Generalitat de Catalunya

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Generalitat

Guía de la Generalitat
Un poco de historia


Façana del Palau
La fachada del Palau.

Interior de la capella
Interior de la capilla.

Figura de Sant Jordi
La figura de Sant Jordi
de Frederic Galcerà,
en el Pati dels Tarongers.



En el año 1400, la Diputación del General, el órgano de gobierno del país desde el siglo XIV hasta el XVII, adquirió un inmueble en el barrio judío llamado “Call major” de Barcelona para instalar en él su sede definitiva. La casa había sido propiedad, sucesivamente, de un poeta, un cirujano, un tesorero y un cambista y de sus respectivos herederos. Prácticamente no queda nada de las edificaciones originales, sobre las cuales se fue levantando un edificio de nueva planta de estilo gótico, bajo la dirección del arquitecto Marc Safont, uno de los más reconocidos en ese momento en Cataluña.

Posteriormente, desde el siglo XVI, el Palacio ha sufrido ampliaciones y transformaciones en función de las necesidades de cada período histórico. La fachada principal, por ejemplo, es de estilo renacentista y la diseñó el artista Pere Blai. Del mismo estilo artístico son el Pati dels Tarongers (“Patio de los Naranjos”) y el Salón Dorado, dos de los espacios más emblemáticos del conjunto.

La imposición del Decreto de Nueva Planta en 1716 provocó la abolición de la Diputación del General y su sede fue ocupada por la Audiencia, que alteró la distribución de algunos espacios. Dos campañas de obras, en 1734 y en 1768, sirvieron para ampliar la capilla y el edificio góticos y para coronar el campanario, entre otras reformas.

En 1822 se alojó en el edificio la Diputación Provincial, que compartió el espacio, primero con la Audiencia, hasta 1908, y después con la Mancomunidad de Cataluña, de 1914 a 1925. Ello obligó a ampliar y modificar la distribución de algunas estancias con la construcción de tabiques. De esta época son las escaleras de honor, del arquitecto Romà Prats i Montlló, y la estatua ecuestre de Sant Jordi añadida a la fachada de Pere Blai, obra del tarraconense Andreu Aleu i Teixidor.

El arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch dirigió la restauración que se emprendió durante la presidencia de Enric Prat de la Riba. El edificio recuperó el aspecto de conjunto anterior a la ocupación de la Audiencia y se construyó una Sala de Conferencias o auditorio.

En épocas más recientes, el Palacio de la Generalitat permaneció sin cambios significativos, dada la compleja situación histórica, que retrasó la incorporación del arte moderno y de vanguardia. Durante los años 70, se adquirió más de un centenar de obras, sobre todo de estilo figurativo. Más adelante, piezas de artistas contemporáneos, como por ejemplo Antoni Clavé, Joan Hernández Pijuán o Antoni Tàpies, han contribuido a embellecer las salas de la sede del Gobierno catalán.


Extracto de la Presentación del libro 'El Palau de la Generalitat de Catalunya, 600 anys – Art i arquitectura'. Marià Carbonell i Buades (Generalitat de Cataluña y Museo de Historia Nacional de Cataluña, 2005)

Hace seiscientos años se construyó, en Barcelona, el Palacio de la Generalitat. En su origen se llamaba Casa de la Diputación del General. Una casa amplia y espaciosa, símbolo de un poder emergente, situada en el centro de la ciudad medieval, donde se desarrollaba con potencia creciente lo que hoy conocemos como burguesía. El edificio, construido sobre viejas piedras romanas, recibía y recogía, al tiempo, la influencia y el recuerdo de la huella judía. Éstas, como otras influencias recibidas, forman parte de nuestro patrimonio cultural.

El crecimiento urbano de la ciudad se ha ido desarrollando en las sucesivas etapas históricas y Cataluña, en los siglos que nos han precedido, ha desplegado todo su potencial económico y cultural. Sin otras interrupciones que las de los momentos de difícil coyuntura sociopolítica o de pérdida de libertades, el Palacio de la Generalitat ha mantenido su función cohesionadora y de representación de los intereses políticos de la ciudadanía. Por lo tanto, pues, además de ser el centro desde donde se despliega el trabajo y la acción de gobierno, este edificio tiene para los catalanes una inmensa carga simbólica.