Fòrum de debat
Núm. 33 - desembre 2002

 

Editorial


Fijando la agenda de la sostenibilidad para el nuevo milenio
Luis Gómez Echeverri

Johannesburgo. ¿I ahora qué?
Domingo Jiménez Beltrán


Johannesburgo, ¿un paso adelante y dos atrás?
Josep Xercavins

Diferentes visiones de la Cumbre para el Desarrollo Sostenible
Achim Steiner y otros

El deorden global
Lluís Reales

Entrevista a Víctor Viñuales, director de la Fundación Ecología y Desarrollo
Lluís Reales


Editorial
De Río a Johannesburgo

La Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, celebrada hace ya más de una década, abrió los ojos a ciudadanos y gobernantes de todo el mundo sobre la trascendencia de los problemas ambientales que afectaban al planeta Tierra. Constituyó la llegada a la mayoría de edad, en el ámbito internacional, de la conciencia ambiental.

La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, que se celebró entre el 26 de agosto y el 4 de setiembre de este año en la ciudad sudafricana de Johannesburgo, fue más allá de una cumbre ambiental: se convirtió en un encuentro sobre desarrollo y un debate intenso sobre qué tipo de desarrollo queremos y si funciona la actual dinámica de la globalización económica, dado que no beneficia a todos los seres humanos, sino únicamente a una minoría privilegiada.

La Cumbre de Johannesburgo ha abierto los ojos de todos -algunos expertos y activistas sociales ya hace tiempo que lo argumentaban- sobre un hecho: la protección del medio ambiente y la erradicación de la pobreza son dos caras de la misma moneda. No será posible una sin la otra.

Si observamos la evolución seguida desde la Cumbre de Río nos hallamos ante una gran paradoja: a pesar de que en la última década se han iniciado varios procesos institucionales de éxito, no se han producido resultados globales tangibles. De hecho, lo que ha sucedido es que la globalización económica ha destruido los avances obtenidos por la agenda de Río, ha establecido una economía explotadora de alcance mundial y ha expuesto los recursos naturales a la voracidad del mercado.

En diciembre del año 1992, esta publicación dedicó un número de la revista al tema «Después de la Cumbre de la Tierra, ¿qué?». Autores tan destacados como José Lutzenberger, Ramon Tamames, Henk Hobbelink o Ignasi de Senillosa, entre otros, reflexionaron sobre los retos después de Río. Es preciso destacar la capacidad de anticipación y la actualidad de la mayoría de aquellas reflexiones. Una década después, a raíz de la Cumbre de Johannesburgo, hemos decidido repetir el experimento. Medi Ambient. Tecnologia i Cultura ha pedido a varias personas una reflexión sobre el legado de Johannesburgo. Está claro que aún es demasiado pronto para valorar cuál será el impacto de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, pero la primera impresión, pasados ya unos meses, siempre es importante.

Luis Gómez-Echeverri es un alto cargo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y ha sido una persona clave en todo el proceso de Johannesburgo. En su texto nos plantea, desde la perspectiva de Naciones Unidas, los grandes retos para alcanzar el desarrollo sostenible. Domingo Jiménez Beltrán, ex director de la Agencia Europea del Medio Ambiente, valora la Declaración Política y el Plan de Acción surgidos en la Cumbre y profundiza en el papel de la Unión Europea en el proceso. Por su parte, Josep Xercavins, coordinador del Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil - Ubuntu, argumenta por qué las decisiones que han tomado los estados no son las que el mundo necesita. El artículo que presenta Achim Steiner, director general de la Unión Mundial para la Conservación (UICN), es una aportación coral. La UICN ha elegido un conjunto de artículos escritos desde diferentes visiones culturales que presentan la Cumbre desde diferentes perspectivas culturales. El número se completa con una entrevista a Víctor Viñuales, director de la Fundación Ecología y Desarrollo, experto en temas de empresa y sostenibilidad.

Lluís Reales
Director de Medi Ambient. Tecnologia i Cultura

 


Fijando la agenda de la sostenibilidad para el nuevo milenio

Luis Gómez Echeverri

Representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo


(El siguiente texto expone las opiniones del autor. Éstas no representan necesariamente las del PNUD, en el cual el señor Luis Gómez Echeverri es un representante residente.)

La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, CMDS, puso el punto final a una década de cumbres y conferencias fundamentales de las Naciones Unidas. También marcó el final de una de las décadas de cambios más espectaculares en el sistema internacional. El fin de la guerra fría y la liberalización de los mercados y la economía desembocaron en una de las transformaciones más grandes de gobernanza en todos los ámbitos: el mundial, el nacional y el local. En un período de tiempo relativamente breve, nuevos actores y nuevas maneras de hacer negocios asumieron una importancia que, o no se reconocía totalmente o simplemente aún no estaba presente durante la Cumbre de Río. Las transformaciones y la globalización que de ello se derivaron contribuyeron a grandes cambios en las funciones de los diferentes actores: organizaciones internacionales, gobiernos nacionales y locales, el sector privado y la sociedad civil.


Aún no está claro si la globalización y los cambios de la última década han sido buenos o malos para el medio ambiente y/o el desarrollo. O todavía es demasiado temprano para poder decirlo, o todavía no se entiende suficientemente la dinámica del nuevo sistema y, por consiguiente, no se administra de manera consciente con el fin de que estas fuerzas puedan actuar en beneficio de la humanidad. En cualquier caso, no sólo existe una falta de consenso sobre estos temas, sino más bien una acalorada discusión, y en algún caso violenta, sobre los pretendidos daños y/o beneficios de la globalización. No supone ninguna contribución útil a este debate el hecho de que, a pesar de que una quinta parte de la humanidad haya conseguido una prosperidad inimaginable para las generaciones anteriores, la inmensa mayoría del resto vive vidas de insoportables privaciones y precariedad. Los cambios de la última década no han reducido, sino ampliado la distancia entre el diez por ciento de los más ricos y el diez por ciento de los más pobres. Este abismo ha aumentado de una proporción de 30:1, a principios de los años setenta, a una de 74:1 en la actualidad, y en estos momentos está creciendo más rápidamente que nunca. Durante la última década, cada año se añaden 10 millones de personas más a las filas de los más pobres. En 1993, alrededor del 25% de los habitantes del mundo recibieron el 75% de los ingresos mundiales. En ese mismo año, la población de Estados Unidos, alrededor de 250 millones de personas, registró unos ingresos totales superiores a los de la población mundial más pobre, el 43%, o aproximadamente 2.000 millones.

