Mensaje 8. 27 de marzo de 2000

Tempestad en alta mar

El viento comienza a soplar con fuerza. Unas grandes olas hacen balancearse de manera violenta e inesperada el "Polarstern". Ya se ha producido el primer accidente a bordo: alguien se ha roto la muñeca.

En estos momentos atravesamos un centro activo de bajas presiones que envuelven el continente antártico, y que se localizan aproximadamente sobre el paralelo 65º de latitud sur. Latitudes muy propicias para intensos temporales. El espectáculo que ofrece el choque de las olas sobre el casco de nuestra nave es impresionante. Una inmensa nube formada por millones de gotas de agua salen disparadas sobre los ventanales del puente de mando, desde donde vemos pasar los imponentes icebergs.

La observación de estos fenómenos desde la seguridad del puente del Polarstern nos hace pensar, inevitablemente, en aquellos valientes marineros anteriores al inicio de siglo, que con barcos más frágiles y con menos instrumental que nosotros hicieron frente a una mar tan o más agresiva que la que hoy nos acompaña.

El viento es la causa principal de esta situación. Cuando un flujo de aire circula sobre la superficie de la mar genera sobre ésta la formación de olas capilares (como cuando soplamos sobre un cubo lleno de agua). Si el flujo es continuo y tiene mucha fuerza, estas pequeñas olas generan olas aún más grandes y que tendrán más superficie de contacto con el viento. Así, la cantidad de energía que este flujo transmite al agua será mayor, y la ola acabará teniendo más fuerza cuanto más tiempo pueda viajar. Este proceso es progresivo. Cuanto más sopla el viento y cuanto más distancia recorren las olas, más energía transportarán y más violentas serán. Cuanta más energía transporten, más rápido viajarán y mayor será su longitud de onda (la distancia entre cresta y cresta). Esto hará que sean aún más peligrosas.

Para que el aire circule es necesaria una diferencia de presión entre dos puntos. Es decir, en un punto, la columna de aire ha de ser menos pesada que en otro. Eso es posible cuando un punto de la columna de aire contiene más agua que en el otro. La zona con aire más húmedo ejerce menos presión sobre la superficie porque este aire es más ligero que el aire seco. La zona bajo este punto soporta más presión y, en consecuencia, el aire comienza a fluir hacia la zona de baja presión.

El viento puede llegar a velocidades superiores a 100 km por hora y generar olas de más de 20 m de altura, con longitudes de onda de varios metros. Estas ondas son muy peligrosas. En el año 1806, el almirante de la marina británica, Sir Francis Beaufort propuso una unidad de medida para evaluar la magnitud de la fuerza del viento a través de los efectos que ésta ocasionaba sobre la superficie de la mar. La escala de Beaufort va de 0 a 12. Según él, este numero está en relación con el numero de velas que puede desplegar un velero de guerra de aquella época. Actualmente, esta unidad de medida sigue siendo utilizada. Hoy hemos aguantado una tempestad de fuerza 9, es decir, con vientos de hasta 88 km/h y muy mala mar (las olas tenían entre 6 y 8 metros de altura). Parece ser que el pronóstico no es demasiado favorable para las próximas horas. Probablemente experimentemos lo que significa navegar bajo los efectos del viento de fuerza 10-11, es decir, con vientos de hasta 117 km/h y tempestades huracanadas (sin que llegue a ser un verdadero huracán). Ya os explicaremos como hemos acabado de mareados. Ahora no podemos salir a cubierta por razones de seguridad, seguiremos disfrutando desde el puente de mando del espectáculo que nos brinda el reto del Polarstern a las grandes fuerzas de la naturaleza.

Un abrazo y hasta el próximo mensaje,


Los investigadores a bordo del Polarstern

 

Datos:
. Nos encontramos en el Océano Antártico
. Posición: 64° 9' S - 3° 29' E
. Temperatura del aire: - 2.0 °C
. Temperatura del agua: - 0.7 °C

Fotografias: