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El año 1836, Charles Dickens,
el famoso novelista inglés del siglo XIX, publicó la novela “Los papeles
póstumos del club Pickwick”, en la que describía un personaje, Joe, obeso,
cochero de oficio, que se adormecía fácilmente, a veces incluso conduciendo.
Dickens se anticipó exactamente un siglo a la primera descripción médica de
lo que ahora conocemos como el síndrome de apneas del sueño. Aunque no tan
detallados, ya había habido otros precedentes literarios, como por ejemplo
el Falstaff de Shakespeare. Las ironías del azar hicieron que el magnífico
director y actor Orson Welles lo llevara al cine con el título de
"Campanadas a medianoche”, título premonitorio de la muerte de Welles, que
más tarde murió durante la noche, probablemente a causa de apneas, como
consecuencia de su, digamos, opulente humanidad.
El síndrome de apneas obstructivas del sueño incluye un conjunto de síntomas
nocturnos (ronquidos, apneas) y diurnos (hipersomnolencia, es decir, una
gran facilidad de dormirse durante el día). Se consideran apneas las
interrupciones en el ritmo normal de la respiración de más de diez segundos.
A veces la interrupción no es completa y entonces hablamos de hipoapnea.
Durante el día, la facilidad para dormirse se acompaña de falta de
concentración, disminución de la memoria y, a veces, de depresión. Muchas
veces, el síntoma principal, sobre todo en el caso de las mujeres, es el
cansancio, la fatiga; lo que se conoce como astenia.
Obstrucción de las vías respiratorias altas
Si se habla de apneas obstructivas es porque cuando pasa el aire por las
vías respiratorias altas, es decir, la garganta y la faringe, se produce una
obstrucción como consecuencia de la flacidez muscular que se da cuando nos
dormimos junto con el estrechamiento de las vías respiratorias debido a la
grasa que se acumula en personas que sufren obesidad o bien debido a tener
una mandíbula pequeña (cajón pequeño) o una lengua desproporcionadamente
grande, entre otros factores. Sin embargo, el sobrepeso y la obesidad está
presente en un 70-80% de los casos. Los pacientes raramente son delgados y,
cuando lo son, acostumbran a tener la mandíbula poco desarrollada.
Las consecuencias de las apneas dependen de su duración (una apnea de
noventa segundos es peor que una de quince), del número (no es el mismo
sufrir cincuenta apneas en una hora que dieciséis), y del estado
respiratorio y cardiocirculatorio de la persona. Las apneas suponen un
descenso de la cantidad de oxígeno en la sangre por debajo del normal -a mis
pacientes los digo que cada noche suben al Everest-; hipertensión, porque la
adrenalina se dispara, y, sobre todo, sueño intermitente. Debido a estos
múltiples microdespertares, el paciente no duerme profundamente y por la
mañana se levanta con sensación de resaca. Debido a la adrenalina y a otras
substancias similares producidas por el organismo durante las apneas, la
tensión de la sangre aumenta -hipertensión-. Y, cuando esto se produce
repetidamente, noche tras noche, acaba teniendo consecuencias en las
arterias del corazón y del cerebro.
Enfermedad frecuente
El síndrome de apneas del sueño es una enfermedad muy frecuente, que afecta
entre un 5% y un 15% de los adultos. En las mujeres no es tan común, aunque
más de lo que se pensaba hasta ahora, sobre todo tras la menopausia. La
enfermedad está relacionada con el ronquido. De hecho, uno de cada cinco
roncadores sufren apneas. Todos los que sufren apneas obstructivas del sueño
roncan, aunque no todos los roncadors hacen apneas.
La enfermedad se diagnostica mediante una polisomnografía nocturna. Esta
prueba valora la calidad del sueño, el flujo de aire respirado, la
saturación de oxígeno en sangre, el ronquido y el movimiento torácico y
abdominal. El aparato para realizar esta prueba funciona como un detector de
mentiras. La representación gráfica del resultado de una polisomnografía
realizada a un enfermo recuerda el trazado de un sismógrafo. Y realmente la
noche de un paciente con apneas obstructivas es una noche de terremotos.
Las consecuencias de sufrir apneas obstructivas son diversas. Quizás la más
inmediata es sufrir un accidente de tráfico, debido a la somnolencia diurna.
A largo plazo, puede aparecer una disminución de las facultades
intelectuales, depresión, descenso del rendimiento laboral o empresarial,
una cierta marginación familiar y social y, sobre todo, más riesgo de sufrir
arteriosclerosis y enfermedades vasculares. Por este motivo, es aconsejable
eliminar otros factores de riesgo asociados a estas enfermedades,
especialmente el tabaco.
Tratamiento
El síndrome de apneas obstructivas se trata durante el sueño con un aparato
denominado CPAP que inyecta aire a presión a través de la nariz que impide
el cierre, el colapso, de las vías respiratorias. Es como una férula
neumática que impide el plegamiento del tubo respiratorio. Es un sistema muy
eficaz, pero no todos los pacientes lo toleran: una cuarta no cumple este
tratamiento o lo acepta mal. Los primeros tratamientos con CPAP en Catalunya
y en España los hicimos en el hospital Germans Trias. En algunos casos está
indicada la cirugía de faringe, de amígdalas o de úvula, y habitualmente se
indica el adelgazamientpo con dieta y la supresión de los sedantes y del
alcohol.
Josep Morera
Jefe de servicio de neumología
Hospital Germanos Trias
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