En este contexto, y de acuerdo con la Resolución 55/199 de la Asamblea General, la CMDS tenía que realizar una revisión a diez años de los logros de la Conferencia de Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo de 1992, también conocida como la Cumbre de la Tierra o de Río. Esta revisión tenía que elaborarse en una nueva cumbre, la CMDS, con la finalidad de que los líderes mundiales reafirmasen sus compromisos de Río sobre desarrollo sostenible. Resulta difícil imaginar con qué criterio se hubiera podido valorar esta revisión y evaluación teniendo en cuenta las importantes transformaciones que ha sufrido el sistema internacional desde Río, y el hecho de que todavía no son conocidas del todo. Así, fue un acierto que, a medida que se acercaba la fecha de la Cumbre, se hiciera un esfuerzo por parte de todos para reducir las expectativas y plantear las metas y los objetivos de la CMDS a una escala más realista. Es decir, la CMDS tenía que partir de la base de los logros de Río y de otras cumbres y conferencias mundiales celebradas desde la de Río, incluida Doha (la última ronda comercial de la Organización Mundial del Comercio), Monterrey (la Cumbre para la financiación del desarrollo), y la Asamblea del Milenio (donde más de 100 líderes mundiales se comprometieron con los objetivos de desarrollo del milenio), y a concentrar esfuerzos en la aplicación de los mismos. Dado el énfasis otorgado a la aplicación, también constituía una oportunidad para fomentar los instrumentos y modalidades que podrían facilitar la acción, así como éxitos importantes. Se debía explorar un nuevo acento en las asociaciones y los mecanismos que fomentan la inclusión y la participación de todos los sectores de la sociedad.

El nexo entre medio ambiente y desarrollo

La década transcurrida entre Río y Johannesburgo supuso la continuación de un esfuerzo iniciado años atrás para añadir las cuestiones ambientales a la agenda del desarrollo internacional. Es difícil revisar la década entre Río y Johannesburgo sin hacer referencia al progreso y a los éxitos obtenidos en este período de treinta años, que inauguró la Conferencia de Estocolmo sobre el medio ambiente humano en 1972. A diferencia de Río y Johannesburgo, la Conferencia de Estocolmo contó con la presencia de muy pocos jefes de Estado. De entre los países en desarrollo sólo destacó Indira Ghandi, la presidenta de la India. A diferencia de Río y Johannesburgo, donde el vínculo entre medio ambiente y desarrollo era esencial, en Estocolmo se desarrollaron los vínculos entre y . El hecho de centrarse en los efectos de lo humano sobre el medio ambiente sirvió como buen punto de partida e hizo percatarse a gran parte de la población mundial de que había una serie de problemas globales que requerían la atención de la comunidad mundial y que no existían las instituciones que se dedicaran a ello. Se empezaron a crear y a gestionar el PNUMA y toda una serie de instituciones y convenios. En aquella conferencia se sembraron las semillas del concepto de desarrollo sostenible y el cambio de modelo que este concepto aportaría.

Sin embargo, no fue hasta unos años más tarde que la Comisión Brundtland propuso una respuesta más sofisticada e integrada a los retos mundiales de los tiempos para el desarrollo sostenible. Un concepto aún mal entendido por la mayoría de la gente de todo el mundo que, aún así, se ha convertido en una palabra clave muy útil en esta campaña para unir medio ambiente y desarrollo, además de que el término se ha utilizado para referirse al cambio de modelo que experimentaría el mundo durante la década posterior a Río. La introducción del concepto de desarrollo sostenible inició una agenda totalmente nueva y mucho más ambiciosa. Es difícil evaluar la CMDS sin tener en cuenta que esta apretada agenda y el concepto de desarrollo sostenible entraron en funcionamiento hace tan sólo una década.

¿Hasta qué punto la comunidad internacional ha conseguido yuxtaponer medio ambiente y desarrollo? Hay algunos éxitos parciales, tal y como se presenta a continuación, pero no ha sido fácil y todavía queda mucho por hacer. Esperemos que el seguimiento de la CMDS nos ayude en este aspecto. La mayoría de los delegados comprendió mucho mejor y aceptó el planteamiento más concreto de las necesidades humanas por medio de una mejor gestión de los recursos esenciales de la CMDS. A pesar de algunos avances a la hora de poner en un mismo saco medio ambiente y desarrollo, aún queda un vacío importante entre desarrollo y los que ejercen el medio ambiente. Muchos de los ambientalistas consideran que aquellos que trabajan para el desarrollo o bien no tienen presente o, simplemente, no les interesan las cuestiones ambientales. Para esta comunidad de profesionales Río y la CMDS fueron, esencialmente, conferencias ambientales. Los que trabajan para el desarrollo sostienen que resulta difícil hablar de mejorar la calidad de vida cuando la prioridad de una gran parte de la población mundial es, principalmente, preservar vida. Argumentan que la triste situación de pobreza y miseria en la que vive una gran parte de la población mundial aporta una base muy frágil sobre la que hablar de medio ambiente. La única forma de contar con la participación de este colectivo es proponer planteamientos ambientales que traten los problemas de la pobreza y la vulnerabilidad. La CMDS, más que Río, consiguió superar este punto promoviendo los ámbitos básicos del agua, la energía, la salud, la agricultura y la biodiversidad o los llamados AESAB.

El camino desde Río hasta Johannesburgo

Como se ha comentado anteriormente, el principal objetivo de la CMDS era hacer una revisión de la década transcurrida desde la Cumbre de la Tierra celebrada en 1992 en Río. Desafortunadamente, y debido a motivos ya mencionados, y, principalmente, al formato de negociaciones de estas cumbres, no se puso en marcha una revisión propiamente dicha. En consecuencia, no se dio el prestigio que correspondía a los múltiples efectos positivos de Río ni se les hizo plena justicia. Preocupados por asegurarse de que los líderes reafirmaban sus compromisos con el desarrollo sostenible y dado el grave deterioro de la situación de los pobres y el medio ambiente en todo el mundo, los delegados consideraron mucho más importante concentrarse, asimismo, en la ingente tarea que aún se tenía que abordar en lugar de hacerlo en las que ya se habían concluido. Esto, pensaron muchos, podía conducir a un ejercicio de autocomplacencia colectiva. Desgraciadamente, esta actitud no permitió realizar una revisión justa de la década ni de los logros de Río. Una mirada más sobria a los éxitos seguramente habría concluido qué se podía hacer y qué se podía conseguir. En cambio, el sentimiento que reinaba en la Cumbre era a menudo de pesimismo y de condena al fracaso.

Una mirada más sobria a la década transcurrida entre Río y Johannesburgo también habría revelado y documentado los grandes avances obtenidos en muchos frentes. También habría hecho recordar a muchos profesionales del desarrollo y el medio ambiente, y especialmente a aquellos que trabajaban sobre la interfaz entre medio ambiente y desarrollo, que su mundo había cambiado desde 1992. Algunos de los cambios de la década se describen a continuación.

Se empezaron a filtrar nuevas filosofías en los distintos ministerios de todo el mundo en desarrollo. Algunos de los ejemplos comprenden: (a) la agricultura ya no consistía en producir a cualquier precio para aumentar los niveles de producción a fin de poder alimentar a una población agrícola en constante crecimiento. En cambio, se debía aumentar la producción agrícola pero de manera sostenible para preservar los recursos naturales de los que depende dicha productividad. Por más sencillo que parezca el concepto, hacer que la producción agrícola sea sostenible no es nada fácil. Deben existir una nueva cultura, nuevas tecnologías, nuevos conocimientos y, en algunos casos, productos y materias primas totalmente nuevos. También se necesitan recursos adicionales para la transición. Se empezaron a introducir procesos similares en otros sectores económicos; (b) la industria empezó a aplicar el concepto de ecoeficiencia a la producción industrial. En virtud de este concepto, la industria tenía que producir más con menos materias primas, muchas de las cuales se podían reciclar dando lugar a tecnologías más limpias. La industria empezó a ver en todo el mundo que aquello no sólo era bueno para la imagen de las empresas, y, por lo tanto para la eficacia de los planes de marketing, sino que también era bueno para los negocios, puesto que producir más con menos es, sin duda, un muy buen negocio; (c) los residuos empezaron a verse como un posible recurso y no sólo como basura o un problema. Si se gestionaba adecuadamente, ese problema se podría transformar en un recurso -en cuanto a la energía y, algunas veces, en cuanto a la alimentación. Cambios similares ocurrieron en muchos otros sectores y los motores del cambio variaban en función de éstos. En algunos casos eran económicos y comerciales, en otros, estaban relacionados con la creación de una imagen, mientras que en otros simplemente eran el resultado de las presiones de una sociedad civil bien organizada. En realidad, el origen del cambio no era importante. El hecho era que estaba ocurriendo y que continúa ocurriendo en todo el mundo en desarrollo y que sigue contribuyendo al desarrollo.

Empezó a aparecer una nueva infraestructura institucional tanto a escala internacional como nacional, especialmente en los países en desarrollo. Los ministerios de medio ambiente y, en algunos casos, los ministerios que trabajan para el desarrollo sostenible, como en el caso de Bolivia, empezaron a hacerse oír. Aunque estos ministerios en la mayoría de los casos no son los más poderosos, su influencia está empezando a filtrarse gradualmente a otros sectores y ministerios. La debilidad de estos ministerios también tiene que ver con la división existente entre los Ministerios de desarrollo, economía y finanzas, y aquellos que tratan el medio ambiente. Esperemos que a medida que esta división desaparece o se encoge, el papel normativo de estos Ministerios se vuelva más relevante y que su autoridad ayude a incorporar cada vez más consideraciones ambientales adecuadas a la toma de decisiones económicas y sociales en todos los países.

Las negociaciones mundiales van volviéndose mucho más incluyentes, un requerimiento previo para poder avanzar en un desarrollo sostenible que exigía planteamientos más intersectoriales y una mayor participación por parte de todos los sectores sociales. Los temas que afectaban a grandes grupos de poblaciones ya no se consideraban sólo un problema de los gobiernos, sino de preocupación y acción conjunta. El estilo y el formato de la CNUMAD de Río también revolucionaron en muchos aspectos la manera de negociar de la ONU. La presencia activa de ONG, la sociedad civil, indígenas y grupos religiosos, se convirtió en una imagen habitual en los pasillos de la ONU durante las negociaciones importantes. En la mayoría de los casos, estos grupos no tenían voto. No obstante, muchos de ellos a menudo formaban parte de delegaciones nacionales y/o tenían una fuerte influencia sobre las decisiones que tomaban esas delegaciones.

El sector privado que hasta ahora se había mantenido a cierta distancia o ausente en los actos de la ONU, empezó a implicarse activamente. Para bien o para mal, al fin y al cabo es el sector privado el que canaliza gran parte de la utilización de las inversiones y recursos en la economía mundial actual. Sus decisiones no sólo afectan a los sectores y las empresas que gestionan, sino también a las decisiones tecnológicas que toman y con las que tiene que convivir el resto del mundo hasta que éstas se hayan amortizado convenientemente a lo largo de décadas. No contar con la presencia de estos agentes que toman decisiones tan importantes en las negociaciones mundiales y, especialmente, en aquellas relacionadas con el medio ambiente sería una locura y un ejemplo de ser muy corto de miras. Pero su implicación todavía se observa con cierto recelo. Este recelo no dejará de existir mientras dure el debate sobre la globalización y mientras siga sin haber un mejor conocimiento de las fuerzas que empujan al mundo de hoy en día y no se desarrollen mejores mecanismos para garantizar que estas fuerzas actúan en beneficio de la mayoría y no a la inversa. La mayor implicación del sector privado en los asuntos de la ONU y en las negociaciones mundiales ha generado sanas tensiones dentro de la propia ONU y esto a su vez está ayudando a definir con precisión la función de las Naciones Unidas en esta nueva era de la globalización.

Uno de los mejores ejemplos de la importancia de la implicación del sector privado en el medio ambiente es el que constituye el Convenio marco de la ONU sobre el cambio climático. Su participación no sólo es útil: el futuro del Convenio marco depende, en gran medida, de su implicación activa.
Por primera vez, temas de medio ambiente se empezaron a impregnar de otras negociaciones mundiales. Se tenían en cuenta consideraciones ambientales en la mayoría de las conferencias y cumbres mundiales de la década. El concepto de desarrollo sostenible empezó a introducirse en el lenguaje de la mayoría de los políticos del mundo. Por primera vez, las convenciones ambientales mundiales empezaron a actuar como catalizadores para la acción en muchos sectores y en la economía. Numerosas instituciones de financiación, como el Fondo Mundial para el Medio Ambiente, empezaron a influenciar otros recursos importantes en beneficio del desarrollo sostenible.
Pero, y esto es lo más importante, la Cumbre de la Tierra de Río creó un nuevo sistema de negociaciones para el medio ambiente. Y posiblemente es en este punto donde se halla la mayor, menos reconocida y menos comprendida de las contribuciones de Río. Por supuesto, esto no se reconoció ni explícita ni ostensiblemente en Johannesburgo.

Un nuevo sistema de negociación para el medio ambiente y el desarrollo

Según algunos analistas del sistema internacional, la CNUMAD dio lugar a un nuevo sistema de negociación sobre el medio ambiente y el desarrollo. Pero con sólo diez años de antigüedad y un grado de complejidad tan elevado es demasiado pronto para evaluar su eficacia y su valor. Nuevamente, nada de todo esto se llegó a tratar nunca, y aún menos reconocer, en la CMDS. La CMDS no llegó a plantearse evaluar la década de la CNUMAD desde esta perspectiva más amplia. La resolución de la AG no fue realista cuando le pidió a la CMDS que analizase los logros de la década teniendo en cuenta el formato de debate y negociación que había resultado de estas cumbres. Si los gobiernos hubieran realizado un análisis de la década desde esta perspectiva, algunas gratas sorpresas hubieran llevado a un mayor optimismo.

El complejo conjunto de negociaciones que han surgido en un período de tiempo relativamente breve como consecuencia directa de los resultados de Río, es decir, la Agenda 21 que ha derivado en planes mundiales de acción en diversos ámbitos como por ejemplo el agua, los bosques, la pesca y los océanos, el Convenio marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, el Convenio sobre la biodiversidad y los Principios Forestales, ha tenido más influencia sobre el sistema internacional que la mayoría de negociaciones temáticas de los últimos tiempos. El hecho que Río se celebrase en 1992 dio impulso a la acción antes y después de Río en diferentes áreas. Algunas de las piezas individuales de este sistema, como por ejemplo el Convenio marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, no habrían conseguido nunca llegar hasta donde lo han hecho (a pesar de las dificultades actuales), de no haber existido un sistema de negociación más amplio que las sustentara. Vale la pena recordar su breve historia como una prueba de la influencia de este sistema más amplio y como un buen ejemplo de éxito en negociaciones mundiales conseguido en un tiempo récord.

A pesar de la complejidad de los temas tratados por el Convenio marco, su negociación fue rápida y eficaz. La historia de las negociaciones sobre el cambio climático se remonta a tan sólo un año antes de Río. En realidad, solamente tenemos que retroceder a la Conferencia de Toronto sobre la , que se celebró en junio de 1998. Fue en esta conferencia cuando se sugirió que la Cumbre de Río constituiría una buena oportunidad para adoptar un convenio sobre este tema. Cuando se presentó la sugerencia, muchos consideraron que el objetivo fijado para 1992 era imposible de alcanzar. Como es bien sabido, el Convenio marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático se adoptó (siendo Estados Unidos uno de los firmantes) y fue ratificado por más de 190 estados miembros. Es muy dudoso que se hubiera podido obtener este resultado tan rápidamente sin la Cumbre de Río. Dadas la complejidad y la dificultad para unir ciencia y política, especialmente en temas tan inciertos como el cambio climático que trata problemas que aparecerán, en su mayoría, en generaciones futuras, es difícil creer que se lograra un éxito parecido en las negociaciones. En la mayoría de las evaluaciones de Río y de Johannesburgo, este punto no llegó a plantearse en ningún momento y se tendría que haber hecho.
¿Consiguió este nuevo sistema de negociación acercar más medio ambiente y desarrollo? Posiblemente aún es demasiado pronto para decirlo. Sin embargo, éste debería ser el baremo con el que evaluar la década transcurrida entre Río y Johannesburgo y debería de haberse estudiado. ¿Desempeñó algún papel Johannesburgo para que este sistema de negociación fuera más eficaz, yuxtaponiendo medio ambiente y desarrollo, o se mantuvo invariable la distancia divisoria entre los profesionales de cada ámbito? Concientemente o no, la CMDS hizo grandes esfuerzos para acercar medio ambiente y desarrollo, y es principalmente por esto que se debería de recordar la CMDS. Al convertir los ODM (los objetivos de desarrollo del milenio) en una de les piezas centrales, la CMDS fue realmente la primera gran conferencia que miraba eficazmente tanto al medio ambiente como al desarrollo de manera integrada -a la vez que definía el contexto para establecer mejores vínculos e interdependencia. La CMDS llevó a la definición de mecanismos institucionales para fomentar estos vínculos y continuó reforzando y ganando una circunscripción para el nexo entre medio ambiente y desarrollo mediante el fomento de las áreas temáticas AESAB -agua, energía, salud, agricultura y biodiversidad. Para cada una de ellas, se recomendaron marcos de acción como instrumentos para avanzar en los ODM de la Asamblea del Milenio que se acordaron recientemente en la ONU. La ventaja de los ODM es que están orientados a la meta -y al objetivo- en lugar de al sector, forzando así una mayor integración y planteamientos intersectoriales que dan soporte al desarrollo sostenible.
La sencilla redacción de los ODM, como se presenta a continuación, su poderosa relevancia frente a los retos actuales, sus objetivos y metas con plazo limitado y reforzados en Johannesburgo, son lo que los convierten en las piezas más importantes del seguimiento de la CMDS:

