Mensaje 38. 6 de Mayo de 2000

Hay alguien más por aquí

Cuando todo lo que te rodea es el mar, hielo y montañas nevadas, ver otro barco es agradable y se convierte en un motivo de distracción. Pero en toda la zona del mar de Weddell nos hemos pasado un mes sin ver ningún barco. Cuando estábamos allí, da un poco de angustia pensar que, en caso de necesitarlo, el barco más próximo podría tardar una semana en llegar donde nos encontrábamos. Realmente esto es un paraíso. Pero un paraíso solitario y aislado.

Pero ahora estamos en la Península Antártica, mucho más cerca del continente americano de lo que anteriormente lo estábamos del continente africano. Hace cuatro o cinco días nos tuvimos que esperar para tomar muestras de agua porque el Nathaniel Palmer, un barco oceanográfico americano, estaba justamente donde queríamos ir. Anteriormente, cuando estábamos trabajando en la isla Decepción, el Almirante Irízar, un rompehielos argentino, nos pedía paso, ya que quería salir. Hay pocos rompehielos grandes como el Polarstern o el Irízar, así que los comandantes se comunicaron y uno de nuestros helicópteros fue a recoger a su comandante y al jefe de campaña para que visitasen el Polarstern. Resultó, curiosamente, que una amiga de Cova estaba de investigadora en el Irízar y pudo aprovechar para visitar el barco argentino. Es un barco comandado por militares y que, básicamente, hace labores de llevar a la gente y cubrir la logística de las bases. La investigación en él es secundaria (dos investigadores ¡y casi cien tripulantes!) y Volker, nuestro jefe de máquinas, se sorprendía que, siendo tanta gente como eran, tuviesen la máquina y el barco en conjunto muy sucio y oxidado. El Polarstern, hay que decirlo, está inmaculadamente limpio: se podría comer en el suelo de la máquina sin ensuciarse los pantalones. Los que han estado en diversos barcos oceanográficos dicen que la diferencia puede estar en el hecho que el Polarstern está gestionado por una empresa civil.

El mismo día que visitamos el Irízar tuvimos una sorpresa: delante de la isla Decepción había un barco congelador pesquero japonés. Cerca había pesqueros argentinos, polacos y chinos. Nos sorprendió mucho porque estaban por aquí sin estar a cubierto del mal tiempo, y desde hace unos años esta prohibido pescar en aguas antárticas, ¡Qué le vamos a hacer! Hace casi un siglo se extinguieron algunas especies de ballenas y focas y leones marinos por culpa de una explotación exagerada: pensemos que escaldaban vivos los pingüinos con tal de aprovechar el aceite. Afortunadamente esto se acabó cuando se hizo público. Pero aquí hay pesquerías aprovechables que serán explotadas durante algunos años. Que son aprovechables bien lo sabemos los que hemos tenido el placer de probar una porción de pez de hielo que los marineros cocinaron después que los científicos midieran todo lo medible. Enrique, el marinero chileno, nos ofreció una porción, que era deliciosa.

Como sabemos, la Antártida es un continente que no pertenece a ningún país y donde básicamente se realiza investigación. Es tan interesante investigar aquí por ser de las pocas partes del mundo muy poco afectada por los humanos. Ha costado que siga así. Diversos países reclamaron parte de la Antártida para ellos: Nueva Zelanda, Australia, Francia, Noruega, Chile, Argentina y el Reino Unido, con el agravante de que algunas zonas, como la Península Antártica, son reclamadas a la vez por estos últimos tres países. En algunas bases científicas se hace ostentación de la enseña del país, pintando los tejados con la bandera (en una de las bases españolas también está pintada), y especialmente chilenos y argentinos intentan que haya gente viviendo de forma permanente en la Antártida (naciendo, yendo a la escuela, casándose,...), como una excusa para reclamar la propiedad. Sin embargo, en 1959 se firmó el tratado antártico, por el cual los países dejarían a un lado sus reclamaciones territoriales y declararon la Antártida como un lugar de investigación donde todos están invitados mientras sirva para esta finalidad. Este tratado, al que actualmente se encuentran adheridos unos 50 países, fue ratificado hace poco en Madrid. El tratado prohibe la explotación minera del continente, hace que se tengan que pedir permisos para trabajar en ciencia, y permite que se puedan inspeccionar las bases y los barcos oceanográficos que se deben llevar todas las basura que generen.

El tratado funciona bastante bien. Aunque hay amenazas serias que harían perder el atractivo (e interés científico) principal del continente: el turismo, que ha aumentado en los últimos años y que hace que algunas colonias de pingüinos hayan disminuido enormemente en numero por culpa de la influencia humana. Las exploraciones geológicas, que no se detienen y que, financiadas por empresas petroleras, hacen pensar mal. Estos pesqueros que hemos visto en Livingstone. Los montones de hierros y basuras acumuladas en algunas bases. Los accidentes, como el del barco argentino Bahía Paradiso, que embarrancó y vertió todo su combustible cerca de la base americana de Palmer, etc. Greenpeace y la Costeau Society, entre otras ONG para el medio ambiente. han sugerido que la Antártida sea un Parque Natural Mundial. No se trata de reservar el continente para los cuatro científicos afortunados que nos podemos acercar. Sin embargo se ha de evitar que desaparezcan, como lo han hecho los restos de ballenas que había en muchas playas, y se ha de permitir que pingüinos, leones marinos y ballenas vivan como quieran.

Ya que nuestros antecesores nos dejaron este continente precioso, lo debemos dejar igual para nuestros descendientes.

Un abrazo y hasta el próximo mensaje,

Los investigadores a bordo del Polarstern

 

Datos:
. Nos encontramos en la Península Antártica
. Posición: 62° 23' S - 58° 41' W
. Temperatura del aire: - 0.9 °C
. Temperatura del agua: -0.5 °C

Fotografias: