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¿Qué información debemos dar al enfermo de Alzheimer?
 

Posiblemente esta es una de las preguntas más frecuente que se hacen, tanto los profesionales responsables de atender los enfermos como sus familiares. La enfermedad de Alzheimer trastorna, no solamente a la persona que la sufre, sino también a su entorno familiar. Por lo tanto, hace falta plantear estrategias de tratamiento para los unos y los otros. Y, también, diferentes estrategias de información.

La información que hace falta dar al familiar debe ser generosa y adecuada a los diferentes estadios evolutivos de la enfermedad. El médico tiene que favorecer la comunicación y fomentar la proactividad. Las listas de preguntas pueden servir de gran ayuda. Un familiar bien informado podrá entender lo que le ocurre al enfermo y tomar las decisiones más adecuadas.

Respecto a la información que debe recibir el propio paciente, hay unos principios que, en mi opinión, deben dirigir nuestra reflexión:

- El enfermo tiene derecho a ser informado de su padecimiento.

- La información debe ser comprensible.

- El enfermo tiene derecho a dirigir el proceso de información.

- La información no debe causar daño al enfermo.

Conocer la enfermedad

 

El hecho de conocer la enfermedad facilitará que la persona afectada pueda seguir mejor el tratamiento farmacológico y no farmacológico y comprenda las dificultades que puede comportarle la enfermedad en su vida cotidiana. Además, puede estar más animado en la planificación de su futuro. Finalmente, un enfermo que conoce su afección aceptará medidas de protección, tanto para él como para los otras, como por ejemplo dejar de conducir.

Pero, por otro lado, el mal pronóstico de la enfermedad podría aconsejar minimizar la realidad para no dañar a una persona a quien el padecimiento la convierte en muy vulnerable. También es posible que en el momento del diagnóstico la persona ya no sea capaz de comprender o recordar información medianamente compleja. La falta de conciencia de enfermedad que presentan muchos de estos enfermos sería otro elemento a favor para no informar sobre la enfermedad y limitarnos a dar consejos generales referentes a la vida diaria.

El médico ha de evaluar la capacidad de comprensión del enfermo. Es muy útil conversar con él sobre asuntos que sean de su interés para poder apreciar la capacidad real de comprensión que mantiene. Sus familiares están en condiciones óptimas para valorar el grado de preocupación que la enfermedad le supone al paciente y la cantidad y la calidad de información que desea.

Lenguaje sencillo

 

A nivel práctico es recomendable usar un lenguaje sencillo pero no infantilizante. Para referirnos a la afección, es preferible usar términos como por ejemplo "enfermedad de la memoria" o "disminución de la capacidad de las células del cerebro" a "deterioro cognitivo" o "demencia". En las fases iniciales de la enfermedad, puede estar indicado hacer algún dibujo o, incluso, comentar con el enfermo el resultado de las pruebas realizadas. Es muy importante insistir en la causa orgánica y aclarar al paciente que no está loco. Según mi experiencia, la enfermedad de Alzheimer se debe presentar como un proceso heterogéneo, de larga evolución y con posibilidades de tratamiento que modifican su curso evolutivo y mejoran el confort del enfermo.

La información se debe basar en las necesidades del presente sin insistir en los aspectos evolutivos más severos sobre los cuales el enfermo difícilmente tendrá capacidad de proyección.

También es importante insistirle al enfermo sobre la ayuda que le pueden prestar los otras, especialmente sus familiares.

En definitiva, lo más importante en relación a la información que debe recibir una persona afectada de enfermedad de Alzheimer es el papel que este proceso informativo debe tener en el tratamiento global de su padecimiento. Y, especialmente, en ayudarlo a vivir con la dignidad que se merece.

Salvador Altimir Losada
Jefe de la Unidad de Geriatría

 

 

 
 

El hecho de conocer la enfermedad facilitará que la persona afectada pueda seguir mejor el tratamiento farmacológico y no farmacológico y comprenda las dificultades que puede comportarle la enfermedad en su vida cotidiana

         
         

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