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Determinantes
ambientales y salud
Maria Rosa Girbau y Katy Salas
Profesoras de la Escuela Universitaria de Enfermería de la
Universidad de Barcelona
El estado del medio ambiente es un factor clave
para el bienestar individual y colectivo. De hecho, muchos expertos
defienden, tal como ha reconocido el Parlamento de Cataluña,
que un medio ambiente digno es un derecho fundamental de los ciudadanos
y las ciudadanas. En este artículo, las autoras explican los
riesgos que afectan al medio y, por tanto, también a la salud
humana.
Hasta la primera
mitad del siglo pasado, el hombre ha vivido de espaldas a las consecuencias
de su injerencia en el entorno y, hasta después de la Segunda
Guerra Mundial, no adquiere conciencia de las implicaciones que sus
acciones tienen sobre el medio ambiente y sobre la salud individual
y la colectividad.
Algunos acontecimientos como las bombas de Hiroshima y Nagasaki, la
crisis del petróleo y el previsible agotamiento de otros minerales,
la destrucción de la capa de ozono, la constatación del
cambio climático, la peligrosidad de muchos productos naturales
y sintéticos, desastres naturales imprevisibles, la nueva variante
de la enfermedad de Creutzfeldt Jakob, etc., han puesto de manifiesto
que la intervención indiscriminada del hombre sobre el medio
ambiente se ha convertido en un bumerán que se ha vuelto contra
sí mismo. En ese sentido, consideramos muy acertada la frase
del ecólogo Ramon Margalef cuando dice: .
Ya hace años que el medio ambiente se considera un determinante
de la salud humana, pero, hasta la década de los 70 no se presentaron
diferentes modelos explicativos de las causas de la pérdida de
salud de los habitantes de los países desarrollados; algunos
de estos modelos destacan el componente holístico (Laframboise,
1974) como causa de la morbilidad-mortalidad, mientras que otros hacen
referencia al modelo ecológico (Austin y Werner, 1973) y al del
bienestar (Travis, 1977).
A partir de estas aportaciones se continuó avanzando en el conocimiento
de la génesis de las enfermedades contemporáneas y fue
el ministro de sanidad canadiense Marc Lalonde quien desarrolló
los modelos propuestos con anterioridad y presentó en 1974 el
informe sobre la salud de la población canadiense, conocido como
en el que se describían como determinantes los factores genéticos,
los factores ambientales, los estilos de vida y el sistema de sanidad.
En los últimos años, se ha presentado nuevos esquemas
de los determinantes de salud, clasificados en 5 niveles: determinantes
biológicos, físicos y psíquicos, determinantes
de los estilos de vida, determinantes ambientales y comunitarios, del
ambiente físico, climático y de la contaminación
ambiental; y, por último, los condicionantes de la estructura
macrosocial, política y las percepciones poblacionales.
Por tanto, es evidente que el medio ambiente es un elemento de primer
orden para el bienestar individual y colectivo, lo que exige una nueva
consciencia medioambiental, fundamentada en la responsabilidad compartida,
por lo que se ha de conseguir un cambio de actitud en la población,
a partir del principio de solidaridad ambiental.
En este sentido, el Secretario General de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, argumentó en la Cumbre
Mundial sobre Desarrollo Social en 1995 que y, por tanto, a su salud.
Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que el bienestar social
y el económico son conceptos que progresan de forma paralela
al desarrollo sostenible, aunque es muy evidente que la población
no es sensible a los problemas ambientales hasta que se definen y se
aceptan socialmente, lo que plantea influencias mediáticas en
el reconocimiento del riesgo.
Si partimos de una concepción global del ser humano, la salud
se entiende como un proceso de equilibrio o armonía entre las
diferentes dimensiones que configuran a la persona y, entre ésta
y su medio exterior. El ser humano es una pieza clave en el mantenimiento
del equilibrio necesario y, por su parte, el ambiente físico,
biológico y social desempeña un papel muy importante en
las enfermedades contemporáneas (problemas cardiovasculares,
respiratorios y digestivos, cánceres, alergias, enfermedad espongiforme,
etc.), y se van generando nuevos problemas de salud pública.
A partir de estas consideraciones, se plantea la necesidad de implicar
a los diferentes actores institucionales, sociales, políticos,
económicos, profesionales, etc., ya que, en definitiva, son los
que tienen la responsabilidad directa o indirecta de la salud de la
población.
Antecedentes
históricos
La referencia más
antigua de la que tenemos constancia respecto al conocimiento de las
relaciones entre los seres humanos y su medio data del siglo V antes
de Cristo y se halla en el Tratado de los aires, de las aguas y de
los lagos de Hipócrates (460-377 a.C.), que exponía
que para conocer la salud y la enfermedad había que estudiar
al hombre en su estado normal y en relación con el medio en el
que vive, además de investigar las causas que han perturbado
el equilibrio entre el hombre y el medio exterior y social. El pensamiento
hipocrático se aplicó para interpretar las condiciones
ambientales de la vida humana y se puede considerar, pues, una de las
raíces más remotas de la ecología humana, junto
con las obras naturalistas de Aristóteles.
Desgraciadamente, este enfoque ecológico no ha sido la orientación
prevaleciente en las ciencias de la salud que, por diversas razones,
han recibido una gran influencia de la tendencia fisiologista o del
estudio del medio interno del ser humano, iniciada por los franceses
en el siglo XIX, y que los avances logrados en el siglo XX en el campo
del diagnóstico y de la terapéutica han reforzado, olvidando
el papel del entorno físico, psíquico y social en la génesis
de la salud/enfermedad del ser humano.
