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Todo el mundo habla de ello,
todo el mundo intenta evitarlo, todo lo mundo tiene, todo el mundo trata de
sacárselo de encima. El estrés es una epidemia que parece afectar a casi
toda la humanidad. Pero, ¿qué es el estrés? La palabra proviene de la
palabra inglesa stress que significa tensión, fatiga, presión a la cual está
sometido un objeto o una persona. En el ámbito médico denominamos estrés
psicosocial al conjunto de situaciones de un individuo que le exigen un
rendimiento superior al normal. Se trata, pues, tanto de unos mecanismos que
tienen la capacidad de agredirnos como de defendernos, en el clásico
mecanismo de acción-reacción.
Reacción defensiva
En realidad el estrés es una reacción defensiva física y mental del ser
humano para hacer frente a un ambiente desfavorable. Ya a nivel molecular se
ha observado que las células humanas en situaciones hostiles (agresiones,
exceso de temperatura) reaccionan produciendo unas substancias, las
proteínas del choque por calor, que las ayudan a sobrevivir. La historia del
hombre también es la historia de la adaptación a situaciones hostiles para
intentar sobrevivir, y la historia de la humanidad es la historia de la
capacidad de supervivencia atada a la adaptación al medio.
Enfermedades coronarias
El estrés psicosocial se ha relacionado estrechamente con riesgo de sufrir
enfermedades cardiovasculares, especialmente coronarias (angina de pecho,
infarto de miocardio y muerte repentina de origen cardiaco). Sin embargo,
hasta la actualidad esta relación sólo se había comprobado en poblaciones de
países ricos y desarrollados, especialmente a los Estados Unidos y en
Europa. En un estudio hecho por la Dra. Annika Rosengren de Hamilton
(Canadá), que se publicó en la revista Lancet el año pasado, se analizó la
influencia del estrés en la aparición de enfermedades coronarias en 24.767
personas de 52 países de Asia, Europa, Oriente Mediano, África, Australia y
el continente americano.
El estrés de cada persona se valoró mediante cuatro preguntas sencillas
sobre la tensión que soportaba a casa y a el trabajo, los problemas
económicos que había sufrido y los acontecimientos adversos que le habían
sucedido durante el último año. Se añadieron unas preguntas adicionales para
valorar el control de la situación por parte de la persona y la presencia o
ausencia de depresión. Su conclusión fue que el estrés psicosocial aumenta
claramente el riesgo de aparición de infarto de miocardio. Este estrés
laboral, doméstico, financiero o por situaciones vitales desfavorables con
presencia de depresión parece tener el mismo efecto en diferentes países,
situaciones económicas o grupos de edad.
Estrés y obesidad
Investigaciones recientes han comprobado las relaciones entre el estrés y
otra epidemia actual: la obesidad. Las personas que soportan estrés de forma
crónica, como respuesta defensiva segregan una mayor cantidad de una hormona
denominada cortisol. Este aumento conduce a la larga a una menor respuesta
del organismo a ella. Las consecuencias son un aumento todavía mayor en la
producción de cortisol, lo cual provoca la aparición de un depósito de grasa
sobre todo a la zona de la abdomen. Se trata de la denominada obesidad
central, que aumenta mucho el riesgo de sufrir enfermedades coronarias. Los
hombres y las mujeres responden de forma diferente al estrés. Así, mientras
los hombres depositan la grasa en el abdomen (lo que se denomina cuerpo en
forma de manzana) las mujeres lo depositan en los gluteos y en los muslos
(cuerpo en forma de pera).
Pero tampoco es cuestión de demonizar el estrés, porque se trata de una
reacción de adaptación del ser humano a una situación difícil y es, en
principio, una reacción beneficiosa porque nos prepara para la acción y nos
ayuda a actuar. Sólo cuando esta reacción es demasiada exagerada o dura
demasiado tiempo se convierte en perjudicial. Si no tuviéramos algo de
estrés de vez en cuando no podríamos vivir. El estrés es como un turbo que
se pone en marcha cuando debemos hacer un esfuerzo especial, como el esprint
de los ciclistas cuando están a punto de entrar a la meta o suben un puerto
de montaña. Pero si esprintamos durante toda la etapa, corremos el riesgo de
acabar agotados.
La receta contra el estrés
Así pues, ¿cuál es la receta ideal contra el estrés exagerado? Tampoco
descubriremos la sopa de ajo. Llevar una vida equilibrada entre el trabajo y
el reposo y entre la relación con la familia y con la sociedad. Distribuir
nuestro tiempo adecuadamente y sentir que controlamos nuestra propia vida.
Trabajar pero disfrutar de las aficiones, actuar y descansar. Alimentarse
equilibradamente, vigilar el peso, dormir lo suficiente, hacer ejercicio con
frecuencia, cultivar nuestras amistades y ser feliz tanto durante las
vacaciones como en la vida laboral.
Pau Torrabadella
Jefe de sección de Medicina Intensiva
Autor del libro Cómo prevenir el estrés
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