1. Erradicar la pobreza extrema
- Reducir a la mitad la proporción de personas que disponen de menos de un dólar al día
- Reducir a la mitad la proporción de personas que pasan hambre

2. Conseguir la educación primaria universal
- Asegurar que los niños y niñas por igual completen la educación primaria

3. Promover la igualdad de sexos y facilitar herramientas a las mujeres
- Eliminar las diferencias entre sexos en todos los ámbitos de la educación

4. Reducir la mortalidad infantil
- Reducir en dos tercios la tasa de mortalidad entre los menores de cinco años

5. Mejorar la salud materna
- Reducir en tres cuartas partes la tasa de mortalidad por alumbramiento

6. Luchar contra el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades
- Invertir la expansión del VIH/SIDA

7. Garantizar la sostenibilidad ambiental
- Integrar el desarrollo sostenible en las políticas nacionales e invertir la tendencia a la pérdida de recursos ambientales
- Reducir a la mitad la proporción de personas que no tienen acceso al agua
- Mejorar significativamente las vidas de, como mínimo, 100 millones de habitantes de barrios marginales

8. Desarrollar una unión mundial para el desarrollo
- Crear una ayuda oficial al desarrollo
- Expandir el acceso al mercado
- Fomentar la sostenibilidad de la deuda

En la CMDS no sólo se reafirmaron los ODM sino que también se reforzaron mediante planes de acción concretos, en especial en las propuestas de las áreas temáticas AESAB. Además, se añadieron otras metas y objetivos. Un objetivo referente a la higiene se basaba en un llamamiento a reducir a la mitad la cantidad de personas que actualmente no tienen acceso a una higiene adecuada -alrededor de 2.000 millones. En el ámbito de la pesca, la CMDS hizo un llamamiento para detener las prácticas destructivas de pesca y definir redes y áreas marinas protegidas antes de 2012.

El camino recorrido desde Bali hasta Johannesburgo

La CMDS celebró cuatro reuniones del Comité Preparatorio. La primera se celebró en Nueva York entre el 30 de abril y el 2 de mayo de 2001, y la cuarta, en Bali entre el 25 de marzo y el 7 de junio de 2002, menos de tres meses antes de la Cumbre. Durante esta última reunión, denominada prepcom IV, los delegados elaboraron el borrador del Plan de aplicación para la CMDS y lo transmitieron a Johannesburgo para posteriores negociaciones. El borrador del Plan contenía gran parte del texto entre paréntesis ya que la reunión no había conseguido llegar a un consenso en cuestiones esenciales como la energía, el comercio, la economía y la globalización. La falta de acuerdo y la ausencia de un documento más refinado a menos de tres meses de la Cumbre de Johannesburgo suscitaron una considerable inquietud entre los asistentes. El aparente fracaso de Bali y la preocupación general que despertaron tuvieron el efecto positivo de movilizar varios actores en ayuda de la CMDS. Las inversiones realizadas hasta la fecha de Bali y lo que había en juego eran demasiado grandes como para permitir que aquella importante conferencia fuera un fracaso. Si la CMDS hubiese contado con el mismo nivel de implicación intensiva, compromiso e interés durante todo el período de las prepcom como en aquellos últimos tres meses, los resultados de la Cumbre seguramente habrían sido completamente distintos.

Durante aquellos tres meses se negociaron y anunciaron varias asociaciones. Las Naciones Unidas formularon la importante tarea preliminar y los marcos de acción sobre las AESAB contando con una gran ayuda por parte de todo el sistema de Naciones Unidas, incluido el Banco Mundial y otras entidades externas al sistema de la ONU. Más jefes de Estado anunciaron su participación. Los compromisos sobre iniciativas regionales acabaron de definirse puesto que los países se aseguraban de que sus intereses regionales estarían presentes y serían defendidos durante la CMDS. El sector privado se organizó para tomar parte de una manera que no se había visto nunca antes en ninguna otra cumbre. Las ONG y la sociedad civil aumentaron su ayuda y dieron voz a su inquietud sobre la falta de avance. Se redujo la carga polémica y la inquietud de algunos delegados sobre la innovación de la CMDS de introducir un planteamiento : por un lado, el documento negociado políticamente, donde se especificaban los compromisos gubernamentales y, por otro, el concepto de asociación que hacía un llamamiento a todos los sectores de la sociedad para participar en la acción. Los temores a que las asociaciones pudieran minar y erosionar la multilateralidad se calmaron cuando se garantizó que el principal documento político y resultante de la CMDS era el Plan de aplicación en el que los gobiernos asumían los compromisos y que las asociaciones no eran más que herramientas complementarias para garantizar que la acción estaba teniendo lugar con la participación de todos. Se esperaba que así se facilitaría la aplicación de los acuerdos y también se aportarían recursos adicionales.

Qué hizo que la CMDS fuese diferente

Para muchos, la CMDS representaba la oportunidad de los logros de las cumbres y conferencias de la década trascurrida desde Río y . En consecuencia, muchos vieron en ella una oportunidad excelente para establecer vínculos entre los resultados de la CMDS y los ODM, los objetivos de desarrollo del milenio, Doha, la última ronda de la OMC, y Monterrey, la Cumbre para la financiación del desarrollo. Todo este conjunto hizo que la agenda de la CMDS fuese la más amplia y desafiante de entre la mayoría de las cumbres de la década.

Por primera vez, una cumbre mundial intentaba resolver cuestiones sociales, económicas, financieras, comerciales y ambientales con objetivos y compromisos específicos. Todos tenían que converger en la meta final de desarrollo sostenible con énfasis en la acción y la aplicación. Esta ambiciosa agenda de la CMDS hizo que las negociaciones fuesen difíciles y complejas; y, de esta forma, también complicó mucho la definición de los criterios para el éxito de la CMDS.

Dada la atención en la acción y la aplicación, el éxito de la CMDS se debería medir en relación con los diferentes compromisos y objetivos para los próximos meses y años. Y la clave del éxito dependerá de la eficiencia de los instrumentos facilitados por la CMDS con esta finalidad. Algunos de estos instrumentos comprenden los marcos de acción de AESAB que se han definido con la intención de impulsar la acción en cinco áreas temáticas clave para los países en desarrollo: agua e higiene, energía, salud, agricultura y biodiversidad. Otros eran los marcos de asociación diseñados para facilitar la acción y la implicación por parte de todos los sectores, incluidas las ONG y el sector privado, para simplificar la transformación de los compromisos políticos (el Plan de aplicación) en acción a escala de los países en desarrollo. Otro de los instrumentos importantes fue el establecimiento de objetivos con plazo limitado, la mayoría de los cuales se diseñaron para fortalecer y reafirmar el compromiso con los ODM. Estos hechos y objetivos son una visión y una prioridad en lo referente a la acción para los próximos años y hasta el 2015.

Los retos del seguimiento de la CMDS

Teniendo en cuenta la extensa agenda de la CMDS, resulta difícil concebir un marco simple para el seguimiento y que pueda responder a todas las inquietudes del Plan de aplicación y la Declaración de Johannesburgo. Una alternativa podría ser identificar algunos elementos mínimos que puedan aportar soluciones a los intereses y preocupaciones de la mayoría de los países y, en particular, a las necesidades de la mayoría de la población de los países en desarrollo y otorgarles una mayor prioridad. Sea cual sea el marco que se aplique, lo que está claro es que debería incluir, como mínimo, los siguientes elementos:
- Un eje sobre la erradicación de la pobreza o, por lo menos, una prioridad con respecto a los grupos vulnerables de los países en desarrollo para quienes es muy importante satisfacer los ODM
- Una mayor atención en los aspectos ambientales pero desde la perspectiva de les necesidades de los pobres y vulnerables
- La integración de estos en estrategias de desarrollo sostenible con financiación, comercio y servicios sociales como fundamentos esenciales

La Declaración del Milenio y el seguimiento de la CMDS

La Declaración del Milenio establece en un marco único los retos clave a los que se enfrenta la humanidad, delimita una respuesta a estos retos y define medidas concretas para juzgar los resultados a través de una serie de compromisos, metas y objetivos interrelacionados. El Plan de aplicación de Johannesburgo los confirma, reafirma aquellos que necesitan refuerzo y añade algunos nuevos, especialmente aquellos relacionados con los ODM 7 -garantizar la sostenibilidad medioambiental, además de añadir un objetivo fundamental sobre la salubridad. En conjunto, representan la mejor plataforma de cooperación mundial que se haya conseguido en la ONU a la vez que una base poderosa para la respuesta del sistema internacional.

Además de todo lo anterior, encontramos la iniciativa AESAB del secretario general y sus marcos para la acción que podrían aportar los más simples y los más amplios por medio de los cuales la comunidad internacional podría dar apoyo a la actividad a escala nacional relacionada con las metas y los objetivos de la CMDS y los ODM. Al proponer la iniciativa AESAB, el secretario general intentó poner énfasis en la acción sobre lo que eran las preocupaciones más importantes de los países en desarrollo: agua e higiene, energía, salud, agricultura, y biodiversidad, todas ellas consideradas partes integrantes de un planteamiento internacional coherente para la aplicación del desarrollo sostenible. La iniciativa del secretario general de sugerir estas áreas temáticas como eje no fue puesta en duda en Johannesburgo.

La iniciativa AESAB contribuyó a enfatizar los problemas medioambientales pero desde la perspectiva de las necesidades de los pobres y los vulnerables. Aspectos como, por ejemplo, el agua, la energía o la erosión del suelo se plantearon no sólo como problemas medioambientales per se, sino como aspectos que necesitaban ser tratados urgentemente a fin de poder evitar la enfermedad y la desnutrición, o para garantizar una calidad de vida mínima y específica, especialmente para los más desfavorecidos.

La iniciativa AESAB ponía énfasis en la necesidad de facilitar acceso a unas condiciones de salubridad correctas y a la energía a aquellos que no lo tenían ni en la cantidad ni en la calidad requeridas para su sustento. De la misma manera, el tema de la biodiversidad se planteó desde la perspectiva de las necesidades de la salud y la nutrición humanas, además de la salud de los ecosistemas. Reforzar estas perspectivas fue el llamamiento constante para una de los diversos temas AESAB entre ellos y en las estrategias para el desarrollo sostenible a escala nacional. El marco para la acción referente a la biodiversidad se planteó como relacionado no sólo con cuestiones de conservación, sino como una llamada de emergencia para integrar las estrategias de biodiversidad nacional con las estrategias de desarrollo nacional a fin de tratar los problemas de agua, medicinas, alimentos y la salud general del ecosistema. Estas perspectivas exigían soluciones locales por parte de la población local, y no soluciones estándares importadas del exterior.

El papel del seguimiento de la CMDS en la estrategia central de los ODM

Desde la Declaración del Milenio de 2000, la ONU y el secretario general han invertido una gran cantidad de tiempo y recursos en la definición de una campaña y directrices para garantizar que los ODM se alcanzarán antes del año límite previsto, 2015.

Los cuatro elementos de la estrategia ODM ofrecen un marco excelente para el seguimiento de la CMDS:
(a) Supervisión, seguimiento y revisión del avance hacia los objetivos y metas;
(b) Análisis, definición y evaluación de las dimensiones políticas de alcanzar los objetivos;
(c) Campañas y movilización de recursos; y
(d) Actividades operativas a escala nacional.

Los resultados de la CMDS y la iniciativa AESAB refuerzan los ODM y mejoran las oportunidades de alcanzarlos para los países en desarrollo proponiendo programas de acción concretos. La CMDS y las AESAB constituyen la base sobre la que se formulan estrategias y planes de acción para alcanzar los ODM antes del año 2015. No pretenden sustituir los ODM, sino complementarlos y actuar como instrumentos de apoyo. Después de la Asamblea del milenio donde se acordaron los ODM, diversos países pusieron en marcha campañas y programas de acción especiales. Estas iniciativas podrían definir excelentes plataformas para el seguimiento de la CMDS. Y viceversa, el seguimiento de la CMDS podría aportar una mayor concentración e impulso a la acción.

