy bien, tienen un armario, una mesa de despacho con cajones, una nevera, un sofá y unas estanterías para poner los libros. Las camas están en literas, pero cada litera tiene una cortina, para poderse aislar un poco. Todos los camarotes tienen dos ventanas que la mayor parte de las veces dan al mar. Cada camarote tiene también un aseo, una ducha y un lavabo: suficiente para vivir, trabajar si hace falta, y hacer alguna fiesta durante estos dos meses. El jefe de campaña tiene un camarote mucho más grande, con una inmensa mesa de trabajo, y con un salón donde muchos investigadores pueden sentarse, compartiendo un buen vino sudafricano (o un buen Priorato de los que Josep-Maria se encargó de incluir en nuestras cajas).
El barco tiene una gran cocina, donde Mathias, Mario y Ralf nos preparan la comida. La cocina es, lógicamente, al estilo alemán, con predominio de quesos, patatas, coliflor y platos con salsas. Pero nadie se queja, pues siempre hay platos vegetarianos para escoger y, de momento, todos intentamos acumular vitaminas comiendo la fruta y la verdura que se compró en Ciudad del Cabo. Petra, Christina y Stephanie se preocupan de servirnos la comida, poner y quitar la mesa y organizar un poco el comedor: pensad que somos 62 investigadores y 8 oficiales, y tenemos que comer en un comedor más bien estrecho donde sólo hay plazas para 24 personas cada vez. También nos cuesta adaptarnos a los horarios de las comidas, que se han puesto a estas horas para coincidir con los cambios de turno de los tripulantes que están de guardia. El desayuno es desde las siete y media hasta las ocho y media, el almuerzo desde las once y media hasta las doce y media, y la cena desde las cinco y media hasta las seis y media. Tenemos 11 horas para llenar el estómago, y ¡13 para vaciarlo!.
Para los ratos de ocio tenemos un poco de todo: hay un gimnasio y una piscina, un bar, una sala de conferencias que sirve de cine, y un salón-biblioteca. El gimnasio, situado en la proa del barco, tiene varias máquinas para hacer ejercicio, pesas y espalderas. También hay una sauna, muy solicitada durante la tarde "para poder pensar" y una máquina de rayos UV para los que encuentran que les falta vitamina D, debido a la falta de sol. La piscina es una de las alegrías del barco: no es muy grande, de unos 5x4 metros, pero cuando el barco se mueve se producen muchas olas y es divertido nadar. Se organizan unos partidos de waterpolo que tienen mucho éxito. El bar, llamado "Zillertal", se abre tres veces por semana y son los científicos los encargados de poner la música y de servir la cerveza que se consume, como podéis imaginar, con abundancia. Un día de estos nos tocará a nosotros: ya estamos preparando la lista de cosas necesarias para que Enrique nos prepare unos cócteles margaritas que nos deje a todos boquiabiertos. Del cine no os podemos decir mucho: está pensado para la tripulación y las películas son todas en alemán, así que no hay mucha asistencia de nuestro grupo. Finalmente el Salón Azul: la biblioteca-sala de reuniones, con una mesa redonda digna de la firma de algún acuerdo de cooperación internacional ¡a nivel de ministros, como mínimo! (de unos tres metros de diámetro).
¿Y qué más nos puede faltar para la vida diaria en un pueblo? ¿Hospital?. Pues tenemos. Y en él te cura Fridtjof, que es el médico del barco. Pensad que estamos realmente muy lejos de cualquier lugar habitado en el caso de que alguno enfermara repentinamente. Si tratáis de encontrar nuestra posición, latitud y longitud, en un mapa del mundo, os haréis una idea bastante aproximada: los helicópteros, que tienen una autonomía de vuelo de dos horas y media no podrían llegar a ningún lugar si hubiera una emergencia sanitaria a bordo. ¿Mercado? Pues también, los miércoles por la tarde se abre la tienda y nos podemos gastar los marcos alemanes comprando postales, camiseta y gorras. Ya lo veis: ¡todo un pueblo!!!.
Y no hace falta decir que muchos ratos libres se pasan en cubierta. Hasta ahora, tomando el sol y disfrutando del buen tiempo, y a partir de ahora, cuando entremos en aguas de la Antártida, observando pájaros y mamíferos marinos y disfrutando de los hielos y los paisajes antárticos. Y, cuando estemos saturados de tanto trabajo en el laboratorio, saldremos a cubierta para que el frescor de los aires antárticos nos espabile un poco.
Otro día os explicaremos cómo este barco, que es como un pueblo formado por más de 100 personas y plenamente autosuficiente -como os hemos explicado- puede navegar. ¡Ah! Hoy hemos sabido que en la base de Neumayer, en el continente antártico, el destino de la primera parte de nuestro viaje, la temperatura es de 16° bajo cero. ¡Ya va siendo necesario empezar a quitar el polvo al anorak y los jerseys!.
Un abrazo,
Los investigadores a bordo del Polarstern
Datos:
. Nos encontramos en el Océano Austral (sector Atlántico)
. Posición: 50° 20' S - 5° 26' E
. Temperatura del aire: 1.2°C
. Temperatura del agua: 3.85°C
Fotografias: