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Número 30 - octubre 2001 | |
Once referentes del pensamiento ambiental Diez años de pensamiento ambiental En 1991, y sirviendo como catalizador político el conflicto que se vivió en la Conca de Barberà contra la instalación de vertederos, el Gobierno de la Generalitat decidió crear el Departamento de Medio Ambiente. La protesta -que llegó a ser violenta- de la Cataluña interior hizo sonar las alarmas en la Plaza Sant Jaume. Se convertía en un tema prioritario decidir qué infraestructuras necesarias para Cataluña, se construían aquí o allá y bajo qué criterios ambientales. De esta manera, Albert Vilalta, persona vinculada y bien considerada por los movimientos ambientales, fue nombrado conseller de un departamento de nueva creación: Medio Ambiente. Su principal tarea era poner orden en Cataluña desde el punto de vista ambiental, es decir, construir una serie de instalaciones sobre el territorio. Depuradoras, centros de tratamiento de residuos, vertederos, etc... instalaciones absolutamente necesarias para garantizar el desarrollo de Cataluña bajo parámetros europeos. En el contexto español, una vez más, Cataluña iba por delante. Paralelamente, gracias a la mediación de Jaume Cabaní, el entonces nuevo conseller Vilalta decidió que la acción se había de complementar con el pensamiento. La idea original, el código genético de esta publicación, era bien sencilla: crear un cuerpo de reflexión teórico sobre el pensamiento ambiental. Se trataba de proporcionar un espacio y de dar a conocer las principales corrientes y pensadores, de Cataluña y del mundo, que trabajan en temas ambientales. Posteriormente, los consellers Pere Macias, Joan Ignasi Puigdollers y Felip Puig han tomado el relevo, han mantenido con vida el proyecto original y lo han visto crecer. En estas páginas, se ha escrito sobre reciclaje; sobre una nueva cultura del turismo; sobre la cumbre de la Tierra de Río de Janeiro; sobre los modelos de ciudad; sobre el producto ecológico; sobre la cultura del agua; sobre Gaia y las redes de la vida; sobre economía ecológica; sobre energía; sobre superpoblación; sobre biodiversidad; sobre producción limpia; sobre diseño ecológico; sobre el coche; sobre las migraciones; sobre el concepto de sostenibilidad; sobre agricultura; sobre educación ambiental; sobre la historia del ecologismo en Cataluña; sobre el cambio global y el Mediterráneo; sobre el futuro territorial de Cataluña; sobre la gestión de las tierras del interior; sobre la sociedad del riesgo; de nuevo sobre la escasez de agua; sobre democracia ambiental; sobre los espacios naturales; sobre globalización, empresas y consumo crítico; sobre residuos urbanos... Han colaborado los especialistas de mayor renombre, en gran parte gracias a la disposición y esfuerzo de todos los miembros del Consejo de Redacción. Precisamente y como ya había ocurrido antes, la labor de los miembros del Consejo ha sido clave para conmemorar los treinta números y los diez años de vida de Medi Ambient. Tecnologia i Cultura. En este número, presentamos un grupo de once pensadores y científicos, con similitudes humanas e intelectuales, que consideramos fundamentales en el ámbito del conocimiento ambiental actual. Hemos creído, fieles al código genético de la revista, que presentar un pequeño grupo de hombres y mujeres que ha pensado y piensa sobre el medio ambiente era el mejor regalo para nuestros lectores. Lluís
Reales
Svante
Arrhenius
Josep
Enric Llebot
Svante Arrhenius (1859-1927), físico sueco que llegó a ser rector de la Universidad de Estocolmo y director del Instituto Nobel. Desarrolló la teoría química de la ionización de los electrolitos, trabajo por el que obtuvo el premio Nobel en 1903. En 1895 presentó una comunicación en la que sugería que si se reducía o incrementaba la concentración de un constituyente menor de la atmósfera, el dióxido de carbono, en un cuarenta por ciento se podían originar retroacciones que provocasen el avance o el retroceso de los neveros. Por este motivo, se le puede considerar pionero del posible origen antrópico del cambio climático actual. "La Tierra recibe los rayos del Sol, que penetran su masa y se convierten en calor no luminoso. La Tierra posee el calor interno con que fue creada, que continuamente se disipa en la superficie y, finalmente, la Tierra recibe los rayos de luz y de calor de incontables estrellas, entre las cuales se encuentra el sistema solar. Éstas son las tres causas generales que determinan la temperatura de la Tierra." 1 Joseph Fourier (1824) Podemos pensar que el cambio climático es un concepto nuevo, generado y utilizado para designar una serie de fenómenos que se dan desde no hace más de quince años y, probablemente, acertaremos. La climatología, como ciencia, no se ha tenido en cuenta hasta hace muy poco, cuando se constató, por un lado, el profundo desconocimiento que se tenía de los mecanismos importantes que caracterizan el sistema climático; por otro lado, se ha constatado la necesidad de disponer de una buena capacidad predictiva, también en lo que se refiere al clima. Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX no se empezó a prestar atención al clima y al trabajo de los climatólogos. La climatología era considerada una rama menor de la meteorología que se dedicaba simplemente a la compilación de datos. Un climatólogo era una persona que describía el clima, habitualmente a nivel del suelo, y se le valoraba en razón de los datos útiles que aportaba para la agricultura y para la construcción de infraestructuras. Para estas tareas, se pensaba que bastaba con reunir y tratar grandes cantidades de datos y extensos análisis estadísticos sobre el tiempo meteorológico. Se creía que el comportamiento del clima en el pasado cercano era una guía adecuada para el tiempo del futuro. Así pues, hasta la década de 1950, el clima no era más que una adición del comportamiento del tiempo meteorológico diario y hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, el estudio del tiempo meteorológico se encontraba en un estado embrionario. En este contexto, eran pocos los que sabían de los trabajos de Arrhenius, el primer científico que realizó el cálculo de lo que pasará en la atmósfera cuando ésta tenga el doble de dióxido de carbono de la cantidad existente al principio de la era industrial. En este artículo se pretende realizar una pequeña aproximación a la generación de los conceptos de efecto invernadero y de cambio climático, atribuidos al físico francés Joseph Fourier y al químico físico sueco Svante Arrhenius respectivamente, tanto desde el punto de vista estrictamente científico como desde un enfoque social. Carnot y Fourier: los inicios Podríamos decir que, simbólicamente, por lo que se refiere al cambio climático, la historia empieza en 1824. En aquel año, el ingeniero francés Sadi Carnot 2 publicó su trabajo Réflexions sur la puissance motrice du feu et sur les machines propes à développer cette puissance. El siglo XIX sería el siglo del desarrollo de los conceptos fundamentales de la termodinámica y el trabajo de Carnot fue uno de los puntos clave, que rompió con el newtoniano de la mecánica clásica. Sadi Carnot afirmaba en 1824: "Es al calor a lo que hay que atribuir los grandes movimientos que caracterizan la Tierra; a él se deben las agitaciones de la atmósfera, el ascenso de las nubes, las lluvias y otros meteoros, las corrientes de agua por la superficie del globo, de las que el hombre utiliza una pequeña parte; incluso los temblores de tierra y las erupciones volcánicas se deben al calor". Sin embargo, aunque conceptualmente Sadi Carnot es muy importante no solo para la física sino también para lo que hoy denominaríamos ciencias ambientales, ya que sus estudios conducen al reconocimiento de los límites del aprovechamiento de los recursos energéticos, su referencia al funcionamiento de la Tierra no fue mucho más lejos. En el mismo año, 1824, fue el físico Jean Baptiste Joseph Fourier, conocido por la ley de Fourier de conducción del calor y por el desarrollo de las series de Fourier, útil herramienta matemática para el análisis de funciones, quien proporcionó una visión pionera en cuanto al papel energético de la atmósfera. Fourier era un hombre con intereses diversos y amplias facultades. Además de ser miembro perpetuo de la Academia Francesa de las Ciencias, amigo de Napoleón y barón, fue también profesor de matemáticas, policía, gobernador de Egipto y egiptólogo. Se le conoce sobre todo por su obra Théorie analytique de la chaleur (1822), pero es en el artículo3 Remarques générales sur les températures du globe terrestre et des espaces planétaires -publicado como resumen de una intervención ante la Academia Francesa de las Ciencias y fundamentado en trabajos previos realizados y publicados entre 1807 y 1809 sobre el calentamiento del planeta y el movimiento periódico del sistema solar- donde resume sus consideraciones sobre lo que hoy denominamos efecto invernadero. El afán de Fourier, como el de Carnot, era reconocer los fenómenos generales. Por lo tanto, extraía abstracciones de las causas secundarias y de los detalles numéricos para alcanzar una visión del funcionamiento térmico de la Tierra, en parte también porque no podía hacer otra cosa, pues, como todos sus contemporáneos y muchos de los que le sucederían, no disponía prácticamente de datos meteorológicos. Fourier escribió sobre el sistema solar: "... está ubicado en una región del universo donde todos los puntos tienen una temperatura común y constante, determinada por los rayos de luz y de calor que envían todos los astros del entorno. La Tierra está así sumergida en la temperatura fría del cielo planetario y, por otro lado, se calienta gracias a los rayos solares, cuya diferente distribución produce la diversidad del clima". También escribió: "la temperatura aumenta por la interposición de la atmósfera, ya que el calor encuentra menos obstáculo al penetrar por el aire cuando es luz que cuando tiene que atravesarla convertido ya en calor oscuro". Asimismo, se atribuye a Fourier la primera advertencia sobre el hecho de que las actividades humanas pueden influir en el clima. Fourier afirmaba: "el establecimiento y el progreso de las sociedades humanas, así como la acción de las fuerzas naturales, pueden cambiar notablemente y en regiones extensas el estado de la superficie del suelo, la distribución de las aguas y los grandes movimientos del agua. Estos efectos son susceptibles de hacer variar, en el transcurso de muchos siglos, el grado de calor medio". No obstante, la idea de que las actividades humanas afectan al comportamiento de la atmósfera ya se documenta en el filósofo Teofrasto, discípulo de Aristóteles, quien sospechó que cambios en los usos de zonas del territorio para aumentar la superficie cultivable, como el drenaje de zonas húmedas o la eliminación de bosques, comportaban cambios en los períodos de frío o de calor de una determinada zona. También David Hume, dos mil años más tarde, sugirió que los cambios climáticos de Europa podían deberse al avance de la superficie cultivable. Tyndall y las propiedades radiactivas de los gases Podemos afirmar que los primeros pasos de lo que hoy es el ámbito de la investigación sobre el cambio climático se establecieron durante la segunda mitad del siglo XIX. Tanto el irlandés John Tyndall como el sueco Svante Arrhenius tuvieron amplios intereses científicos y realizaron sus singulares investigaciones climáticas únicamente como parte de sus numerosos campos de investigación. Muy diferente es la situación actual: la investigación es necesariamente muy especializada y existe un gran número de científicos, institutos y organizaciones que se dedican a la investigación sobre el clima. Como hemos mencionado anteriormente, John Tyndall nació en Irlanda y era ingeniero de formación. Trabajó en las propiedades magnéticas de los cristales, en la transmisión del calor a través de estructuras orgánicas, en las propiedades físicas del hielo y en las propiedades radiactivas de los gases, entre las que estudió especialmente la absorción en la región del infrarrojo próximo y a temperaturas muy diferentes de las que se dan en el ambiente terrestre. Era muy aficionado al excursionismo y, motivado por sus excursiones a los neveros alpinos, en 1854 empezó a interesarse en la geología, especialmente en cuestiones relacionadas con la presión y la pizarra. En 1859, Tyndall inició una serie notable de experimentos sobre las propiedades radiactivas de diversos gases. Determinó y publicó4 que la absorción de la radiación terrestre por el vapor de agua y por el dióxido de carbono presentes en la atmósfera tiene un papel importante en la explicación de fenómenos meteorológicos como el enfriamiento nocturno, la escarcha y las heladas y, posiblemente, la variación de los climas durante el pasado geológico. También intentó explicar el color del cielo, trabajando en la polarización y la difusión de la luz por moléculas de aire y polvo. Naturalmente, influyeron en él las condiciones ambientales, científicas y materiales. La atmósfera cargada de polvo y contaminación del Londres de mediados del siglo XIX ayudó a Tyndall, entonces ya miembro de la Royal Society de Londres, a plantearse y a plantear de una forma brillante, aunque prudente, la idea revolucionaria de que los cambios de la temperatura del planeta asociados a las variaciones de los constituyentes activos de la atmósfera, en lo que respecta a su radiación, podían haber producido algunas de las variaciones climáticas constatadas por los geólogos. No obstante, la geología, como toda la historia natural, era objeto de apasionadas discusiones. En la época en que Tyndall exploraba con minuciosidad las propiedades radiantes del vapor de agua y del dióxido de carbono, las declaraciones de Louis Agassiz sobre los períodos glaciales de la historia climática de la Tierra produjeron acaloradas discusiones científicas. Todavía tenían que pasar muchos años antes de que el mundo científico y la opinión pública aceptasen la alternancia de períodos cálidos y fríos en el transcurso de la dilatada historia de la Tierra y de las especies que la habitan. Las propuestas de Tyndall apenas llamaron la atención, ya que nadie podía imaginar en aquellos tiempos que unos constituyentes tan minoritarios en la composición atmosférica como el vapor de agua o el dióxido de carbono pudiesen desestabilizar el equilibrio energético de la atmósfera e inducir la transición de un clima cálido a un clima frío, aunque fuese en miles de años. Otras consideraciones generaron mucho más interés, como las causas astronómicas formuladas bastantes años después por Milutin Milankovitch. Hoy en día, la paleoclimatología es un componente interdisciplinario imprescindible para la comprensión del clima y se podría afirmar que Tyndall fue uno de sus iniciadores. Svante Arrhenius y el cambio climático Hasta hace poco, Svante Arrhenius era conocido tan solo por sus contribuciones en el campo de la electroquímica, por las que obtuvo el premio Nobel de Química en 1903. Arrhenius nació en Uppsala (Suecia), en 1859, justamente cuando John Tyndall realizaba los experimentos sobre la absorción de la radiación por parte de algunos gases atmosféricos. Fue el segundo hijo de una familia vinculada por el trabajo del padre a la universidad de Uppsala, fundada en 1477 y desde entonces motor cultural de la ciudad y del país. Como era común en aquella época, el pequeño Arrhenius estudió hasta los ocho años en casa con un tutor y, hasta su ingreso en la universidad, asistió a la escuela de la catedral de la ciudad. Ya en la universidad, inició estudios de física, química, latín, historia, geología y botánica. Completó su primer título en física y empezó a preparar lo que entonces se conocía como licenciatura en filosofía. A pesar de la historia y el prestigio de la universidad de Uppsala, cuando Arrhenius acababa sus estudios, el departamento de Física atravesaba un período difícil, con importantes problemas que incluso habían llegado a ser de dominio público. Esto impulsó a Arrhenius a marcharse a Estocolmo, donde trabajó en el Instituto de Física de la Academia Sueca de Ciencias con Erik Edlund, un profesor de física interesado en la meteorología. En Estocolmo, Arrhenius también estudió química con Otto Petterson y utilizó sus conocimientos de física en el análisis de problemas de electroquímica, lo que culminó en la redacción de una tesis sobre la teoría química de los electrólitos, publicada en 1884. La comisión de evaluación no se mostró muy sensible a las aportaciones del trabajo teórico de Arrhenius y no lo valoró con la máxima calificación. Este trabajo fue la base por la que, posteriormente, Arrhenius recibiría el premio Nobel juntamente con otros dos electroquímicos: Wilhem Ostwald y Jacobus H. van't Hoff. Al igual que los profesores que evaluaron su tesis doctoral, los profesores de química de la universidad de Estocolmo no sabían apreciar el trabajo de Arrhenius, que decidió cambiarse al politécnico de Riga para trabajar con Wilhem Ostwald. La colaboración con Ostwald y una valiosa ayuda de la Academia de Ciencias le permitieron visitar numerosos laboratorios europeos y trabajar con prestigiosos científicos de la época, como Ludwig Boltzmann, en Graz, Friedrich Kohlrausch, en Wurzburgo, y Jacobus H. van't Hoff, en Amsterdam. Estos contactos sirvieron al inquieto e imaginativo Arrhenius para completar su teoría sobre la disociación electrolítica, lo cual propició que, después de un largo período posdoctoral de seis años, Arrhenius obtuviese su primer puesto estable como profesor de física en la Escuela Superior de Estocolmo. Además de estabilidad, este puesto le permitió disponer de un laboratorio en el que pudo completar su trabajo de electroquímica. Fundó, entonces, la Sociedad de Física de Estocolmo, de la que fue el primer secretario. Esta sociedad, de espíritu abierto, reunía a físicos, geólogos, meteorólogos y astrónomos. En 1895, le promocionaron a catedrático de física y fue rector de la Escuela Superior de Estocolmo entre 1896 y 1902. Asimismo, fue elegido miembro de la Academia Sueca de Ciencias en 1901 y, como ya hemos dicho, recibió el premio Nobel en 1903. Durante este período se casó en dos ocasiones y tuvo cuatro hijos: uno de su primer matrimonio con una estudiante y ayudante suya, Sophia Rudbeck, y tres de su matrimonio con Maria Johansson. Fue también el primer director del Instituto Nobel de Física y Química y, al final de su carrera científica, se interesó por problemas teóricos de inmunoquímica y por la divulgación de la ciencia. Reconocido por el mundo científico de la época, entre otras actuaciones significativas, en 1914 pronunció la conferencia Tyndall en la Royal Institution de Gran Bretaña, conferencia que lo vinculó formalmente al otro científico del siglo XIX que inició el conocimiento de las propiedades radiantes de la atmósfera trascendentes para el fenómeno del cambio climático. Arrhenius falleció en octubre de 1927 en Estocolmo, tras haber sufrido un infarto a los sesenta y seis años, a raíz del cual disminuyeron sus facultades hasta tener que abandonar sus responsabilidades al frente del Instituto Nobel, medio año antes de su muerte. Cabe destacar el papel de la Sociedad de Física de Estocolmo en la estimulación del interés de Arrhenius por la física de la Tierra, del mar y de la atmósfera. El contacto científico con geólogos, meteorólogos y oceanógrafos despertó en Arrhenius el interés por algunos problemas planteados en el ámbito de estas ciencias. Su formación en física y química le permitió introducirse fácilmente en el análisis teórico de fenómenos eléctricos de la atmósfera, como el estudio de los rayos y de las influencias del Sol y de la Luna en el estado eléctrico de la atmósfera, o en el desarrollo de una teoría sobre la formación del sistema solar. No se interesó mucho por la parte experimental y de observación, sino que su trabajo fue mayoritariamente teórico y consistía en aplicar sus conocimientos a observaciones y medidas, muy limitadas entonces, realizadas por otros. En 1895, Arrhenius presentó en la Sociedad de Física de Estocolmo una comunicación, hoy considerada pionera, donde sugería que una reducción o un incremento del 40% en la concentración de un componente menor de la atmósfera, el dióxido de carbono, podía provocar retroacciones que podían explicar el avance o el retroceso de los neveros. En su investigación, Arrhenius desarrolló un modelo de equilibrio de energía que consideraba los efectos radiactivos del dióxido de carbono y del vapor de agua a temperatura ambiente y estudiaba las respuestas de este modelo a cambios en las concentraciones de CO2. Su trabajo se publicó el año siguiente 5 y, naturalmente, heredaba los resultados recientes de Josef Stefan sobre la ley de emisión de radiación en función de la cuarta potencia de la temperatura, de Léon Teisserenc de Bort sobre la estimación del albedo de las nubes en diferentes latitudes, de Knut Ansgström sobre los valores de los coeficientes de absorción del dióxido de carbono y del vapor de agua, y de Alexander Buchan sobre las medias de temperaturas en todo el planeta. El modelo formulado y elaborado por Arrhenius era bastante simple y realizaba estimaciones sobre la reflexión de la radiación por la superficie terrestre y las nubes o las retroacciones producidas por la capa de nieve que, teniendo en cuenta los conocimientos actuales, hoy consideraríamos rudimentarias o simplemente erróneas. Arrhenius llegó a la conclusión de que las variaciones del contenido de dióxido de carbono y de vapor de agua de la atmósfera pueden tener una gran influencia en el equilibrio de calor del sistema climático. Llegó a esta conclusión después de realizar cálculos a mano que incluían entre 10.000 y 100.000 operaciones (entonces no existía ningún soporte mecánico de cálculo) en lo que hoy denominaríamos diferentes escenarios de contenido de dióxido de carbono de la atmósfera (considerando que el CO2 que había entonces era 1, lo calculó para situaciones en las que el CO2 fuese 0,67; 1,5; 2,0; 2,5; y 3,0). Realizó los cálculos para las cuatro estaciones del año y discriminando por la latitud. A partir de sus cálculos, Arrhenius concluyó de forma general: "... si la cantidad de carbónico aumenta en progresión geométrica, la temperatura variará en progresión aritmética". Asimismo, Arrhenius dedujo que la variación de la temperatura será mayor cuanto mayor sea la cantidad de dióxido de carbono y cuanto más alta sea la latitud, y que será mayor en invierno que en verano. En general, Arrhenius predijo un ascenso de la temperatura al duplicarse el contenido de CO2 atmosférico de 5 a 6 grados. Sorprende el hecho de que las predicciones de Arrhenius sean tan similares, desde el punto de vista cuantitativo, a los resultados actuales obtenidos mediante sofisticados modelos de circulación general. Probablemente, en esta similitud estriba también la consideración general del físico sueco como el iniciador de la temática del posible origen antrópico del cambio climático actual. No obstante, es importante señalar que Arrhenius, en su trabajo, inicialmente miraba hacia el pasado, ya que lo que pretendía era hallar la causa de la evolución de los ciclos climáticos glaciales del pasado, con el cálculo de la probabilidad de grandes variaciones en el contenido del dióxido de carbono en tiempos geológicos relativamente cortos. Llegó a estos resultados gracias a los estudios de su amigo y colega, el geólogo Arvid Gustaf Högbom, quien investigó lo que hoy denominaríamos el ciclo del carbono. Högbom sostenía, en contra de la idea más generalizada de la época, que durante la historia geológica de la Tierra se han producido grandes variaciones en las fuentes y los procesos de desaparición del carbono que han conducido a cambios sustanciales en el contenido atmosférico de dióxido de carbono. En sus trabajos sobre el ciclo del carbono, Högbom utilizaba muchos componentes plenamente vigentes hoy, como el papel regulador de los océanos y la actividad volcánica, a la que Högbom concedía el protagonismo, como principal fuente de CO2 de la atmósfera. Sin embargo, desde la perspectiva del geólogo sueco, ni quemar combustibles fósiles ni eliminar bosques influía en el contenido atmosférico de carbono, ya que la formación de sedimentos y de carbonatos o la descomposición de los silicatos eran procesos geológicos naturales a los que él otorgaba mucha más importancia desde un punto de vista cuantitativo. Högbom calculó que el CO2 atmosférico es del orden de magnitud de todo el carbono fijado en el mundo orgánico y, comparándolo con el carbono emitido a la atmósfera a causa del uso del carbón, vio que este último representaba una proporción muy pequeña (inferior al uno por mil). El trabajo de Arrhenius de 1896 fue una importante aportación a la cuantificación de estos efectos, a pesar de que más tarde cuestionaría las causas. Efectivamente, el modelo de Arrhenius permitió el cálculo del aumento de la temperatura en el Ártico o entre los paralelos 40 y 50, y mostró que las variaciones del contenido de CO2 atmosférico podían dar cuenta de las eras glaciales e interglaciales. La perspectiva histórica permite enmarcar el trabajo de Arrhenius tomando como referencia la situación actual de los conocimientos sobre el cambio climático. Una de sus contribuciones más importantes fue la elaboración de un modelo cuantificado a partir de datos obtenidos por observación, en contraste con los análisis más frecuentes entonces, de cariz cuantitativo. Sin embargo, la información de la que disponía Arrhenius no era de gran calidad. Por ejemplo, la idea de que las erupciones volcánicas eran la principal fuente del carbónico atmosférico era simplista y estaba relacionada con los conocimientos geológicos de la época. La información espectroscópica de que se disponía entonces era muy primitiva: no se tenía información completa sobre la absorción de la radiación infrarroja, especialmente en la banda con longitudes de onda superiores a 9,5 micrómetros6, muy importante tanto para el dióxido de carbono como para el vapor de agua, y la mayoría de los datos se referían a medidas de la presión atmosférica, presión que si bien se da en la superficie terrestre no es la presión que hay en las capas medias y altas de la troposfera. La imprecisión de la información espectroscópica fue una de las principales críticas que recibió el trabajo de Arrhenius en dos aspectos. Por un lado, el efecto del vapor de agua, que es mucho más abundante que el CO2, y que absorbe toda la radiación infrarroja en una banda espectral que, según los datos de que se disponían entonces, coincidía con una banda de absorción del gas carbónico. Por lo tanto, al duplicarse el contenido de dióxido de carbono, aumenta la capacidad de absorber radiación, pero no la absorción real7. Por otro lado, la saturación: si una determinada cantidad de CO2 absorbe una cantidad de radiación, aunque dupliquemos la cantidad de gas carbónico, no se duplica necesariamente la radiación absorbida, puesto que hay un momento en el que ya se ha absorbido toda la radiación que se puede absorber. A principios del siglo XX, Arrhenius siguió trabajando en su teoría del clima. Consciente de la fragilidad de sus datos espectroscópicos, continuó estudiando el ciclo del carbono y la absorción de la radiación de onda corta y de onda larga, llegando a bandas de absorción considerables 8. Además, publicó sus trabajos de forma poco técnica con el objetivo de que llegasen a un público amplio 9. Revisó el trabajo de Fourier, Tyndall y otros investigadores, y habló de la teoría del invernadero, refiriéndose a la atmósfera. Arrhenius utilizaba
su modelo para señalar que la temperatura observada de la Tierra
es treinta grados superior a la que tendría si se consideran exclusivamente
factores geométricos (o, lo que es lo mismo, una Tierra sin atmósfera)
y que la causa de esta diferencia radica en el papel de la atmósfera,
lo que hoy denominamos efecto invernadero. Con su modelo también
demostró que una atmósfera sin dióxido de carbono
tendría una temperatura unos veintiún grados inferior. No
solo como científico, sino como atento observador de la evolución
de la sociedad de su tiempo, Arrhenius se dio cuenta del rápido
incremento de las emisiones antrópicas de dióxido de carbono
a causa de las actividades industriales y manifestó que era probable
que los avances de la industria y de la sociedad desarrollada en general
condujesen en el transcurso de pocos siglos a una atmósfera más
rica en CO2 y, por lo tanto, más cálida.
Epílogo La visión actual del trabajo de Arrhenius a veces hace sonreír a los investigadores. Probablemente tuvo la suerte que un investigador siempre busca, pero también tenía mucha intuición. La coincidencia de sus predicciones con los resultados de las simulaciones de los grupos más avanzados actuales, a pesar de ser meramente fortuitos, no dejan de sorprender. Tampoco es banal su mención de los impactos, punto en el que actualmente se ha avanzado mucho. La visión optimista de Arrhenius choca con la enorme capacidad de la sociedad moderna de incidir en el ciclo del carbono y de modificar el equilibrio energético de la atmósfera, pero también en este contexto se habla hoy de un desplazamiento de determinados cultivos hacia las latitudes frías. En definitiva, a veces la arrogancia que nos da la tecnología nos hace olvidar y menospreciar el esfuerzo y el trabajo del pasado. Poco más de cien años después de que Arrhenius hablase de cambio climático, hoy intentamos simplemente mejorar, introduciendo matices a todo lo que él hizo. Referencias 1 Joseph Fourier.
Conferencia pronunciada en la Académie Royale des Sciences en 1824
y publicada en "Remarques générales sur les températures
du globe terrestre et des espaces planétaires" Annales de Chimie
et de Physique, 27 136-167, (1824)
Takashi Asano
Rafael
Mujeriego
Takashi Asano (1937), ingeniero de origen japonés, es un pionero y un reconocido experto en el ámbito de la regeneración, reciclaje y reutilización del agua. Desde la Universidad de California de Davis, estado donde escasea este recurso hídrico, ha sacado adelante varios trabajos y estudios sobre el aprovechamiento seguro del agua regenerada. Muy vinculado a un grupo de investigación de la Universidad Politécnica de Cataluña, Asano ha sido galardonado recientemente con el premio Fundación de Agua de Estocolmo. Todo un sabio del H2O. El 22 de marzo de 2001, Día Mundial del Agua, se hizo pública la concesión del Premio del Agua de Estocolmo a Takashi Asano, profesor de la Universidad de California en Davis. Takashi Asano pasaba a ser así el undécimo laureado con este prestigioso premio que la Fundación de Agua de Estocolmo viene concediendo anualmente desde 1990. El comité responsable de la concesión de este premio ha querido resaltar que el Premio del Agua de Estocolmo le ha sido concedido a Takashi Asano con motivo de sus sobresalientes contribuciones al uso eficiente del agua en el campo de la regeneración, el reciclado y la reutilización del agua residual, a través de sus desarrollos teóricos, su investigación aplicada y su adaptación y promoción a nivel internacional. Takashi Asano se ha convertido en uno de los expertos más famosos en el campo del aprovechamiento seguro del agua regenerada durante los últimos 20 años. Al final de la década de los años 70, y durante toda la década de los años 80, Asano ha contribuido a la implantación y a la investigación de la reutilización del agua desde su puesto en el California State Water Resources Control Board (CSWRCB). Esta investigación se plasmó inicialmente en el Manual Práctico de Riego con Agua Residual Municipal Regenerada, publicado por el estado de California en 1984 y posteriormente traducido al castellano en 1990, con el apoyo de la Generalitat de Catalunya y de la Universidad Politécnica de Cataluña. Estos trabajos culminaron en los California Water Reclamation Criteria, que han servido de base para la mayoría de los proyectos y normativas internacionales en el campo de la regeneración, el reciclado y la reutilización del agua. Asano ha actuado como catalizador de avances tecnológicos y como mediador entre científicos, ingenieros y políticos de zonas áridas y semi-áridas del mundo, donde el agua es más necesaria y donde su precio alcanza las cotas más altas. Takashi Asano ha dedicado la mayor parte de la última década a viajar por todo el mundo, asesorando a diversos países en la gestión de los recursos hídricos, el uso eficiente del agua, el ahorro de agua y la reutilización del agua. Entre sus aportaciones más destacadas hay que mencionar la formación en 1987 del Grupo Especializado de la Internacional Water Association (IWA) sobre Regeneración, Reciclado y Reutilización del Agua. Tras 8 años en la presidencia del grupo, le sucedimos en esta tarea en 1995, durante el segundo Simposio Internacional sobre Regeneración, Reciclado y Reutilización del Agua, celebrado en Creta. Al término de nuestra presidencia del Grupo Especializado, durante el Primer Congreso Mundial del Agua celebrado en París en julio de 2000, el grupo ha quedado consolidado entre los dos más numerosos de la IWA. La conmemoración de los 10 años de existencia de la revista Medi Ambient nos brinda una excelente oportunidad para glosar la persona del profesor Asano, colaborador y amigo personal desde hace ahora 16 años y protagonista de excepción de la evolución de la ingeniería ambiental durante la segunda mitad del siglo XX. El texto que aparece a continuación recoge la semblanza y las reflexiones recogidas durante un reciente encuentro con Takashi Asano, en la que analiza la evolución seguida por la gestión de los recursos hídricos y la sensibilidad sobre el medio ambiente, tal como él la ha vivido desde que inició sus estudios en California en 1963. El crecimiento continuo de la población mundial, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, la desigual distribución de los recursos hídricos y las sequías periódicas que afectan a extensas zonas del mundo han despertado la imaginación del profesor Asano en su condición de ingeniero ambiental e ingeniero de recursos hídricos. La Ley del Agua Limpia (Clean Water Act) de 1972 en los Estados Unidos estableció la tipología de las aguas aptas para la navegación y la pesca en los ríos, los estuarios y los canales del país. Bajo esta ley de protección de la contaminación, todas las estaciones depuradoras de aguas residuales de titularidad pública debían cumplir con un nivel mínimo de tratamiento secundario, lo que implicaba unas concentraciones de demanda bioquímica de oxígeno y de materia en suspensión inferiores a 30 mg/l. Numerosas estaciones depuradoras necesitaron una remodelación para alcanzar niveles muy superiores de tratamiento (filtración a nivel terciario) y de reducción de nutrientes (nitrógeno y fósforo), debido a que sus vertidos se realizaban en medios acuáticos ecológicamente sensibles de los Estados Unidos. Como resultado de todos estos esfuerzos, las estaciones depuradoras de aguas residuales municipales han venido produciendo unos efluentes con unos elevados niveles de calidad, que han despertado, lógicamente, un creciente interés como fuente fiable de agua para las ciudades sedientas y el medio ambiente ignorado. La reutilización de agua ha pasado a ser un elemento importante de la planificación de los recursos hídricos en numerosas partes del mundo, incluyendo España y otros países mediterráneos, y una solución viable para las restricciones de agua en riego agrícola y de jardinería. El profesor Asano ha realizado un trabajo pionero en el campo de la regeneración, el reciclado y la reutilización del agua en los Estados Unidos y en muchas otras partes del mundo. Su trayectoria en este campo se inició con su incorporación en 1978 a la Oficina de Reciclado del Agua del CSWRCB en Sacramento, procedente de su actividad docente en la Universidad del Estado de Washington. En 1980 fue designado profesor asociado del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de California en Davis, donde ha llevado a cabo su tarea investigadora principal. Entre sus temas de investigación cabe destacar: 1) la planificación y el análisis de proyectos de reutilización de agua, 2) la evaluación tecnológica de las aplicaciones de reciclado y de reutilización industrial de agua, 3) el riego agrícola y la recarga de acuíferos con agua regenerada, 4) el análisis económico de la reutilización del agua, 5) la evaluación de tecnologías de tratamiento y de fiabilidad de los procesos de tratamiento y 6) la evaluación cuantitativa del riesgo microbiano asociado al uso de agua regenerada mediante los virus entéricos. Takashi Asano nació en Sapporo, Japón, en 1937, y se graduó en la Universidad de Hokkaido en Sapporo, en 1959. Tras su graduación, trabajó en una compañía petrolífera de Tokio y Osaka durante cuatro años. La compañía le envió a los Estados Unidos en 1963 para estudiar el control de la contaminación industrial del agua en la Universidad de California en Berkeley, donde obtuvo la maestría en ingeniería civil y sanitaria en 1965. De allí pasó a trabajar dos años en la Oficina de Distrito de la Bahía de San Francisco del Departamento de Recursos Hídricos del estado de California. Una beca pre-doctoral completa de la National Science Foundation le permitió terminar sus estudios de doctorado, en 1970, en ingeniería ambiental y de recursos hídricos en la Universidad de Michigan en Ann Arbor. Desde entonces, ha seguido una continua y brillante trayectoria que le ha llevado a convertirse en una de las mayores autoridades en el campo de la regeneración, el reciclado y la reutilización del agua. Nuestra relación profesional con el profesor Asano se inició en octubre de 1985, con motivo de una invitación del Consorci de la Costa Brava (CCB) para participar en unas Jornadas Técnicas sobre reutilización planificada del agua que se celebraron en Castell-Platja d'Aro. Desde nuestra posición en la ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Cataluña hemos venido colaborando estrechamente con el profesor Asano en proyectos nacionales e internacionales durante todos estos años. La realización de esta entrevista ha sido un motivo de satisfacción para rememorar y reflexionar sobre el desarrollo de nuestra relación personal y profesional en torno a la protección del medio ambiente y la gestión de los recurso hídricos. Sobre las razones que le llevaron a estudiar la regeneración, el reciclado y la reutilización del agua hace ahora más de 20 años, el profesor Asano explica que "Más allá de la ingeniería sanitaria y ambiental que estudié durante mi estancia en la Universidad de California en Berkeley, tuve un interés especial en estudiar ingeniería de los recursos hídricos en la Universidad de Michigan en Ann Arbor. Por otra parte, trabajé como docente y ejercí la ingeniería ambiental tradicional en las Universidades de Montana y del Estado de Washington, al final de los años 70 y a principios de los 80. El desarrollo de la ingeniería ambiental que conocemos actualmente se inició al principio de los años 50 y el campus de Berkeley era una de las mejores universidades para estudiar ingeniería sanitaria y ambiental. El plan de estudios incluía ingeniería civil, química, microbiología, salud pública e ingeniería química. El programa de estudios era muy competitivo, a la vez que muy satisfactorio. La Universidad de Michigan me ofreció una excelente ocasión para aprender ingeniería de los recursos hídricos, así como las bases químicas y bioquímicas de la ingeniería ambiental". Y añade: "los años 1987 y 1988 fueron unos años muy secos y con intensas sequías en California y otros estados del oeste americano. El gobernador de California, el Honorable Jerry Brown, publicó un decreto-ley por el que creaba la Oficina de Reciclado del Agua, dentro del CSWRCB. Fue en septiembre de 1978 cuando regresé a California para ocupar el puesto recién creado de especialista en regeneración de agua, en la oficina del CSWRCB en Sacramento. La persistencia de la sequía y el gran énfasis que se otorgó a la creación de recursos adicionales de agua hicieron que la reutilización del agua pasara a ser una de las primeras prioridades del estado de California, permitiéndome, así, la posibilidad de llevar a cabo numerosos estudios e investigaciones aplicados durante esos años". Durante esos años, en Monterrey, California, se llevó a cabo un notable estudio sobre la viabilidad y la seguridad del riego agrícola con agua municipal regenerada para cultivar productos hortícolas de consumo crudo. De este estudio, el profesor Asano recuerda que "el Monterrey Wastewater Reclamation Study for Agriculture (MWRSA) fue un estudio de campo de siete años de duración sobre los efectos del riego con agua regenerada sobre los cultivos, los suelos y las aguas subterráneas. A lo largo de este estudio de demostración, llevado cabo entre 1978 y 1987, fuimos capaces de demostrar la absoluta seguridad del agua regenerada y de los cultivos hortícolas producidos con ella. Este estudio tuvo una gran significación en cuanto que nos permitió demostrar que la conjunción del proceso de tratamiento terciario y de las técnicas de riego funcionaban de forma fiable, que los agricultores estaban satisfechos y que 7 años de estudio de campo habían permitido probar su seguridad y su aceptación por parte del público". A raíz
de sus trabajos sobre reutilización de aguas en California, el Consorcio
de la Costa Brava (CCB) le invitó a las primeras Jornadas Técnicas
sobre Reutilización Planificada del Agua, celebradas en 1985. Sobre
aquel viaje, el profesor Asano recuerda: "Mi esposa y yo habíamos
visitado España en varias ocasiones como turistas. Sin embargo,
visitar la Costa Brava en 1985 fue una de las experiencias más entrañables
que recuerdo, a la vez que el inicio de una larga y continuada amistad
y de una excelente colaboración profesional en España. El
primer Simposio Internacional sobre Regeneración y Reutilización
del Agua celebrado en 1991 en Castell-Platja d'Aro marcó el inicio
de las actividades internacionales sobre reutilización planificada
del agua. Las actas fueron publicadas por la International Water Association
(IWA) dentro de la serie Water Science and Technology, en el volumen 24
(1991), nº. 9". Y añade: "Ser originario de Sapporo, la isla
más septentrional, fría e invernal de Japón, hizo
que siempre tuviera una especial deseo de conocer España, debido
a mi fascinación por su clima, su gentes, su historia y su cultura.
Algo muy similar al interés por España que existe actualmente
en Japón, basada en la admiración por su música, sus
danzas y su cultura. Creo que mi estancia en California ha aumentado todavía
más mi fascinación por España. Por tanto, el simposio
de la Costa Brava me dio la oportunidad de realizar una inmersión
total en España. Gracias a la labor de introductor de Rafael Mujeriego,
saludé y tuve ocasión de conocer al profesor Josep Arnau,
entonces Presidente del CCB, y a Manel Serra y Lluís Sala. Durante
nuestra visitas al campo de Golf Mas Nou, el primer campo de golf regado
con agua regenerada en la Costa Brava, conocimos al profesor Aurelio Hernández
y al Sr. Tompson, gerente del campo de golf. Fue un momento muy emotivo
para mí constatar que la reutilización planificada del agua
era una realidad en España y que se estaba propagando por la región
mediterránea".
Durante los últimos años, el profesor Asano ha seguido dos grandes áreas de investigación: la fiabilidad de los procesos de tratamiento y la evaluación cuantitativa del riesgo microbiológico. Sobre su labor investigadora explica que: "Considerando que la reutilización es una forma alternativa de suministro de agua, la fiabilidad del rendimiento y de la explotación de la planta de regeneración de agua es un aspecto de enorme trascendencia. Teniendo en cuenta que las exigencias de calidad del agua en ríos, lagos y canales serán críticos en España durante los próximos años, permítanme que analice con detalle los aspectos relativos a la fiabilidad y al riesgo sanitario de la reutilización de agua. Estoy convencido de que estos temas de investigación serán de interés práctico en España, al igual que ya lo son la vigilancia sistemática de la calidad del agua y la implantación de las normas de calidad del agua. Si contemplamos la situación de California en los años 60, nuestros ríos y torrentes del sur del estado eran prácticamente efluentes de agua residual procedentes de las ciudades y poblaciones situadas aguas arriba, a pesar de que la mayoría de ellos disponía de instalaciones de tratamiento secundario. Las actividades de recreo con inmersión en el agua por parte de los niños era una gran preocupación, especialmente por las posibilidades de infección con virus entéricos. El Pomona Virus Study fue realizado a finales de los años 70, convirtiéndose en el fundamento de la seguridad sanitaria en lo que se refiere a la reutilización del agua. Fue entonces cuando se llevó a cabo el proyecto de Monterrey antes mencionado, con objeto de verificar las observaciones y valorar los efectos del riego sobre los cultivos, los suelos y las aguas subterráneas. Esos estudios constituyen la base del último borrador (noviembre de 2000) de los Criterios de Reciclado del Agua del Departamento de Servicios Sanitarios de California". Y añade Asano, "una de las preocupaciones reales que suscita el uso de agua regenerada es su posible efecto sobre la salud pública. Con objeto de analizar el riesgo que este uso conlleva necesitábamos realizar una valoración del riesgo, utilizando los datos disponibles de la vigilancia sistemática con virus entéricos. La fiabilidad de una planta de regeneración de agua puede evaluarse en función de su capacidad para producir de forma sistemática un agua regenerada de calidad aceptable. Hay dos tipos de problemas que pueden afectar al rendimiento y a la fiabilidad de una planta de regeneración de agua: 1) los problemas derivados de la variabilidad del agua residual afluente, a pesar que la planta de regeneración de agua debe estar diseñada, explotada y mantenida adecuadamente y 2) los problemas debidos a averías mecánicas, deficiencias de diseño y errores de explotación. Para el primer tipo de problemas, la evaluación previa de la variabilidad de la calidad del agua residual afluente y la adopción de las medidas capaces de asegurar la fiabilidad de la explotación son los aspectos de mayor importancia a la hora de proyectar los sistemas de regeneración y de reutilización de agua. Con respecto al segundo tipo de problemas, los fallos de explotación y de mantenimiento son citados con mucha frecuencia como las principales causas de un rendimiento deficiente de las instalaciones. En consecuencia, la fiabilidad del sistema de regeneración es función tanto de la fiabilidad intrínseca del proceso como de la fiabilidad mecánica del mismo". Precisamente, los resultados de estos estudios fueron publicados en el Journal Water Environment Research, en 1998, y merecieron la Medalla Jack McKee de la Water Environment Federation en 1999. Sobre ello, recuerda Asano que "el artículo fue elaborado conjuntamente con uno de mis estudiantes graduados y varios colegas. Fue una gran satisfacción recibir este galardón. He de añadir que el objetivo de obtener un agua prácticamente libre de virus que se plantea en los Criterios de Reciclado de Agua de California no debe interpretarse como que la utilización práctica de ese agua no conlleva ningún riesgo. Las dificultades encontradas a la hora de correlacionar la presencia de agentes infecciosos (patógenos) con la aparición de enfermedad y con su significación epidemiológica hace que siempre exista un cierto riesgo de infección asociado a la exposición al agua regenerada. Sin embargo, esto no significa que la práctica de la regeneración y reutilización de agua sea insegura comparada con otras fuentes de agua disponibles. La seguridad de las técnicas de regeneración y de reutilización del agua se define en cada caso por el nivel aceptable de riesgo establecido por las autoridades competentes en gestión de riesgos y confirmado por la población, ante la necesidad de incorporar tales actividades dentro de una gestión integrada de los recursos hídricos". En lo que se refiere a sus planes futuros, el profesor Asano señala que "una vez terminada la edición del libro Regeneración y Reutilización del Agua, publicado por Technomics Publishing Co. Inc., en 1998, he comenzado a reflexionar sobre la conveniencia de escribir un libro de texto sobre la reutilización del agua. Creo que ha llegado el momento de escribir una obra sobre este tema y deseo poderme concentrar en su elaboración en fechas próximas. Para completar el proyecto adecuadamente y poder reflejar la realidad práctica de la reutilización del agua, visitaré varios países. España ha sido mi primer destino en mayo de 2001, y allí he podido constatar el progreso realizado desde mi primera visita en 1985. He aprendido mucho de la experiencia española en reutilización del agua. He podido analizar los temas relativos a calidad del agua con las autoridades españolas dedicadas a la gestión integral de los recursos hídricos, así como sobre las formas de establecer directrices de calidad del agua y de aplicar las reglamentaciones. Otra actividad que me interesa es ayudar a países en vías de desarrollo a superar los problemas de contaminación del agua y de restricciones de agua, al igual que a implantar formas fiables de reutilización del agua. Los requisitos de calidad aplicables al agua regenerada en países en vías de desarrollo se establecen con frecuencia en relación con los recursos limitados disponibles para obras públicas y otros sistemas de protección sanitaria, que pueden producir beneficios mucho mayores en proporción a los fondos invertidos. Estos países no disponen con frecuencia de sistemas cerrados de alcantarillado y de instalaciones de depuración de agua residual, por lo que la reutilización del agua se percibe como una fuente esencial de agua y fertilizantes para la agricultura. La mayor preocupación que la utilización de agua residual para riego representa para la mayoría de estos países es que el agua residual bruta o inadecuadamente tratada contiene, en ciertos casos, numerosos helmintos entéricos, tales como ascaris y trichuris, así como otras especies más nocivas ("beef tapeworm"). Estos agentes infecciosos, junto con otros patógenos microbianos, pueden perjudicar la salud tanto del público que consume los cultivos contaminados con el agua residual como de los trabajadores y de sus familias". Y añade: "la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los cultivos de consumo crudo deberían regarse con aguas residuales que hayan sido depuradas al menos con un proceso biológico y hayan sido desinfectadas de modo que su contenido de coliformes no supera los 100 NMP/100 ml en un 80% de las muestras. Los criterios recomendados por la OMS para el riego con agua regenerada han sido aceptados por diversos países mediterráneos como un objetivo razonable para el diseño de tales instalaciones. Algunos países de la Región del Golfo Pérsico, como Abu Dhabi y los Emiratos Árabes Unidos, han construido recientemente instalaciones para la regeneración de agua para riego adoptando criterios de reutilización más estrictos, similares a los incluidos en las normativas californianas. La adopción de criterios de calidad más exigentes está motivada por el deseo de mantener unos niveles de salud pública considerablemente altos, evitando la introducción de patógenos en la cadena alimentaria, al margen del coste económico que ello pueda suponer. En definitiva, todos estamos de acuerdo en que estas actividades suponen un gran reto para todos nosotros. Espero que las experiencias españolas supongan una contribución destacada para los demás países mediterráneos, tanto del norte como del sur". Desde una perspectiva orientada al futuro, el profesor Asano está convencido de que esta fuente alternativa de agua es una oportunidad para nuestra sociedad: "Reitero la tesis repetida durante el último cuarto de siglo de que el tratamiento avanzado de las aguas residuales municipales e industriales permite disponer de un efluente tratado de tan alta calidad que no debería ser vertido de forma indiscriminada, sino que debería ser aprovechado para diferentes usos. Esta convicción, unida a la constatación de las crecientes restricciones de agua y los problemas de protección ambiental, proporciona un marco de referencia realista para la incorporación de la regeneración y la reutilización del agua en muchas partes del mundo. La reutilización no potable de agua, tales como el riego agrícola y de jardinería, la utilización para fluxores en grandes edificios de oficinas y el uso del agua para mejora estética y ambiental constituyen hoy día opciones importantes y realistas de reutilización planificada del agua". Para el profesor Asano "la reutilización del agua es un elemento del desarrollo y gestión de los recursos hídricos que proporciona opciones alternativas e innovadoras para la agricultura, los municipios y la industria. Los esfuerzos de lucha contra la contaminación que se están llevando a cabo en muchos países proporcionan efluentes tratados que pueden considerarse como fuentes complementarias, a un coste comparable al de los recursos hídricos disponibles, especialmente cuando se tienen en cuenta los enormes costes económicos y los efectos ambientales tan desfavorables que el desarrollo de nuevas fuentes de suministro puede tener. No obstante, la reutilización de agua no es la única alternativa disponible a la hora de planificar las formas de satisfacer las necesidades futuras de recursos hídricos. El ahorro de agua, el reciclado de agua, la gestión y el uso eficiente de los suministros actuales y el desarrollo de nuevas fuentes de suministro basado en la gestión integrada a nivel de cuenca hidrográfica son otras posibles alternativas. La reutilización del agua no sólo tiene implicaciones para la salud pública sino que requiere también una evaluación detallada de la planificación de las infraestructuras y de las instalaciones, de la ubicación de las plantas de depuración de agua, de la fiabilidad del tratamiento, del análisis económico y financiero y de la gestión de las compañías de agua, en cuanto que exige una integración efectiva del abastecimiento de agua y del suministro de agua regenerada. El que la reutilización del agua llegue a ser apropiada en un caso determinado depende de unas cuidadosas consideraciones económicas, de los usos potenciales del agua regenerada, del carácter restrictivo de las normas de vertido y de una visión política que considere deseable la conservación de los recursos hídricos en contraposición al desarrollo de nuevos recursos, y ello por encima de consideraciones de tipo sanitario y económico. Disponemos actualmente de procesos suficientemente contrastados para depurar el agua residual y potabilizar el agua, y con capacidad para producir un agua de la calidad que se desee en cada caso. Por esta razón, la reutilización del agua merece un lugar prominente y ha de jugar un papel importante en la optimización de la planificación y en el uso y gestión eficiente de los recursos hídricos en muchas partes del mundo. A pesar de que los suministros de agua en Estados Unidos son, en términos generales, suficientes para satisfacer las demandas de todos los aprovechamientos, ciertas áreas y regiones tienen considerables problemas de abastecimiento. Estos problemas incluyen las restricciones resultantes de unos sistemas de distribución inadecuados, la sobreexplotación de acuíferos y la degradación de la calidad de las fuentes de suministro de aguas superficiales y subterráneas, tal como manifestó el Water Resources Council en su informe de 1978. A medida que la demanda de agua aumenta, la regeneración y la reutilización del agua adquieren una importancia creciente como fuente de agua para satisfacer una parte de esta demanda". Y añade
Asano que "la regeneración de agua residual y la reutilización
planificada de efluentes depurados guardan una estrecha relación
con el suministro de agua dulce de una región, lo que explica que
los proyectos de reutilización de agua se implanten tanto en zonas
concretas con escasez de agua como en zonas metropolitanas extensas donde
se registra una elevada demanda de agua. Mediante la planificación
de la gestión integrada, el uso de agua regenerada puede proporcionar
a la compañía de suministro de aguas una flexibilidad suficiente
como para permitirle responder a puntas breves de demanda y aumentar la
fiabilidad del suministro a largo plazo, sin tener que construir instalaciones
de almacenamiento y transporte adicionales, con los costes económicos
y ambientales que ello puede suponer. Además, la reutilización
del agua reduce simultáneamente la contaminación de los recursos
hídricos, en cuanto que ofrece la posibilidad de imponer restricciones
a los vertidos en aguas continentales superficiales y en aguas marinas.