Disponer de una única campaña a escala nacional tendría las ventajas siguientes:
- Aportaría coherencia y uniformidad al seguimiento de las conferencias de la ONU, especialmente las que se han mencionado antes: CMDS, DOHA y Monterrey.
- Aportaría un planteamiento integrado y evitaría la duplicación.
- Establecería el marco para llevar un seguimiento de los resultados.
- Facilitaría un marco para el diálogo político.
- Mejoraría el intercambio de información entre los países.

El reto consiste en ser capaces de incorporar los resultados de la CMDS a las campañas de los ODM y otras iniciativas nacionales de todo el mundo en desarrollo. Aunque sin recursos adicionales, es muy poco lo que pueden hacer los países en desarrollo. Es preciso disponer de recursos adicionales y de mucho apoyo por parte de la comunidad internacional. Según el Banco Mundial, la ayuda extranjera adicional requerida para alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio para el 2015 se sitúa entre 40.000 y 60.000 millones de dólares al año de respaldo económico para inversiones en los diferentes sectores. Esto supone aproximadamente duplicar los niveles actuales de AOD (que en 1997 era de 57.000 millones de dólares). Además, los países necesitarían emprender medidas para formarse a escala nacional. Algunos de estos esfuerzos deberán ser realizados por los propios países, especialmente cuando se trate de política y reformas institucionales, pero también serán precisos recursos adicionales para la formación. Uno de los principales objetivos de la CMDS era animar a los países ricos a asumir compromisos mayores de AOD, carteras de Ayuda Oficial al Desarrollo. El compromiso de Río de intentar alcanzar el 0,7% del PIB destinado a AOD está muy lejos de ser alcanzado y es dudoso que se consiga pronto. Resultaría útil que la masa de flujos de capital privado, que actualmente se concentran en un pequeño grupo de países y sectores, pudiera empezar a llegar a un mayor número de países y el comercio se volviera más abierto hacia más naciones. Si ambas circunstancias se dieran, el nivel de recursos para las campañas de ODM aumentaría significativamente.

A pesar de las tendencias negativas en la AOD, disponer de una única campaña para los ODM y la CMDS resultaría atractivo para aquellos que quieran financiar estas campañas. Desde el punto de vista de los donantes, tendría que ser ideal la posibilidad de que los países tengan un marco coherente en el que puedan participar diversos sectores de la economía y la sociedad y diversos organismos -tanto multilaterales como bilaterales- en un ejercicio controlado por el país mediante metas, objetivos y marcos temporales. Si, al mismo tiempo, éstas se pudieran integrar en la erradicación actual de la pobreza y otras estrategias, podría resultar bastante atractiva y probablemente ayudar a cambiar algunas de las tendencias de la AOD.

La posibilidad de conseguir financiación adicional para el medio ambiente y el desarrollo no es imposible. Empezando por los compromisos de Monterrey y siguiendo con los recientes anuncios del nuevo aprovisionamiento para el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (uno de los mecanismos de financiación más grandes para el medio ambiente hoy en día), el de la AOD (la sugerencia de los países ricos de que una gran parte de los fondos del Banco Mundial disponibles para los países más pobres se concedan como subvenciones en lugar de préstamos), y diversos de los compromisos económicos de la CMDS anunciados en Johannesburgo como los de EEUU, la UE y Alemania sobre el agua y la energía ponen a disposición de los países en desarrollo la oportunidad potencial de tener recursos adicionales para los ODM y el seguimiento de la CMDS. En Johannesburgo se asumieron los siguientes compromisos importantes, entre otros: Italia anunció que estaba preparada para cancelar hasta 4.000 millones $ euro de deuda a los países pobres. Alemania ofreció 500 millones $ euro a lo largo de un período de cinco años para proyectos de energía renovable. Estados Unidos anunció inversiones de 970 millones dólares a lo largo de los próximos años en proyectos sobre agua y salubridad. La Unión Europea anunció la iniciativa . También hubo muchos otros compromisos y contribuciones vinculadas a una serie de asociaciones concebidas para avanzar y contribuir al seguimiento de la CMDS.
Pero éstas sólo son oportunidades potenciales. Sólo empezarán a ser realidad una vez los países se sienten a formular planes de acción coherentes y estrategias para hacer que se realicen sus objetivos. Estas estrategias y planes de acción se transformarán en programas financiables a escala nacional. Y es en este punto que los marcos AESAB constituyen algunos de los mejores instrumentos para la acción concreta a escala nacional.

Los marcos AESAB

Agua, energía, salud, agricultura y biodiversidad son pilares importantes del desarrollo sostenible. Si los países de todo el mundo emprendiesen acciones en todas estas áreas temáticas de forma integrada e interconectada, no sólo se avanzaría drásticamente en los objetivos del desarrollo sostenible, sino también en los de la erradicación de la pobreza y la calidad de vida para todos. Todos están incluidos en el Plan de Aplicación de la CMDS y todos ellos requieren planteamientos integrados y intersectoriales que precisan del apoyo de importantes ejes intersectoriales como, por ejemplo, el comercio, las finanzas, y las políticas macroeconómicas que tratan aspectos relacionados con los modelos de consumo y producción que afectan a estas áreas temáticas.

Los marcos AESAB para cada una de las áreas temáticas se presentaron en Johannesburgo y se utilizaron como base para el debate en las sesiones plenarias de los primeros cuatro días de la CMDS. Basándose en un formato nuevo utilizado hasta entonces en la sesiones plenarias formales de las Naciones Unidas, los debates sobre AESAB reunieron a participantes de colectivos importantes que comprendían, entre otros, asociaciones indígenas, organizaciones científicas, ONG, asociaciones de mujeres y el sector privado.

El debate se cimentó sobre los marcos AESAB presentados por la ONU. Todos respaldaron las propuestas que incorporaban y enfatizaron determinados aspectos de los mismos (como, por ejemplo, la necesidad de reducir o eliminar subsidios agrícolas como requisito previo para avanzar en el frente de la seguridad alimenticia) o añadieron nuevos rasgos a los marcos que actualmente se han incorporado en el informe del presidente de la CMDS. Los documentos del Marco sintetizan los aspectos clave y retos de cada una de las áreas temáticas de AESAB, recogen un listado de los principales acuerdos a los que se llegó en cada una de ellas durante la pasada década y presentan marcos de acción integrada para cada una orientados al desarrollo sostenible y a la erradicación de la pobreza.