En 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y
proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
en la que no se trata de forma explícita el medio ambiente, pero
sí que es preciso destacar algunos de sus artículos, ya
que evidencian una responsabilidad institucional y gubernamental en
la protección del individuo.
El artículo 1 dice , lo que nos plantea el principio de
solidaridad.
El artículo 3 dice , por lo que plantea el derecho a vivir
con garantías.
El artículo 6 dice , entendido como el derecho a ser protegidos.
El artículo 21.1 dice , lo que supone que tenemos que
participar activamente en las decisiones que pueden comprometer nuestra
integridad.A partir de la segunda mitad del siglo XX, el movimiento
ecologista, junto con la mayor sensibilidad para las cuestiones medioambientales,
propiciaron que la ONU tomara iniciativas, y a partir de entonces se
iniciaron una serie de conferencias internacionales de gran trascendencia.
La primera cumbre a escala mundial, denominada , se celebró en
Estocolmo en 1972, y tenía como objetivo evaluar los riesgos
derivados de la contaminación sobre el medio humano; se establecieron
las bases para llegar a acuerdos de alcance internacional sobre el medio
ambiente, y surgió el Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA). En esta cumbre internacional, se pusieron de
manifiesto las diferencias y las dificultades para llegar a consensuar
acuerdos globales sobre los problemas que afectan tanto a los países
ricos como a los pobres, que hoy en día todavía persisten.
En esta cumbre se atribuye a Indira Gandhi la siguiente frase: .
Posteriormente, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en
la XXXª Asamblea Mundial de la Salud en la ciudad de Alma-Ata (1977)
se acordó la elaboración de unos objetivos para conseguir
la salud para todos en el 2000, entre los que se consideraba la conservación
del medio ambiente. En 1984, desde la Oficina Regional Europea, se redactaron
38 objetivos, correspondientes a Europa, que se referían explícitamente
a la creación de ambientes saludables (objetivos núm.
18 a 25)
Hasta la década de los 90, se llevaron a cabo otras conferencias
a escala mundial, como la Conferencia Internacional de Promoción
de la Salud (Ottawa, 1986), El Protocolo de Montreal (1987) para la
protección de la capa de ozono, la Conferencia de Sundswall (Suecia,
1991), y algunas preparatorias de la Cumbre de Río de Janeiro
de 1992, con el único objetivo de seguir avanzando en el conocimiento
de los riesgos ambientales.
En la Cumbre de Río (1992), conocida como la Cumbre de la Tierra,
se pretendía conseguir un equilibrio entre las necesidades sociales
y económicas y las ambientales, y se elaboraron 3 documentos
fundamentales:
La Agenda
21, considerada una declaración de principios a partir de un
plan de acción mundial para promover el desarrollo sostenible.
El del Cambio
Climático, con el objetivo de reducir los gases responsables
del efecto invernadero.
El de la
Diversidad Biológica, que exhortaba a los países a tomar
medidas para la conservación de las especies vegetales y animales,
con una serie de directrices para una ordenación más sostenible
de los bosques.
En 1997 se celebró la Cumbre de la Tierra + 5 en Nueva York,
con el objetivo de determinar y reconocer los objetivos conseguidos
en la aplicación de los acuerdos concertados en Río.
En cuanto al Cambio Climático, se han celebrado varias cumbres:
en Kyoto (Japón, 1997), La Haya (2000) y Bonn (2001) con resultados
bastante decepcionantes.
También hay que destacar otras iniciativas de interés
que han reforzado algunas propuestas presentadas en los diferentes foros
internacionales, como los informes presentados por el Club de Roma en
1972, entre ellos el titulado Los límites del crecimiento, que
se actualizó en 1992 con el título de Más allá
de los límites del crecimiento. Asimismo, el informe Brundtland
(1987), en el que se planteaba que , y establecía la relación
entre desarrollo sostenible y sistemas económicos. Finalmente,
a escala local contamos con el proyecto del Ayuntamiento de Barcelona,
conocido como la Agenda 21 de Barcelona, en el que se pone de manifiesto
el compromiso para afrontar los nuevos retos ambientales del siglo XXI
y conseguir articular de forma sostenible el desarrollo social, urbanístico
y económico de la ciudad con el medio ambiente.
Riesgos asociados
al desarrollo insostenible
Las actividades
realizadas por el hombre de forma egocentrista implican un riesgo potencial
para la salud individual y de la comunidad, ya que el medio en el que
nos desarrollamos tiene un comportamiento muy dinámico a partir
de diferentes ciclos (carbono, nitrógeno, agua...). Además,
es un medio complejo, ya que en él se produce un intercambio
de energía y de materia y, al mismo tiempo, se establece una
interrelación constante de elementos en los diferentes gradientes
o niveles de la naturaleza y la intervención del ser humano puede
romper el frágil equilibrio de nuestro medio y poner en peligro
su integridad.
Por tanto, la posibilidad de que el hombre consiga vivir con salud depende
de la capacidad de adaptación a las situaciones variables. Esta
capacidad estará relacionada con las condiciones físicas,
biológicas y sociales.
