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Las vacunas constituyen una de
las actuaciones sanitarias más eficaces que se conocen. De hecho, se
considera que tras la potabilización de las aguas, la prevención de
enfermedades infecciosas graves mediante las vacunaciones es la medida de
salud pública más importante y la que más vidas ahorra en el mundo.
Aún así, todavía hay personas o grupos que las rechazan… ¿La razón? Sólo
puede ser la desinformación, aunque a veces se viste de esnobismo o de
actitudes alternativas o de posmodernismo. Pero no, es pura ignorancia.
Gracias a la vacunación se ha eliminado de la Tierra la viruela, una
enfermedad que ha provocado muchas muertes durante la historia. Y pronto se
conseguirá erradicar del mundo la poliomielitis, una enfermedad que si no se
ha podido eliminar todavía ha sido por culpa de los conflictos bélicos que
asolan determinados países asiáticos y africanos. Y también porque algún
impresentable rey dictador como el de Nigeria prohibió la inmunización
enfrente de la polio en su país aduciendo falsedades sobre la vacuna, cosa
que provocó una epidemia con numerosas parálisis y defunciones, y que
finalmente "cambió de opinión” por dinero.
El rebrote del sarampión
El sarampión es otra enfermedad potencialmente erradicable gracias a la
vacunación, porque sólo afecta al ser humano (es imposible eliminar
infecciones que compartimos con animales) y disponemos de una vacuna muy
eficaz. Sin embargo, estamos asistiendo a un pequeño brote se sarampión en
Barcelona, y últimamente ha habido brotes en otras ciudades españolas, como
Madrid, y en otros países europeos, como Alemania. Si hay una vacuna muy
buena, ¿por qué sucede esto? Pues porque hay una gran movilidad de las
personas, no hay fronteras geográficas reales y las tasas de vacunación de
sarampión son bajas en muchos lugares.
En España, afortunadamente, tanto los médicos (fundamentalmente los
pediatras) como los pacientes y sus familiares creen y confían en las
vacunas que se aplican de forma sistemática a la población (sobre todo
infantil). Además, todas las vacunas esenciales son gratis para todos. Ambas
cosas hacen que la inmensa mayoría de nuestros niños estén vacunados, bien
vacunados, y por lo tanto protegidos en las condiciones de vida habituales
de la mayoría de las infecciones de las cuales han sido inmunizados. Sin
embargo, en ocasiones se producen situaciones excepcionales que se salen de
las condiciones habituales, como ha sido la llegada de inmigrantes no
vacunados adecuadamente y que han contraído la enfermedad (inicialmente en
sus países de origen) y la han contagiado a familiares no protegidos que
viven en nuestro país. Y, a partir de ellos, se han contagiado algunas
personas autóctonas susceptibles bien porque todavía no les había llegado la
edad de vacunación (niños menores de 15 meses), bien porque pertenecen a un
pequeño subgrupo de personas de entre 30 y 40 años que ni han pasado el
sarampión ni han sido vacunadas. La inmensa mayoría de los nacidos tras 1976
o 1977 recibieron la vacuna y prácticamente la totalidad de población mayor
de 40 años sufrió la enfermedad en la infancia (en una época que no existía
la vacuna).
Confianza en la vacunación
Es importante que este inesperado brote de sarampión haga ver la necesidad
de las vacunas a las personas que todavía albergaban alguna duda sobre su
eficacia al comprobar los problemas que se derivan de su ausencia y, por
otro lado, que no reste la merecida confianza que en nuestro país tienen las
vacunas. Por ello hace falta insistir que los casos de sarampión están
ocurriendo básicamente en no vacunados y que es lógico que se detecten
algunos casos en personas vacunadas, porque aunque la eficacia de una dosis
de la vacuna es muy alta, del orden del 95%, no es total. Con dos dosis, que
son las que acaban recibiendo todos los niños catalanes (a los 15 meses y a
los 4 años), la eficacia se aproxima al 99%, y, por lo tanto, sigue sin ser
absoluta. Si el virus del sarampión no circula por la sociedad, como es la
situación habitual en nuestro país, este pequeño porcentaje de personas que
o no están vacunadas o no han quedado inmunizadas por fallo vacunal no
adquieren el sarampión porque no se pueden contagiar de nadie y resulta
intrascendente que sean susceptibles.
Lo dicho para el sarampión también se puede aplicar a las otras infecciones
víricas sólo humanas incluidas en la vacuna triple vírica, la rubéola y las
paperas. Estas enfermedades también podrán ser erradicadas en pocos años.
Carlos Rodrigo-Gonzalo de Liria
Pediatra
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