El deseo expreso de proteger la calidad sanitaria de las playas y las aguas
costeras ambientalmente sensibles, como las de las costas mediterráneas
españolas, el oeste de Florida o el sur de California, pueden requerir
la implantación de límites de vertido más estrictos,
hasta llegar a la prohibición absoluta de vertidos de aguas residuales
depuradas. La adopción de límites de vertido progresivamente
más estrictos han llevado a zonas costeras como Limasol, en Chipre,
y San Diego, en California, a implantar la regeneración y reutilización
de sus efluentes en los últimos años".
Ildefons
Cerdà:
Salvador
Rueda.
Ildefons
Cerdà (1815-1876), ingeniero de caminos de formación, fue,
en realidad, un hombre polifacético, una especie de espíritu
renacentista trasladado al siglo XIX. Ingeniero, urbanista, arquitecto,
jurista, economista, político, miliciano, Cerdà es uno de
los referentes del urbanismo moderno y de una aproximación sistémica
a la ciudad. En sus tiempos se sabían muchas menos cosas que en
la actualidad -no se había desarrollado la teoría de sistemas,
ni aspectos básicos de la termodinámica, ni de la autoecología-
pero este hijo de Centelles fue un innovador que planteó un modelo
de urbanización sostenible de acuerdo con la realidad social del
momento.
Ildefons Cerdà Sunyer1 nació el 23 de diciembre de 1815 en la masía El Serdà, una propiedad que su familia poseía desde el siglo XIV en Centelles, en la Plana de Vic. Pese a su ascendente rural, los Cerdà eran gente de mundo; tanto el abuelo como el padre pertenecían a aquellas generaciones que, en plena reestructuración de la economía catalana, habían vinculado sus intereses al comercio con América, hecho que sin duda estimuló el espíritu abierto y las inquietudes del joven Ildefons, así como su fe en el progreso. Al no ser Ildefons el primogénito y, por tanto, heredero de la familia, su vida se encaminó hacia el estudio. Primero viajó a Barcelona, donde inició sus estudios de arquitectura, matemáticas, náutica y dibujo en la Junta de Comercio, para proseguir más tarde su formación en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, donde se licenció en 1841. Aquel mismo año empezó a desarrollar su actividad profesional, ocupando diversos cargos en el cuerpo de ingenieros de caminos de las provincias de Murcia, Teruel, Tarragona, Valencia, Gerona y Barcelona. El año 1848 constituyó un verdadero punto de inflexión en la vida y obra de Cerdà, ya que su matrimonio con Clotilde Bosch y la muerte prematura de sus dos hermanos mayores, Ramon (1808-1837) y Josep (1806-1848), junto a la desaparición de su padre (1787-1844), lo convirtieron en heredero de un patrimonio considerable. La conjunción de estos factores llevó a Cerdà a solicitar la baja del cuerpo de ingenieros de caminos en 1849, para dedicarse exclusivamente a sus estudios de urbanismo. Ya en la década de los años cincuenta, Cerdà se adentró en el mundo de la política activa y fue elegido diputado a las Cortes en la legislatura de 1851 por el segundo distrito de Barcelona, como integrante de una candidatura progresista en la que compartía cartel con Estanislau Figueres, Pascual Madoz y Jacint F. Domènech. A partir de aquel logro, Cerdà no abandonó nunca su actividad política, que se articuló en torno a tres instituciones: diputado en el Congreso de Madrid, regidor en el Ayuntamiento de Barcelona (1854-56 y 1863-66) y diputado provincial. Finalmente, entre mayo de 1873 y enero de 1874, fue designado presidente interino de la Diputación de Barcelona. Fue en la década de los años cincuenta cuando el urbanista sentó las bases del futuro Ensanche de Barcelona, al apreciar que la ciudad no podía ampliarse más, pues estaba circundada por unas murallas que la ahogaban e impedían su crecimiento físico e higiénico. Precisamente tras una epidemia de cólera, el gobernador Pascual Madoz hizo efectivo el expediente de demolición de las murallas. En 1856, Ildefons Cerdà elaboró un estudio sobre la clase obrera, en el que analizó las necesidades sociales, económicas y alimentarias de la Barcelona de intramuros. Dada su relevancia, el estudio se incluyó como apéndice en la Teoría general de la urbanización. A pesar de sus aportaciones, la personalidad de Cerdà despertaba recelos. Destituido del Ayuntamiento barcelonés por el capitán general Zapatero en 1856, Cerdà fue encarcelado en dos ocasiones. Con todo, en mayo de 1860, el Gobierno promulgó un real decreto que aprobaba -de forma irrevocable- el Plan Cerdà, que fue finalmente inaugurado por la reina Isabel II el día 4 de octubre de 1860, en medio de un clima frío provocado por la controversia que desde el primer momento había suscitado dicho plan, tanto por el asunto del concurso como por cuestiones como la amplitud de las calles o la distribución de las cargas de la tarea urbanizadora, aspectos que ralentizaron el ritmo constructivo de la nueva Barcelona. Además de proyectarla, Cerdà dirigió su obra. Su participación en el Ensanche se puede resumir en cifras: entre 1860 y 1865 fue asesor técnico del Estado; entre 1863 y 1866, regidor del Ayuntamiento y, entre 1863 y 1865, desde la iniciativa privada, director facultativo de la sociedad Fomento del Ensanche de Barcelona. Entre 1870 y hasta su muerte, en el año 1876, Cerdà desplegó su actividad estudiando y reclamando todo un abanico de obras de infraestructura para el Ensanche. Pese a todo, el Plan Cerdà no tardó en ser objeto de modificaciones, entre las que destacaron la construcción de las cuatro manzanas de casas, el aumento de la altura de los edificios, la supresión de los jardines interiores de las manzanas y la progresiva ampliación de la profundidad edificable. El 21 de agosto de 1876, mientras tomaba unos baños de vapor en Caldas de Besaya (Santander), ignorando que padecía una afección cardiaca, sufrió un síncope mortal. El día 23 de agosto el diario La Imprenta publicó una nota necrológica que rezaba como sigue: «El señor Cerdà era liberal y tenía talento, dos circunstancias que en España perjudican y suelen crear muchos enemigos...». Cerdà, una figura polifacètica Cabe ahora complementar este apunte biográfico con datos sobre la figura polifacética que fue Cerdà, datos que nos ayudarán a comprender la magnitud de su obra y, en parte, su vigencia aún en nuestros días. Cerdà, ingeniero de caminos En septiembre de 1835, Cerdà se desplazó a Madrid para iniciar sus estudios como ingeniero de caminos, canales y puentes, formación básica que concluyó en 1841. A lo largo de aquellos años, Cerdà se forjó un carácter propio de la Escuela, caracterizado por el esprit de la géometrie. Tal como expone M. Angelón: «Creía que la conducta seguida debía ser producto de un cálculo y origen de una demostración. Cerdà era, si se me permite la expresión, un hombre algebraico». Angelón concluye caracterizando la personalidad de Cerdà como sigue: «Cerdà pensó como un sabio, demostró como un matemático y sintió como un niño». Cerdà, urbanista De todas las facetas, la de urbanista es sin duda la que más se le adecua. En primer lugar, por haber fundado esta disciplina con la Teoría General de la Urbanización. En segundo lugar, por haberse ocupado del diseño del Anteproyecto del Ensanche de Barcelona en 1855, del Proyecto de Reforma y Ensanche de Barcelona en 1859 y de la Reelaboración de dicho proyecto en 1863. Y en tercer y último lugar, por haber dirigido durante quince años la construcción real del Ensanche, encargándose de diversas tareas de gestión directa o indirecta y la coordinación, y actuando como impulsor, canalizador y asesor tanto de la administración pública como de los particulares. Cerdà, arquitecto Con su rigor característico, Cerdà dedicó al estudio de la casa esfuerzos analíticos ingentes en forma escrita y estadística y sintetizó gráficamente propuestas de viviendas para distintas categorías sociales y con diferentes grados de complejidad, que abarcaban desde la casa aislada hasta la colectiva. Cerdà, jurista En sus propuestas para las ciudades de Madrid y Barcelona, Cerdà propició una nueva legislación sin precedentes ni en la legislación española ni en la extranjera. En Cuatro palabras sobre el Ensanche (1861) desarrolló ampliamente el sistema de compensación y la técnica de reparcelación, que consistía en distribuir de manera justa los beneficios y cargos entre los propietarios, quienes obtenían terrenos regulares y edificables en proporción a la parcela aportada. Este sistema se incluyó más tarde en el Proyecto de Ley de Posada Herrera y, un siglo más tarde, en la Ley del Suelo de 1956. Cerdà, economista Cerdà asentó las normas de la infraestructura, las de la división de la propiedad y las de atribución de las parcelas del terreno de la nueva Barcelona. Cerdà, político Cerdà consideraba la política «como una ciencia práctica», ya que «cuanto no es práctico no era política para él». Consecuente con esta idea, desde el momento en que decidió dedicarse a la ciencia urbanizadora, ejerció la actividad pública. En su primera comparecencia pública, Cerdà se presentó como diputado a las Cortes de Madrid en 1851 y resultó elegido por el Distrito 2º de Barcelona como integrante de una candidatura progresista a la que también pertenecían Estanislau Figueres, Pascual Madoz y Jacint F. Domènech. A partir de aquel momento, Cerdà no abandonó nunca del todo la actividad política, que articuló en torno a tres instituciones: diputado en el Congreso de Madrid, regidor en el Ayuntamiento de Barcelona en dos períodos (1854-1856 y 1863-1866) y diputado provincial, concretamente como vicepresidente de la Diputación de Barcelona, durante el período de 1873 a 1874. Tal como señala Estapé, en la evolución política de Cerdà se produce una radicalización progresiva, que se refleja en «el talante rectilíneo e inflexible del antiguo liberal de 1841, del demócrata de 1850 