En general, podemos definir la contaminación como la alteración
de las propiedades de un medio por incorporación -generalmente
causada por la acción directa o indirecta del ser humano- de
partículas, compuestos gaseosos, perturbaciones, materiales o
radiaciones que introducen modificaciones en la estructura y la función
de los ecosistemas afectados.
En el momento en que nos planteemos cuáles son los riesgos potenciales
para la salud, deberemos tener en cuenta algunos factores estrechamente
vinculados al grado de afectación, como:
- Las características
y el grado de solubilidad de las sustancias contaminantes
- la cantidad
de sustancia o del agente patógeno
- el tiempo de
exposición al riesgo
- los mecanismos
de acción o toxicodinámica
- los mecanismos
de defensa del órgano y/o tejido afectado
- la vía
de entrada y transformación posterior de la sustancia
- las características
inmunitarias del individuo y otras variables que lo pueden hacer más
susceptible, como la edad, patologías previas, etc.
Atmósfera:
La atmósfera
es la capa gaseosa que rodea la Tierra y está formada por una
mezcla de gases en proporciones variables en cada altura (troposfera,
estratosfera, mesosfera y termosfera), y es la responsable de la temperatura.
La contaminación atmosférica es la degradación
de la esfera de los gases por un incremento de los elementos que normalmente
están presentes, o la presencia de sustancias y/o partículas
que son ajenas a su composición normal, teniendo en cuenta que
la contaminación del aire es un proceso que se inicia a partir
de las emisiones de gases y/o partículas y que el ser humano
ha estado expuesto a éstas desde el descubrimiento del fuego,
aunque el desarrollo insostenible ha aumentado la cantidad y la calidad
de los agentes contaminantes, y ha afectado a países tanto industrializados
como en desarrollo.
La presencia de contaminantes en el aire atmosférico puede tener
su origen en causas naturales como erupciones volcánicas, erosión
de la tierra, tormentas de arena, terremotos, procesos de fermentación
anaerobia, polinización de las plantas y/o en causas antrópicas
y/o artificiales como el tráfico rodado, procesos industriales
y centrales térmicas, calefacciones domésticas e industriales,
incineración de residuos, pruebas nucleares, conflictos bélicos,
etc.
Los diferentes elementos nocivos pueden ser incorporados por las personas
a través de la vía pulmonar (por inhalación), cutánea
(por contacto con la piel) y oral (por ingestión directa o indirecta):
Vía inhalatoria: pueden penetrar en el aparato respiratorio los
gases, vapores y aerosoles o las partículas en suspensión.
La absorción de las mismas viene determinada por el tamaño,
la forma y los parámetros respiratorios del individuo que puedan
limitar la penetración de los contaminantes a las vías
respiratorias más profundas.
Vía dérmica: a través del órgano de la piel
pueden penetrar muchas sustancias, como biocidas y disolventes orgánicos.
Hay que tener en cuenta la integridad de la piel (su erosión
facilita la absorción), la temperatura corporal y la circulación
periférica (su aumento provoca más absorción).
Vía oral: no es la vía más frecuente de entrada
de los contaminantes atmosféricos, pero sí de las sustancias
presentes en las aguas de consumo.
La metabolización de estas sustancias se produce principalmente
en el hígado, los riñones, los pulmones, la piel y el
aparato gastrointestinal; las vías principales de eliminación
son la orina y la bilis. En cuanto a las sustancias volátiles
y gaseosas, la eliminación se lleva a cabo por medio del aire
espirado.
Los efectos de la contaminación atmosférica son muchos
y muy difícilmente cuantificables, de la misma manera que es
difícil establecer una relación causal, pero cabe hacer
hincapié en que es especialmente peligrosa para las personas
con enfermedades pulmonares crónicas (enfisema, bronquitis, asma),
para los ancianos y para la población infantil. Según
la OMS, entre el 30 y el 40% de los casos de asma y entre el 20 y el
30% de los problemas respiratorios pueden estar relacionados con la
contaminación atmosférica en determinadas poblaciones,
y se considera una de las principales causas de reducción de
la esperanza de vida en general y de la esperanza de vida sin incapacidad.
Algunos de los elementos más significativos por sus efectos en
la salud son:
- Monóxido
de carbono (CO): insoluble en el agua de las mucosas del aparato
respiratorio, lo que facilita su capacidad de penetración en
las paredes alveolares; posee una gran afinidad con uno de los cuatro
átomos de hierro de la molécula de hemoglobina (210/240
veces mayor que las moléculas de oxígeno), y se transforma
en carboxihemoglobina, que interfiere en el correcto intercambio de
gases en los vasos capilares, produciendo anoxia por falta de O2.
Las manifestaciones clínicas son en forma de cefalalgias, vértigo,
debilidad, náuseas y vómitos. Y en las formas de intoxicación
grave pueden aparecer alteraciones cardíacas por isquemia miocárdica,
que puede provocar angor e infarto, alteraciones neurológicas
con obnubilación y coma, alteraciones cutáneas con palidez
y cianosis, y disfunciones psicomotoras con alteraciones de la coordinación.
- Óxidos
de azufre (SOx): son hidrosolubles, lo que facilita que sean absorbidos
en los primeros tramos del aparato respiratorio y provoquen irritación
de las mucosas y broncoconstricción. Las manifestaciones clínicas
pueden agravarse si, por efectos sinérgicos, interaccionan
con otras partículas en suspensión en la atmósfera,
pues se favorecería la penetración en los alvéolos.
Produce una estimulación de los sentidos del gusto y del olfato.
- Óxidos
de nitrógeno (NOx): insolubles en el agua de las mucosas
del aparato respiratorio; penetran en las paredes alveolares, donde
se combinan con la hemoglobina (Hb) para transformarse en nitrosaminas
con propiedades cancerígenas. Las manifestaciones clínicas
son irritación de las mucosas, edema pulmonar, fibrosis pulmonar
crónica y muerte por asfixia.
- Ozono troposférico
(O3): es un contaminante secundario formado por acción
de las radiaciones ultravioletas sobre las moléculas de oxígeno,
que por disociación se transforman en dos átomos reactivos
que se combinan posteriormente con otras moléculas de oxígeno
para formar una molécula de ozono. Es insoluble, lo que facilita
la penetración en las vías respiratorias. Las manifestaciones
clínicas son irritación de las mucosas, garganta seca,
cefalalgias, fatiga, decaimiento, aumento de la frecuencia respiratoria,
disminución de la función pulmonar, e incluso se relaciona
con la disminución de la concentración intelectual.
- Partículas
sólidas: el grado de afectación estará en
relación con su capacidad de penetrar en las cavidades pulmonares
por su tamaño molecular y su afinidad con la humedad del aire.
Pueden actuar como depósitos de partículas inertes en
las paredes alveolares y dificultar así el intercambio de gases.
También nos pueden afectar a partir de la ingesta de alimentos
sometidos a la presencia de partículas que, por disposición
seca, se incorporan a los vegetales.
- Otros: como
los fluoruros, el plomo, el mercurio, el cadmio o el amianto, que
por su capacidad de volatilización podemos incorporar a través
de la respiración y sufrir irritaciones de las mucosas y dificultades
respiratorias. Algunos de ellos, como el amianto, son potencialmente
cancerígenos.
En relación a los efectos sobre la atmósfera, cabe
destacar la implicación del dióxido de carbono (CO2),
los óxidos de nitrógeno (NOx), el metano (CH4), los clorofluorocarbonos
(CFC) y el ozono (O3) en el efecto invernadero. Este fenómeno
se define como el aumento de la temperatura por la presencia de gases
en las capas atmosféricas que impiden que la radiación
infrarroja (de longitud de onda larga) escape hacia el espacio exterior,
lo que favorece el calentamiento de la atmósfera. Los efectos
en la salud quedan condicionados por la evolución del aumento
de la temperatura media del aire, con alteraciones de los ecosistemas
y pérdida de biodiversidad y, por tanto, disponibilidad de recursos
alimentarios, destrucción de hábitats naturales por la
subida del nivel del mar, lo que favorece las migraciones humanas y
el aumento de enfermedades transmitidas por vectores (malaria), por
la elevación del grado de humedad. En la actualidad, se hacen
predicciones en función de los diferentes escenarios posibles
(población, radiación, humedad, precipitación,
erosión, agricultura, bosques, mecanismos de absorción
de las plantas y océanos, etc.) y valoran sus impactos.
La presencia de clorofluorocarbonos (CFC) en las capas atmosféricas
provoca el agotamiento de la capa de ozono situada en la estratosfera
y formada por O3. El adelgazamiento de esta capa se produce por la acción
de los CFC, unos gases muy volátiles y químicamente estables
utilizados en aparatos de refrigeración, de aire acondicionado,
pesticidas, aerosoles, espumas, etc., y que al llegar a la estratosfera
se descomponen por la acción de los rayos ultravioletas y liberan
moléculas de cloro y bromuro que destruyen el ozono.
Este gas es vital para los seres vivos, ya que sirve de protección
contra las radiaciones ultravioletas procedentes del Sol. La disminución
del ozono estratosférico está relacionada con la aparición
de melanomas, cataratas e inhibición del sistema inmunitario.
Otros efectos nocivos se deben a la lluvia ácida, que
provoca una acidificación de los componentes del ecosistema;
a la inversión térmica, que dificulta la circulación
vertical de los contaminantes y, por tanto, su dispersión; y
a la niebla fotoquímica que causa manifestaciones clínicas
en forma de tos, irritación nasal y de garganta, broncoconstricción,
alteración visual e incapacidad para la concentración.
También hay que tener en cuenta la vulnerabilidad de las plantas
ante la contaminación atmosférica, pues provoca retrasos
del crecimiento, coloración amarillenta de las hojas y muerte
en situaciones extremas. En los animales puede conllevar disminución
de la productividad, alteraciones de la fecundidad y muerte por envenenamiento
al ingerir vegetales contaminados previamente. En cuanto a los efectos
sobre los materiales, cabe destacar las consecuencias sociales de
la pérdida de patrimonio arquitectónico y artístico,
así como el coste de restauración y mantenimiento de las
estructuras estropeadas.
Agua:
El agua es una
sustancia indispensable para la vida. Los seres vivos estamos constituidos
en gran parte por agua y es la sustancia más abundante del planeta,
del que dos terceras partes son agua: un 97% de esta agua la podemos
encontrar en forma líquida en los mares y océanos; un
2,25%, en estado sólido, en los casquetes polares, en los glaciares
y en forma de nieve; y una pequeña cantidad se encuentra en la
atmósfera en forma de vapor. Sólo un 0,75% es agua dulce,
apta para el consumo humano si no está contaminada, que es la
de los ríos, lagos y acuíferos subterráneos.
Un ser humano puede subsistir con 2,5 a 5 litros de agua al día.
Ahora bien, en las sociedades industrializadas, si sumamos todos los
usos, la demanda puede llegar a los 500 l por persona y día.
Estas sociedades son también las más exigentes en lo que
respecta a la calidad y su creciente demanda reduce cada vez más
el tiempo transcurrido entre la eliminación del agua servida
y su subsiguiente utilización. El problema es, pues, de calidad
y de cantidad.
Históricamente, el agua ha desempeñado un papel muy importante
en la salud de las sociedades. Un 80% de las enfermedades del mundo
están directa o indirectamente relacionadas con el agua (por
inundaciones, sequías, transmisión de epidemias como el
cólera y otras enfermedades diarreicas, por ser el hábitat
de insectos transmisores de enfermedades como el paludismo, el dengue,
la fiebre del Valle del Rift, etc.).
Por el contrario, la introducción de la higiene personal, el
saneamiento público y los avances de la microbiología
han contribuido en gran medida a la mejora de la calidad de vida y a
la salud de las poblaciones.
El agua es, por tanto, un bien precioso y escaso, de tal manera que
en 1968 se proclamó en Estrasburgo la Carta Europea del Agua.
En el punto 1 se afirma que Y en el punto 12 se acaba concluyendo que
Fuentes de contaminación
del agua
Entendemos por
agua contaminada aquella que tiene incorporadas substancias ajenas
a su composición natural y/o microorganismos que pueden suponer
un riesgo para la población. En este caso, no pueden ser utilizadas
para beber, cocinar, regar cultivos ni en la industria alimentaria.
- Contaminación
de origen urbano: es fruto de todas las actividades de la población,
que la utiliza fundamentalmente para uso doméstico y comercial,
en las pequeñas industrias, en los equipamientos públicos
y en los servicios de la vía pública. Por tanto, estas
aguas residuales pueden tener una carga biológica o química.
- Contaminación
de origen industrial: dada la gran variedad de los diferentes
procesos industriales, las aguas pueden contener carga de origen químico
(metales pesados, compuestos diversos...), físico (aumento
de la temperatura, radiactividad...) y microbiológico (bacterias,
virus, hongos...). A pesar de las leyes de protección ambiental,
los vertidos de origen industrial aún suponen un riesgo importante
para ríos y lagos o para el mar y, en consecuencia, para la
salud humana.
- Contaminación
de origen agrícola: el fuerte incremento del uso de fertilizantes
químicos, para aumentar el rendimiento de los cultivos, así
como de biocidas de todo tipo, para evitar las plagas y las enfermedades
de las plantas ha provocado un grave incremento de la contaminación
de las aguas de escorrentía y en las que se filtran.
- Contaminación
de origen ganadero: los purines generados en las explotaciones
ganaderas intensivas actuales son un verdadero problema a la hora
de eliminarlos por su alto contenido en compuestos nitrogenados, entre
otros, así como por su carga microbiológica.
- Contaminación
marina: teniendo en cuenta que las costas están altamente
urbanizadas e industrializadas, los vertidos de estas aguas residuales
son la principal fuente constante de contaminación de las aguas
marinas, pero no la única. El transporte marítimo de
pasajeros y de mercaderías es la otra fuente, que ha sido en
demasiadas ocasiones el origen de graves catástrofes ecológicas,
como los vertidos de petróleo y de otras substancias peligrosas
al mar, por accidente o como residuo de la limpieza de los tanques
de petroleros en alta mar que, naturalmente, está prohibida.
Tipos de contaminantes
Los contaminantes
presentes en el agua pueden ser biológicos, químicos y
físicos.
Contaminantes biológicos: son agentes microbiológicos
capaces de causar enfermedades infecciosas en el hombre y en los animales.
Podemos clasificarlos en:
- Bacterias:
como por ejemplo el Vibrio Cholerae, causante del cólera, enfermedad
infecciosa aguda caracterizada por vómitos, evacuaciones líquidas
parecidas al agua de arroz, acidosis y calambres musculares. La Salmonella
Typhi, causante de la fiebre tifoidea, que cursa con la aparición
brusca de fiebre, astenia, exantema en tórax y abdomen, hepatoesplenomegalia,
diarrea, y puede producir alteraciones en la consciencia, así
como otras salmonelosis, etc.
- Virus:
como por ejemplo el de la hepatitis A, infección de
transmisión orofecal, con incubación de 15 a 60 días,
que produce fiebre, síntomas de malestar y digestivos inespecíficos
e ictericia. Es endémica en la cuenca mediterránea.
Enterovirus: producen alteraciones digestivas. Adenovirus:
producen afecciones adenoideas y amigdalares. Reovirus: pueden
producir alteraciones intestinales y/o respiratorias.
- Parásitos:
como por ejemplo las amebiasis diversas, que pueden provocar un síndrome
disentérico y, posteriormente, extenderse y afectar a varias
vísceras tales como el hígado, el pulmón, los
riñones, el cerebro, etc., y provocan abscesos amébicos.
Helmintiasis (por gusanos intestinales) pueden estar en diferentes
fases de su ciclo (huevo, larva, adulto, etc.).
- Hongos:
se reproducen por esporas y algunos pueden ser patógenos para
el hombre y los animales. Viven en lugares húmedos como por
ejemplo las orillas de las piscinas públicas o el suelo de
las duchas públicas (pie de atleta).
Contaminantes
químicos: son elementos o compuestos químicos presentes
en el agua, de diversos orígenes, que pueden ser tóxicos
para los humanos, los animales y la flora acuática. La ingestión
de agua contaminada no es la única vía de contacto; también
puede incorporarse a través de la piel y/o de las mucosas, sobre
todo si no están íntegras (heridas, cortes, erosiones...),
y por inhalación de vapores o aerosoles.
Las repercusiones para la salud de una determinada sustancia química
dependerán de: la forma química, la concentración,
la vía por la que entra en contacto con el hombre, las transformaciones
sufridas, ya sea por reacción con otras sustancias o por procesos
de acumulación en la cadena alimentaria, y la susceptibilidad
individual o del grupo.
Los contaminantes más frecuentes son:
Nitratos: la concentración en aguas superficiales suele
ser inferior a los 5 mg/l. En aguas subterráneas, puede encontrarse
en concentraciones mucho más elevadas. El consumo directo o de
preparados alimentarios para lactantes (biberones) a base de aguas con
concentraciones elevadas de nitratos puede causar metahemoglobinemia
(cianosis por hipoxia).
Fluoruros: Son sales utilizadas en síntesis químicas
de muchos procesos industriales que están contenidas en muchos
insecticidas, antiparasitarios y rodenticidas. Si bien se consideran
esenciales para la prevención de las caries, en altas concentraciones
pueden ocasionar fluorosis, que se caracteriza por una pérdida
de peso, fragilidad ósea, anuria, astenia, malestar general,
rigidez de las articulaciones y decoloración de los dientes en
fase de formación.
Mercurio, plomo, cadmio, níquel y otros metales: son altamente
tóxicos y en general se acumulan. La enfermedad de Minamata
(bahía de Japón) es un cuadro tóxico grave, complejo,
con trastornos nerviosos y psíquicos que se debe a la ingestión
de mercurio contenido en el mar y/o aguas contaminadas por vertidos
de industrias de cloruro de vinilo. El saturnismo es una intoxicación
aguda o crónica producida por el plomo o por sus sales, que puede
ser muy grave. Podemos encontrar cadmio en el agua por vertidos industriales
o a causa de las tuberías de plástico o metal.
Arsénico: la terapéutica arsenical tiene más
de 3.000 años, pero también es un veneno muy conocido
(es una cuestión de dosis), altamente tóxico, que provoca
vómitos, diarrea, degeneración grasa del hígado
y debilidad en las extremidades hasta la parálisis.
Selenio: determinadas sales de selenio como el sulfuro de selenio
se utilizan como antimicótico tópico en el tratamiento
de la tiña, como queratolítico en afecciones del cuero
cabelludo (dermatitis seborreica y caspa). A dosis muy elevadas es muy
tóxico.
Compuestos organoclorados: son compuestos presentes en los insecticidas
y plaguicidas. Los más conocidos son los DDT, el aldrín
y el endosulfán. Son liposolubles y tienden a acumularse. Se
ha encontrado DDT en la capa de grasa de los pingüinos de la Antártida.
Hidrocarburos: Se han encontrado numerosos hidrocarburos, particularmente
benzopireno (potencialmente cancerígeno), en aguas marinas. En
aguas dulces la solubilidad es baja, pero puede aumentar en presencia
de detergentes aniónicos (tensioactivos). Éstos producen
espuma en los ríos y en los tramos turbulentos, y entorpecen
los procesos de tratamiento de las aguas residuales y la autodepuración
de las corrientes. Desde 1960, los detergentes han de ser biodegradables
obligatoriamente.
Contaminación física: la temperatura del
agua varía según las estaciones del año, pero si
la utilizamos como refrigerante (en centrales térmicas y nucleares)
el aumento de la temperatura supone aumentarle la solubilidad y alterar
los procesos que allí se desarrollan (en el punto abierto de
las torres de refrigeración es donde pueden crecer colonias de
legionela, ya que necesitan cierta temperatura).
La radiactividad puede llegar al agua de forma natural (elementos
radiactivos de la litosfera), pero sobre todo por la actividad radiactiva
que ha desarrollado el hombre.
Tratamiento
de las aguas residuales
El gran crecimiento
demográfico, la industrialización y la intensificación
de la ganadería y la agricultura experimentados en el siglo XX
ha sobrepasado con creces la capacidad de autodepuración de las
aguas, por lo que tenemos que recurrir a depurarla artificialmente.
Hay dos técnicas de depuración del agua, que se realizan
en las EDAR (estación de depuración de aguas residuales):
la fisicoquímica y/o la biológica.
La fisicoquímica consiste esquemáticamente en:
un primer filtrado de sólidos gruesos, un segundo filtrado de
materias más pequeñas, un proceso de floculación
(con sulfato ferroso o cloruro de alúmina), uno de sedimentación
y, finalmente, uno de filtración con lecho de arena y se vierte
nuevamente en el río o el mar a través de un emisario
submarino a unos kilómetros de la costa.
En el caso de las estaciones de tratamiento de aguas potables (ETAP),
después de la filtración, se realiza una precloración
para rebajar la carga microbiológica y, en la fase final, el
lecho de arena puede ser sustituido por un lecho de carbón activo
(con gran poder de absorción) y también se puede llevar
a cabo un proceso de oxidación con ozono y la cloración
final que la hace apta para su distribución a la red.
