Generalitat de Catalunya

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Las Diputaciones en la España constitucional (siglo XIX)
Pese a su inicial regusto historicista, las Diputaciones provinciales configuradas por la Constitución de Cádiz derivaron rápidamente bajo la influencia del jacobinismo, que de hecho, revalidaba las tendencias centralizadoras y uniformistas de la monarquía absoluta. Por un lado, una nueva división territorial, respetando los límites externos del Principado de Cataluña, lo hacía desaparecer como entidad política y lo dividía en cuatro provincias. De otro, la teoría y la práctica gubernamentales españolas se fue decantando, según el modelo napoleónico, por la supeditación de los órganos colectivos a los cargos unipersonales de una cadena jerárquica que iba desde el cabeza del gobierno en Madrid hasta los alcaldes pasando por los ministros –especialmente el de Gobernación- y los jefes políticos de la provincia o gobernadores civiles. La militarización frecuente de los cargos, a empezar por la presidencia del Consejo de ministros durante el reinado de Isabel II, contribuyó al refuerzo del autoritarismo, incrementado en el caso de Cataluña y la ciudad de Barcelona por el frecuente recurso al estado de excepción y la suspensión de las garantías constitucionales.

Con todo, los consistorios representativos, provinciales y municipales, se erigieron a menudo en portavoces de las reclamaciones de una sociedad con dinamismo propio y modelo bastante diferenciado del español, dinamismo y diferencias más acusadas a partir del arranque definitivo de la revolución industrial en el segundo tercio del siglo XIX. Cataluña, y sobre todo la ciudad de Barcelona, desarrollaron una actividad muy importante, a menudo protagonista, en los virajes del régimen liberal español hacia la izquierda, con la intención de conseguir una descentralización del Estado o una revisión más profunda del modelo en sentido federalista. En estas etapas siempre precarias pero muy creativas, como el Bienio Progresista de 1854-1856 y el Sexenio Democrático de 1868-1874, las Diputaciones provinciales catalanas y, muy particularmente, la de Barcelona se convirtieron en un escenario político estratégico.

Todo y que la repetida frustración de las esperanzas de reforma del régimen liberal español favoreció, bajo la Restauración, la búsqueda de soluciones al margen de las instituciones del Estado y la eclosión del nacionalismo, a principios del siglo XX el gobierno español acabó reconociendo la personalidad diferencial de Cataluña bajo la forma de la Mancomunidad de las cuatro Diputaciones provinciales de 1914-1925, una experiencia que es el antecedente próximo de la Generalitat contemporánea.