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Se cree que 170 millones de
personas están infectadas por el virus de la hepatitis C (VHC) al mundo, lo
que equivale, aproximadamente, a un 3% de la población mundial. En España,
la prevalencia de los anticuerpos contra el VHC (anti-VHC) se sitúa
alrededor del 2,5% (y es del 4,1% en los mayores de 60 años) de la
población. Un 70% de estos casos (unas 800 mil personas) sufren hepatitis C
crónica, es decir, que el VHC se multiplica continuamente dentro de sus
hígados. Si aplicamos estos porcentajes a las aproximadamente 800 mil
personas que tienen como referencia el Hospital Germanos Trias i Pujol, la
cifra de pacientes con hepatitis crónica C en el Barcelonés Norte y el
Maresme es de unos 15.000 casos.
Factores de riesgo
El VHC se transmite fundamentalmente por vía sanguínea. Los factores de
riesgo que tradicionalmente se han relacionado con la adquisición del virus
son las transfusiones de sangre y de sus derivados hechas antes del año 1990
(a partir de entonces y gracias al conocimiento del VHC y de su cribaje,
prácticamente ha desaparecido este riesgo de las transfusiones), la
drogadicción por vía intravenosa, la transmisión de la madre infectada al
bebé (con un riesgo bajo de entre el 3% y el 5% de los casos), la
promiscuidad sexual y la realización de tatuajes y piercings (si estos
procedimientos no se hacen de manera adecuada respecto a la esterilización y
no reutilización del material empleado).
De todas maneras, se debe tener en cuenta que alrededor del 30% de los
pacientes con hepatitis crónica C no presentan ningún factor de riesgo
conocido. Se piensa que en la mayoría de estos casos adquirieron el VHC a
través del uso de material médico reutilizable, práctica frecuente en España
hasta hace unos 25 años, cosa que explicaría la alta prevalencia de la
enfermedad en los mayores de 60 años.
Consecuencias
El gran peligro de la infección crónica por el VHC es que puede ocasionar
cirrosis y cáncer de hígado. De hecho, en todo el mundo occidental,
incluyendo nuestro país, las consecuencias de la infección crónica por este
virus son la principal causa de muerte por enfermedades del hígado y la
principal causa de trasplante hepático. Esto es debido a que, una vez
establecida la hepatitis crónica C, entre el 2% y el 20% de los enfermos
desarrollarán una cirrosis al cabo de unos 20-30 años y, cuando el enfermo
ya tiene una cirrosis, el riesgo anual de desarrollar un cáncer de hígado es
del 1% al 4%. Es muy difícil saber qué riesgo tiene de sufrir cirrosi y
cáncer de hígado una persona concreta con hepatitis crónica C, pero lo que
sí sabemos es que este riesgo aumenta con la edad del paciente, con el
consumo de alcohol y con la presencia de coinfección por otros virus, y, en
cambio, disminuye en el sexo femenino y si se adquiere la enfermedad en edad
joven.
La importancia del diagnóstico
El diagnóstico de la hepatitis C es fácil de realizar: sólo hace falta un
simple análisis de sangre que determine el antígeno del virus y, si el
resultado es positivo, se debe comprobar analizando el material genético del
VHC. Si el diagnóstico es tan sencillo, ¿cómo se explica que sólo se haya
diagnosticado una cuarta parte de los pacientes infectados? Esto es así
porque la mayor parte de las personas con hepatitis crónica C no saben que
están enfermas. Y es que la infección no da molestias hasta que el hígado
está muy deteriorado, cuando el paciente difícilmente podrá beneficiarse del
tratamiento. Para evitar que la hepatitis evolucione en una cirrosis y, a su
vez, en un cáncer, hace falta hacer todos los esfuerzos posibles para
detectar el virus, no sólo en las personas que presenten factores de riesgo
en su historial, sino también en las personas a quienes se haya detectado
alteraciones de la analítica hepática, sobre todo de las transaminasas.
Tratamiento
Si es posible, las personas diagnosticadas de hepatitis C crónica deben
recibir tratamiento, porque, si la respuesta terapéutica es satisfactoria y
se consigue eliminar el virus, evitaremos que la enfermedad progrese hacia
la cirrosis y el cáncer de hígado. Aunque el tratamiento es largo
(habitualmente entre 24 y 48 semanas) y está acompañado de efectos adversos,
en la actualidad conseguimos curar alrededor del 65% de los casos,
porcentaje que aumenta hasta casi el 90% si el enfermo está infectado por
los genotipos 2 y 3, y baja hasta el 55%, aproximadamente, si está infectado
por el genotipo 1 (desgraciadamente, el más frecuente en nuestro país). Si
el enfermo no es tributario de recibir tratamiento porque presenta
contraindicacions o tiene una edad avanzada, también es importante hacer el
diagnóstico a tiempo para poder hacer el seguimiento apropiado del paciente
y actuar con la mayor brevedad posible ante la aparición de posibles
complicaciones.
Ramon Planas
Jefe de la Unidad de Hepatología. Servei de Aparato Digestivo.
Páginas web recomendadas
Asociación Española para el Estudio del Hígado:
www.aeeh.org
Associació Catalana de Malalts d’Hepatitis C: www.asscat.org
Asociación Española de Enfermos de Hepatitis C:
www.aehc.es
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