La biológica se basa en imitar la autodepuración
natural. Básicamente consiste en un filtrado: se pasa el agua
a unos embalses en los que hay lodos activos (que contienen bacterias
capaces de degradar la materia orgánica) y unos separadores de
grasa; después se somete a un proceso de sedimentación
y, finalmente, a uno de decantación.
Residuos
Los residuos constituyen
un reservorio de microorganismos potencialmente peligrosos y susceptibles
de infectar a la población en general, teniendo en cuenta que
el suelo tiene una posición clave en el intercambio de materia
y energía y que actúa como receptor activo de todos los
componentes del aire y del agua.
El ser humano es un factor importante en la alteración de la
dinámica del suelo, a partir de la incorporación de residuos
vertidos al medio de forma incontrolada como consecuencia del modelo
consumista, por el cual ha optado nuestra sociedad, erróneamente
considerado el producto de las sociedades del bienestar.
Son muchas las causas del incremento de residuos, lo que convierte el
planeta en un gran vertedero, fenómeno preocupante y peligroso
porque la eliminación, la transformación y la recuperación
de los residuos puede comprometer la calidad de vida de la población
e hipotecar el deseado desarrollo sostenible.
Desde este punto de vista, hay que conocer las principales causas del
aumento de los residuos urbanos para así intentar modificar las
actitudes consumistas, reducir su volumen en origen y fomentar la reutilización,
el reciclaje y la valorización de los mismos. Algunas de estas
causas son:
- Las necesidades
higienicosanitarias que han provocado un aumento espectacular en el
uso de envases y embalajes para evitar el riesgo de contaminación
debida a una manipulación y almacenamiento incorrectos.
- El cambio de
hábitos alimentarios, con un incremento del consumo de comida
rápida y precocinada.
- El crecimiento
urbano por migración del ámbito rural, acompañado
de las demandas de servicios y aumento del consumo.
- La sociedad
consumista, que incorpora prácticas de con el incremento de
papel, cristal, plásticos, latas, PVC, etc.
Hoy en día
todavía mueren cada año cinco millones de personas a causa
de enfermedades relacionadas con los residuos y mil millones de personas
no disponen de servicios de recogida de basuras. Esto es especialmente
grave en los países en desarrollo y hace que la población
sea vulnerable a diferentes microorganismos patógenos a través
de la cadena alimentaria o por contacto directo.
Algunas de las enfermedades que pueden contraer los seres humanos son:
helmintiasis, salmonelosis, anquilostomiasis, carbunco o ántrax,
leptospirosis, tétanos, micosis oportunistas, toxoplasmosis,
etc.
Los tipos de residuos generados por las actividades de las personas
son varios: urbanos y municipales, industriales, radiactivos, hospitalarios,
etc., y su riesgo está relacionado con sus características
y con los procesos de transformación. No obstante, desde el punto
de vista de la salud pública, hay que prestar atención
a las vías de eliminación con el fin de garantizar la
total inocuidad de la recogida, el transporte y la eliminación
final.
La recogida selectiva (cristal, papel, plásticos, latas,
briks, orgánicos, medicamentos, pilas, fluorescentes, aceites,
electrodomésticos) es la vía de recuperación más
plausible, ya que disminuye el volumen de residuos municipales, el consumo
de energía, agua y materias primas, la emisión de gases,
el consumo de abonos químicos, reduce la presión sobre
los vertederos y la incineración, evita la presencia de vectores
y reservorios (roedores, pulgas, artrópodos), y aporta beneficios
sociales para la creación de puestos de trabajo en la industria
del reciclaje.
En cuanto a las diferentes alternativas en la eliminación de
los residuos, tenemos:
- Los vertederos
controlados: presentan varias dificultades, como encontrar nuevos
espacios para su ubicación a precios asequibles que geológicamente
sean adecuados y bien aceptados por la vecindad.
- La incineración
es una forma de eliminación parcial, no exenta de riesgos para
la salud pública, que emite a la atmósfera sustancias
potencialmente cancerígenas como las dioxinas. Una fracción
importante de los residuos hospitalarios contiene cloro, elemento
que no se destruye y que forma ácido clorhídrico y puede
contaminar la atmósfera.
- Confinamiento
en cuevas y piscinas: los residuos radiactivos, especialmente
los generados por las centrales nucleares, son gestionados por la
empresa ENRESA. Los riesgos de esta técnica de eliminación
son difíciles de valorar, ya que se desconocen con exactitud
las afectaciones a largo plazo, puesto que se trata de partículas
con una vida media muy larga.
El ruido como
contaminante:
El sonido es la
sensación que percibe el aparato auditivo de los animales debida
al movimiento perturbador de la presión y de la densidad del
medio material que nos rodea (gaseoso, líquido y/o sólido),
provocado por una vibración que se propaga en forma de onda sonora.
Hay dos características del sonido que nos interesan especialmente:
1. La intensidad sería la medida de la fuerza de la vibración
o presión acústica y de la alteración que produce
en el aire. Se mide con una unidad apropiada que es el dB (decibelio).