y del republicano de la etapa final». Cerdà, miliciano La pertenencia de Cerdà a la Milicia Nacional, cuyos orígenes se remontan a las Cortes de Cádiz (1812), fue una faceta esencial de su trayectoria. El 4 de julio de 1855 tuvo lugar una huelga general que conmocionó a Barcelona y sus alrededores. Ante la difícil situación, las fuerzas militares de la Capitanía General se retiraron a los cuarteles, lo cual provocó que la Milicia se hiciera responsable del orden público. En este marco especial, la actuación de Cerdà como máximo responsable de la Milicia permitió desactivar la huelga, acontecimiento que le condicionó en el futuro. Por primera vez, su actitud fue mal vista por los militares y por los elementos más reaccionarios, lo cual lo llevó a prisión al final del régimen. A partir de aquel momento, Cerdà mantuvo un estrecho contacto con el mundo obrero. El origen del urbanismo y sus instrumentos Fue Ildefons Cerdà quien inventó, a mediados del siglo XIX, el término urbanismo, con el que abordar una realidad con graves disfunciones, para cuya resolución se requería un sentido interdisciplinario y la imaginación suficiente para utilizar y crear los instrumentos técnicos, económicos, legales y sociales que respaldaran el nuevo concepto. De esta manera, Cerdà expuso en su obra magna: "colocado en la alternativa de inventar una palabra o de dejar de escribir sobre una materia que, a medida que he ido profundizando en su estudio, la he creído más útil a la humanidad, he preferido inventar y escribir que callarme; el uso de una palabra nueva no puede ser censurable, siempre y cuando la necesidad lo justifique y lo abone a un fin laudable" (Cerdà, I., 1867). Sin embargo, la nueva palabra no se circunscribía a consideraciones de vecindad entre viviendas, de sus ventajas e inconvenientes, de la relación entre la calle y las casas, etc., sino que englobaba, asimismo, el análisis de aspectos propios de otras disciplinas aplicadas. «...Y observé los muchos y complicados intereses que juegan y luchan y se combaten en estos grandes palenques donde se concentran y bullen todos los de una comarca, a veces de una provincia y distrito, a veces de una nación entera; y me convencí de la parte muy principal que, no voluntaria sino forzadamente, forman en esas luchas los intereses materiales, los morales, los administrativos, los políticos y los sociales y los de la salud pública y del bienestar del individuo, que son casi siempre sacrificados a la prepotencia de aquellos...» En la nueva idea que trataba de definir expuso el concepto de sistema con más o menos claridad: ... «lo primero que se me ocurrió fue la necesidad de dar un nombre a ese mare-magnum de personas, de cosas, de intereses de todo género, de mil elementos diversos, que, sin embargo de funcionar, al parecer, cada cual a su manera, de un modo independiente, al observarlos detenida y filosóficamente, se nota que están en relaciones constantes unos con otros, ejerciendo unos sobre otros una acción a veces muy directa y que, por consiguiente, vienen a formar una unidad. El conjunto de todas estas cosas, sobre todo en su parte material, se llama ciudad; mas como mi objeto no era expresar esa materialidad, sino más bien la manera y sistema que siguen esos grupos al formarse, y cómo están organizados y funcionan después todos los elementos que los constituyen, es decir, que, además de la materialidad, debía expresar el organismo, la vida, si así cabe decirlo, que anima a la parte material, es claro y evidente que aquella palabra no podía convenirme.» El origen del término lo busca en la palabra urbe romana, que expresa todo lo incluido dentro del espacio circunscrito por el surco perimetral que los romanos abrían con los bueyes sagrados: "... con la apertura del surco urbanizaban el recinto y todo cuanto en él se contuviese; es decir, que la abertura de este surco era una verdadera urbanización; esto es, el acto de convertir en urbe un campo abierto o libre. He aquí las razones filológicas que me indujeron y decidieron a adoptar la palabra urbanización, no sólo para indicar cualquier acto que tienda a agrupar la edificación y a regularizar su funcionamiento en el grupo ya formado, sino también el conjunto de principios, doctrinas y reglas que deben aplicarse para que la edificación y su agrupamiento, lejos de comprimir, desvirtuar y corromper las facultades físicas, morales e intelectuales del hombre social, sirvan para fomentar su desarrollo y vigor y para acrecentar el bienestar individual, cuya suma forma la felicidad pública.» Éste es, pues, el origen del término urbanismo, un nuevo concepto interdisciplinario que relaciona los componentes físicos con la actividad humana que se desarrolla en un espacio teóricamente cerrado. No obstante, hasta muy recientemente, esta visión de conjunto no ha constituido la regla aplicada por la mayoría de los autores de realizaciones urbanas. Las soluciones aportadas se han mediatizado por visiones teleológicas y fragmentadas, que han intentado resolver problemas concretos y parciales sin atender a la resolución de los conflictos que los enmascaraban, provocando con ello disfunciones secundarias de una envergadura que difícilmente justificaba la solución dada. Una de las características que hace que la urbanización de Cerdà siga considerándose actual es justamente la aportación de una visión de conjunto de la urbe, concebida con vistas a resolver los conflictos más acuciantes de su época (la higiene, la movilidad, la trituración de lo construido, la reducción de la injusticia, etc.). De este modo, Cerdá aportaba, a un mismo tiempo, soluciones de conjunto y de detalle a problemas inherentes a la urbanización, como son la dialéctica privado-público, privacidad-sociabilidad, campo-ciudad, etc. La nueva concepción de ciudad y el nuevo enfoque metodológico con el que I. Cerdà procuró aproximarse a la realidad le obligó a crear nuevos instrumentos para abordar los conflictos que requerían solución. Esta actitud metodológica antepone los fundamentos axiológicos de la urbanización a la proyección técnica, o facultativa como gustaba de llamarla él, y aborda la problemática de una manera integral, analizando, valorando y profundizando en los aspectos políticos, económicos, sociales, higiénicos, administrativos y jurídicos de la urbanización (Bassols M., 1995). Instrumentos de carácter legal y administrativo Cerdà captó en toda su intensidad que la urbanización comportaba un cambio social de gran magnitud y que, para instrumentar dicho cambio, se requería una nueva legislación. Ante la laguna existente, se ofreció a llenarla con una importante reflexión que le permitió aportar ideas, conceptos y técnicas jurídicas auténticamente transformadoras, que, no obstante, toparon con la mentalidad de la época y aún hoy sorprenden por su vigor, capacidad imaginativa y estrategia operativa. Utilizando la analogía como criterio hermenéutico, construyó la teoría de la planificación urbanística estructurando las secuencias procedimentales de un modo que, en sus perfiles básicos, jamás ha sido superado (Bassols M., 1995). El plano como síntesis gráfica; los medios económicos, legales y administrativos que deben utilizarse para desarrollarlo (plan o estatuto económico), y las ordenanzas de construcción y de policía urbana constituyen la síntesis de la planificación urbanística. Fue en las ordenanzas de construcción del Ensanche donde concentró su atención, al considerar que las ordenanzas de policía existentes estaban suficientemente reglamentadas y que era necesario aplicarlas con vigor. Cerdà creía que "... la construcción urbana ha permanecido estacionaria a causa de haberse amoldado a las contingencias de la industria y del arte con menosprecio de los estudios de economía política, higiene y de administración que deben considerarse como sus naturales e inseparables auxiliares". De esta manera, Cerdà instituyó que los planos y otra documentación técnica de las obras de utilidad pública debían ir acompañados por un pliego de condiciones técnicas para su ejecución y por los reglamentos para su conservación y policía después de ejecutada la obra.Según Bassols, las bases axiológicas del urbanismo de Cerdà se resumen en los siguientes puntos: a) la aglomeración urbana de edificaciones genera, por sí misma, una comunidad de intereses recíprocos entre las fincas urbanas que justifica la intervención pública y permite hablar de unos derechos o situaciones activas o pasivas y de interés público, b) en atención a esta misma comunidad, el criterio para determinar el límite del intervencionismo urbanístico público se expresa según el siguiente axioma: «el jefe de familia manda en el interior del hogar doméstico, la autoridad interviene cuando las familias se ponen en contacto, dirige y reglamenta sus relaciones y armoniza sus intereses y sus derechos respectivos». Las ordenanzas de la construcción son un compendio de fórmulas operativas, las nuevas figuras conceptuales que constituyen el primer ejemplo del Derecho urbanístico de ámbito supramunicipal. Con ellas, Cerdà se anticipó al concepto de zonificación de usos, distinguiendo entre las categorías de uso edificado (estancias privadas, usos industriales y administrativos) y uso del suelo sin edificar (paseos, parques, jardines, plazas, etc.). Reservó a los usos industriales unas zonas concretas de Barcelona y prohibió su instalación en otras. Las unidades de referencia fueron el sistema viario y las manzanas, así como las ordenanzas tradicionales, el solar o el edificio. A parte de las
obras de urbanización, reguló, también, las obras
subterráneas en función del orden de programación,
canalización y disposición de galerías para aguas
e instalaciones de gas, lo cual representa una anticipación de lo
que hoy se conoce como urbanismo subterráneo (Bassols, 1995).