La escala de medición es logarítmica, no aritmética,
lo que quiere decir que un aumento de 3 dB equivale a doblar la intensidad
sonora que percibimos. La legislación española señala
como nivel máximo permisible los 85 dB para 8 horas de trabajo,
y en los casos en que se superen se deberán adoptar medidas para
disminuirlo.
El umbral de la audición humana (para un individuo joven) es
a partir del 0, y el umbral de dolor está en los 125 dB.
2. La frecuencia es el número de vibraciones o ciclos
que se producen por segundo. Es lo que denominamos tono: va desde las
frecuencias bajas que corresponden a los tonos graves hasta las altas
frecuencias de los agudos. Se miden en Hz (hercios). El oído
humano (del individuo joven medio) oye sonidos graves desde los 20 Hz
(por debajo de estos existen los infrasonidos) hasta sonidos agudos
de 20.000Hz (per encima de estos existen los ultrasonidos).
El sonido es una de las principales formas de comunicación entre
los animales y, por tanto, entre los seres humanos. Sin embargo, se
convierte en ruido cuando lo percibimos como una sensación de
molestia, que produce irritación, rechazo o incluso dolor. Esta
percepción desagradable puede ser subjetiva, individual o cultural,
y objetiva, entendida como la alteración de la fisiología
y del comportamiento, observable y/o medible.
Desde el punto de vista de la salud pública, la exposición
continuada al ruido, tanto en el trabajo como fuera de él, ha
ido adquiriendo tanta importancia que, en 1974, se convocó en
Washington un Congreso Internacional sobre el Ruido como Problema de
Salud Pública. Dos años antes, en 1972, en la Cumbre de
Medio Ambiente convocada por las Naciones Unidas en Estocolmo, fue reconocido
como contaminante de primera magnitud. La OMS estima que hay 120 millones
de personas en el mundo que tienen dificultades auditivas invalidantes.
El ruido forma parte de la mayoría de las actividades de la vida
urbana actual y pretérita. En la Roma clásica, así
como más tarde en las ciudades medievales, existían normas
que regulaban el tránsito de carruajes y actividades laborales
que producían molestias a los ciudadanos.
Con la industrialización, las fuentes de contaminación
acústica han aumentado en cantidad y variedad. Las principales
son: el transporte de personas y mercancías, tanto en
los países desarrollados como en las grandes ciudades de los
países en desarrollo (coches, motos, autobuses, autocares, camiones,
trenes convencionales y de alta velocidad, aviones), la industria (maquinaria
en funcionamiento), el sector de la construcción y las obras
públicas, las instalaciones de ocio (bares, discotecas, restaurantes
al aire libre, etc.), los ruidos en el hogar (electrodomésticos,
radio, TV, cadenas de música, aire acondicionado, ascensores,
etc.) y en las oficinas (impresoras, fotocopiadoras, máquinas
de bebidas, etc.).
Efectos perniciosos
del ruido:
El ruido no sólo
es una molestia, sino un riesgo para la salud. Sus efectos podríamos
dividirlos en:
a) efectos específicos sobre el aparato auditivo
b) efectos sobre la fisiología o funcionamiento del resto del
organismo
c) efectos sobre el comportamiento y las actividades.
a)
- La exposición
continuada (8 horas de trabajo) a ruidos superiores a los 85 - 90
dB constituye un riesgo importante de sordera profesional,
en general bilateral e irreversible, en las bandas de
frecuencia de estos ruidos.
- La exposición
ocasional a ruidos de diversas frecuencias y de alta intensidad (95-100
dB), como la música de discoteca, produce lo que se denomina
fatiga auditiva. Provoca una pérdida de la capacidad auditiva
temporal. El tiempo de recuperación es directamente proporcional
al tiempo de exposición.
- La exposición
a un ruido repentino o de impacto de corta duración (disparo
de pistola, petardo, golpe de martillo, explosión de una bomba,
explosión de una bombona de butano, etc.), si es bastante intenso,
y si el individuo afectado está cerca de la fuente, puede llegar
a producir un trauma acústico con sordera total por
afectación de los mecanismos de percepción de la vibración
y de transmisión del impulso nervioso, más o menos reversible.
b) La exposición continuada al ruido puede originar en el sistema
cardiocirculatorio hipertensión arterial o cardiopatía
isquémica. En el aparato respiratorio puede producir apnea,
cuando el ruido es repentino, o taquipnea (aumento de la frecuencia
respiratoria) cuando es continuo. Sobre el aparato digestivo,
las manifestaciones pueden ser: disminución de la secreción
salival, vulnerabilidad a las úlceras gástricas, disminución
del peristaltismo intestinal, digestiones más lentas y pesadas,
náuseas e incluso vómitos. En el sistema endocrino,
puede aumentar la secreción de cortisona y de adrenalina. Ésta
tiene un interés especial en las embarazadas, ya que podría
ocasionar una disminución de la irrigación uteroplacentaria,
con incremento de la frecuencia cardíaca del feto. También
se ha descrito la posibilidad de un aumento de la glucemia.
En lo referente al sistema nervioso central, el ruido puede afectar
al sueño a través de estados de insomnio, ansiedad,
irritabilidad y disminución de la capacidad de
concentración.
También se han observado:
- alteraciones
visuales por disminución del campo visual y dificultades
en la distinción de los colores y disminución de la
visión nocturna, que pueden representar un riesgo en la conducción
de automóviles;
- alteraciones
del equilibrio por síndrome vertiginoso;
- aumento de la
tensión muscular;
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