Medidas de carácter económico La aspiración de Ildefons Cerdà en el orden económico se orientaba hacia la búsqueda de una fórmula o dispositivo de financiación de la acción urbanizadora. Cerdà consideró que la reforma y el ensanche de una ciudad era una obra de utilidad pública y en dicha obra incluyó un inventario que contemplaba tanto las obras de superficie como las subterráneas. Estableció los mecanismos para la financiación de las redes urbanas y la repartición de cargas y beneficios. Cerdà no consideraba de justicia para la financiación de las obras ni el sistema de expropiación ni la aplicación de impuestos extraordinarios, ni tampoco el sistema de préstamos públicos, que implicaba «pagar muy caro a un propietario el derecho de hacerle más rico». Su sistema de
financiación se basaba en que los gastos debían correr a
cuenta de aquéllos a quienes la obra proporcionara beneficios. Consideraba
que nadie podía enriquecerse a costa de los demás.
a) Para la apertura de calles nuevas en las afueras de las poblaciones, ya sea para convertirlas en solares o para abrir la calle en el seno de una manzana cerrada con el fin de edificar en ella, deben ser los propietarios interesados en dicha apertura quienes abonen el importe del terreno y de todos los accesorios de alcantarillado y cañerías de todo tipo para, una vez construido, cederlo todo a la municipalidad y al dominio público in perpetuam. b) Para la reforma interior de las poblaciones, Cerdà propuso la técnica francesa adoptada en París de expropiar las dos zonas colaterales de la vía pública y abordar su urbanización con unidad de criterio y gestión. Tal como el propio autor subrayó: «la administración propietaria de esta triple zona tiene, es verdad, la obligación de costear la calle con todos sus accesorios pero, al propio tiempo, tiene el derecho exclusivo de aprovecharse de todas las ventajas que la apertura de la misma calle puede proporcionarle...». No obstante, Cerdà consideraba injusto que el coste de esta obra de urbanización fuera a cargo de la Administración, ya que redundaría en beneficio de los propietarios colindantes. c) Para salvar estos inconvenientes, propuso que se concediera una serie de ejecuciones temporales por espacio de treinta años y que se construyera en las zonas expropiadas. Introdujo, asimismo, la técnica de la reparcelación y los perfiles del sistema de compensación, anticipándose varias décadas (más de cuarenta años) a la primera formulación de este tipo, que tuvo lugar en Alemania con la aprobación, en 1902, de la ley conocida en el derecho urbanístico compuesto como Ley Adickes. La propuesta de Cerdà constituye, efectivamente, un sistema equitativo de repartición de los beneficios y perjuicios entre los propietarios. De este modo, según sus propias palabras, los beneficios del Ensanche «no deben repartirse entre los propietarios por el mero capricho del acoso o de la suerte como los premios de la lotería, se hace preciso que los propietarios mismos se apresuren, cada uno por su parte, a hacer que la distribución sea igual y equitativa. Es decir, que aquéllos que por casualidad se encontrasen más favorecidos han de ser los primeros en ceder una parte de sus mayores ventajas, inmerecidas e injustas, a los que por esa misma casualidad se vieran menos beneficiados». Como afirma Bassols, en estas palabras se aprecia la formulación de dos principios que informan sobre el urbanismo moderno y que aparecen recogidos en la legislación urbanística contemporánea: "la prohibición de la lotería del planteamiento urbanístico y la repartición entre los afectados de los beneficios y cargas derivados de dicho planteamiento". Medidas de organización Para el desarrollo de los objetivos técnicos, económicos y jurídicos, propuso nuevas fórmulas de organización. Así, para dar salida al concepto de la reparcelación, articuló la idea de construir una mancomunidad o comunidad transitoria entre todos los propietarios de parcelas de terreno comprendidas en una manzana, integrada por la superficie bruta total (limitada por los ejes de las calles que la circundan) y la superficie, independientemente del número de propietarios partícipes, quienes componen una única entidad y tienen los mismos derechos y deberes (pro indiviso). (Bassols, M., 1995). Propuso también en las ordenanzas la creación del "Consejo de Salubridad y Construcción para asesorar a todos los Ayuntamientos del Ensanche en la aplicación de la ordenanza." Contempló la representación de todos los implicados: de la Administración y del Gobierno, del derecho, de la economía, de la higiene, de la estadística y de los facultativos de la viabilidad, de la edificación y de la industria. En opinión de Cerdà, la gestión urbanizadora no debía ser consumida por la Administración, lo cual le llevó a proponer que se adjudicara a una empresa privada, un concesionario, la obra mediante subasta pública, en analogía con la legislación de los ferrocarriles. Instrumentos de carácter técnico o facultativo A lo largo de este artículo se aprecia que la ciudad proyectada por el fundador del urbanismo presenta todavía hoy una gran modernidad. Las propuestas técnicas que formuló a partir de la segunda mitad del siglo XIX son muchas y muy variadas y, sin pretensión de hacer una descripción exhaustiva de su obra facultativa, resulta de interés destacar algunas de sus propuestas conceptuales, parcialmente ejecutadas. Cerdà, calificado por F. Estapé (1994) de socialista científico y bajo ningún concepto de socialista utópico, y por A. Soria (1995) de planificador liberal, buscó la resolución de diversos conflictos que afectaban a la ciudad de principios del siglo XIX. Por un lado, procuró construir una sociedad lo más igualitaria posible (F. Estapé, I Jornadas Internacionals. Cerdà, urbs y territori, 1995) y, como afirma el propio Estapé, de no haber sido por intereses mezquinos, la Barcelona proyectada por Cerdà habría sido la primera ciudad jardín del mundo (si bien habría que matizar esta expresión). Fruto de esta búsqueda de igualdad son los estudios que Cerdà realizó sobre el coste de la vivienda, con el fin de hacer asequible una vivienda digna a la clase obrera en contra de los intereses de los especuladores del suelo, y sus trabajos sobre alimentación, presupuesto familiar, condiciones laborales de la clase obrera, densidad de población y mortalidad, estudios todos ellos recogidos en la "Monografía estadística de la clase obrera». La resolución final fue determinar diversas rentas para un mismo edificio, de manera que el precio de los pisos más próximos a la calle fuera más elevado y la cuantía fuera disminuyendo a medida que se ascendía. A mi parecer, aquí estriba una de las explicaciones de la vivacidad y la estabilidad en el tiempo del Ensanche de Barcelona. Otra preocupación de Cerdà fue resolver los problemas de la falta de salubridad, fruto de la congestión y la ausencia de las infraestructuras y normas básicas de higiene, tanto en la edificación como en la infraestructura pública. He aquí algunos párrafos de la recién hallada "Teoría de la construcción de ciudades", seleccionados por A. Cabré y F. Muñoz (1995), en los que se refleja de manera clara y explícita la voluntad de Cerdà por resolver los problemas de salud pública: "... observaremos que en dichas casas no penetra la luz que todo lo vivifica, no se encuentra espacio suficiente para moverse y lo que es más todavía ni siquiera el aire para respirar, no puede esto llamarse vivir en casas sometidas a las reglas que, especialmente en beneficio de la salud pública, establece la civilización. Esto no es más que encaramar colocados en estantes a los seres racionales unos sobre otros.... El aire, la
luz, el espacio y el agua que la naturaleza ha echado alrededor de nosotros
con tanta profusión (.....) abundan y abundarán siempre para
todo el mundo; y sin embargo en la habitación del rico lo mismo
que en la del pobre se dispersan con una avaricia verdaderamente criminal".
Tras considerar en una primera etapa la vivienda como parte elemental de la ciudad, entendió posteriormente que la célula básica estructurada era la manzana o intervía, que constituía una pieza del mosaico que componía el entramado de vialidad, donde la continuidad del movimiento obligaba a ocuparse de las vías en su totalidad, y no una por una. La importancia que para Cerdà asumió tal entramado le obligó a estudiar con detenimiento los nudos y los enlaces, ya que era en ellos donde peligraba la continuidad del movimiento. De este modo, en su propuesta urbanística, Cerdà comenzó por definir la estructura del conjunto, es decir, el entramado, para después ir descendiendo al resto de elementos. La secuencia que propuso, según Soria, A. (1995), es la siguiente: 1º. Las
redes como tales, ya que cada red viaria presenta ventajas e inconvenientes
que es preciso conocer, dada la influencia decisiva de estos en el diseño
de la ciudad y en su funcionamiento.
Es interesante
destacar la reducción al absurdo que Cerdà hizo de los trazados
radioconcéntricos. Si la red es radial, sería lógico
que las calles se fueran ensanchando a medida que se acercan a los centros
generadores de tránsito, tal como "se ensancha el cauce de un río
o cada riachuelo que a él confluye" (Cerdà, I., 1861), y
además sería "indispensable que haya en el centro suficiente
holgura para el movimiento que allí habrá de reinar, y no
se halle cuajado de edificios" (Cerdà, I., 1861).
Todo ello explica la razón de ser de la cuadrícula del Ensanche de Barcelona, articulada mediante el gran eje longitudinal que es la Gran Via de les Corts Catalanes. Como afirmábamos
anteriormente, Cerdà propone la manzana como célula elemental
del diseño propiamente urbano, en contraposición con el edificio,
que se convierte en la unidad elemental del diseño arquitectónico.
La base del diseño de la ciudad se compone, para el inventor del
concepto de urbanismo, de la red viaria en su totalidad, por un lado, y
de las manzanas, por el otro. Es en las intervías donde se da una
respuesta integrada a las necesidades de habitabilidad y de vialidad y,
por tanto, son las intervías las que deben convertirse en el módulo
de crecimiento de la ciudad.
Es decir, sin intervías ni solares de determinadas características no es fácil construir viviendas adecuadas. Por todo esto, para Cerdà, toda legislación de la vivienda que deje de lado ciertas variables relativas a las intervías será siempre incompleta e ineficaz (Soria, A., 1995). La famosa manzana abierta, con chaflanes y rodeada de amplias vías constituye el intento de Cerdà por encontrar un nuevo equilibrio entre vialidad y habitabilidad. Así, abre la manzana y mejora la habitabilidad de las viviendas, dotándolas de dos fachadas (una a la calle y otra a un amplio jardín interior, en un intento por ruralizar la ciudad); proyecta una cuadrícula de amplias avenidas que facilite la circulación distribuyéndola de forma uniforme, traza las esquinas a modo de chaflanes y aumenta la superficie de las intersecciones con el fin de evitar atascos (Adrià, A., 1995). Tal como se ha explicado, la visión del concepto de urbanismo de Cerdà era una visión integradora, incluso sistémica, cuyo afán era lograr un equilibrio entre diversos pares de nociones opuestas y complementarias: campo-ciu |