Conclusión

La CMDS tuvo que competir por la prensa y la atención pública con otros importantes acontecimientos internacionales. El seguimiento será un reto similar teniendo en cuenta la rapidez con que se suceden los acontecimientos en el escenario internacional. La situación de Irak y otros problemas de gran importancia en diferentes partes del mundo, tanto en Latinoamérica, como en África o Asia, no deberían de ser una excusa ni una distracción para no realizar el seguimiento de las excelentes metas y aspiraciones de la CMDS y las conferencias y cumbres de la década de los noventa.



Johannesburgo, ¿y ahora qué?

Domingo Jiménez Beltrán
Ex director de la Agencia Europea de Medio Ambiente, actualmente consejero en los Servicios de la Comisión Europea,

La tercera cumbre de Naciones Unidas dedicada al medio ambiente debe analizarse en el contexto internacional durante los últimos treinta años y también en el marco de la política comunitaria ambiental y la evolución del concepto de desarrollo sostenible. En estas décadas el medio ambiente ha pasado de ser algo marginal y de tintes románticos ansiados tras la industrialización acelerada que sucedió a la Segunda Guerra Mundial, particularmente en Europa, a convertirse en un aspecto importante de la agenda política internacional. Johannesburgo ha supuesto otro paso adelante en este proceso.

La primera cumbre organizada por Naciones Unidas sobre medio ambiente, la de Estocolmo, en 1972 se acuñó como la del . El objetivo fue superar la idea, entonces imperante, de que el medio ambiente era una carga o limitación para el desarrollo, y fue un factor determinante en el alumbramiento de la política comunitaria de medio ambiente que se inició con la Cumbre Europea de París ese mismo año y sin la cual no se puede concebir la construcción de la Europa comunitaria. A partir de esta fecha de 1972 no pueden entenderse los dos procesos separadamente, el global, o de las cumbres de Naciones Unidas, y el comunitario o del avance en las políticas ambiental y para el desarrollo sostenible.

La Cumbre de Río, en 1992, fue la mayor concentración jamás vista de jefes de Estado y de Gobierno (más de 140); nadie quiso perdérsela, por si las moscas, desde el presidente Bush, padre, hasta Fidel Castro, que pronunció un apasionado y aplaudido discurso antropocéntrico de menos de dos minutos, y ciertamente el presidente González, que prometió que España triplicaría en la próxima década (ya terminada) el volumen de ayuda al desarrollo (¡vivir para ver!), todos estuvieron allí para discursear sobre desarrollo y medio ambiente.

La Cumbre de Río, celebrada cinco años después de la publicación del informe de la llamada Comisión Brundtland (por el nombre de la ex primera ministra noruega que la presidía) de Naciones Unidas, El futuro en nuestras manos, que introdujo el concepto de desarrollo sostenible (), se presentó como la Cumbre del desarrollo y el medio ambiente con la aspiración de integrarlos. Y ahora la Cumbre de Johannesburgo se ha calificado, sin rubor, como la del desarrollo sostenible.

Sin entrar todavía en los resultados específicos de la Cumbre celebrada en Johannesburgo entre el 24 de agosto y el 4 de septiembre, y si no estuviéramos sumidos en la denominada sociedad de la información, la del cambio tecnológico y del consumo acelerado, poco dada a relativizar el progreso, podríamos concluir que la situación previa a la Cumbre no estaba mal, al haber pasado, al menos en términos conceptuales, en sólo 30 años, y en materia de medio ambiente, de ser una limitación para el desarrollo, a ser algo que hay que integrar en el desarrollo y, finalmente, a poder devenir el sistema, o desarrollo en sí mismo, con la introducción del concepto de desarrollo sostenible, que ha dado, además, un contenido de futuro a la política ambiental al encastrarla, sin desvirtuarla, en el núcleo de dicho modelo de desarrollo.

Como salto cualitativo no estaría mal, aunque sólo fuera desde el punto de vista intencional y aunque la aspiración final sería la de un avance real en el proceso hacia un desarrollo más sostenible.

¿Qué es esto del desarrollo sostenible en términos prácticos? ¿Cómo se está aplicando en la UE? ¿Qué tiene que ver conmigo como ciudadano y consumidor? Sobre todo, ¿qué ha aportado en la práctica la Cumbre de Johannesburgo al progreso hacia un desarrollo de futuro, o más sostenible que el actual? Y, finalmente, ¿cuáles son los mayores desafíos pendientes para consolidar este marco conceptual e instrumental a escala comunitaria que permita crear las condiciones que hagan posible el cambio hacia un desarrollo más sostenible?

El concepto y su interpretación práctica

Del concepto de desarrollo sostenible se han dado y siguen dando variadas interpretaciones a partir de la original, y muy pocas la mejoran, aunque en su mayoría la matizan adaptándola a los intereses de los colectivos que la instrumentalizan.

Para las mentalidades más economistas consistiría en , o sea, ; para los empresarios sería o cómo adaptar el negocio a las condiciones del entorno para continuar haciendo más negocios aunque distintos.

Y para la mayoría de los mortales, aunque fuera como entonación, podría ser el , y para ello usar con eficacia y eficiencia los recursos accesibles de todo tipo. Lo que se ha traducido en ese paradigma tan impactante del inicialmente , o cómo desarrollarse el doble con la mitad de los recursos, luego , que intentaría resolver las disparidades Norte-Sur al permitir al Norte desarrollarse el doble también, pero con la quinta parte de los recursos y al Sur multiplicar por diez o hasta por veinte su desarrollo, en el mismo período y con sólo el doble de los recursos actuales, con lo que se reduciría la desigual distribución actual, con menos del 20% de la población usando más del 80% de los recursos totales.
Es curioso que estos paradigmas, que sonaban utópicos fuera del cenáculo de ecologistas o ambientalistas hace tan sólo cinco o seis años, han entrado no sólo en las administraciones, sino también, y sobre todo, en los círculos empresariales no especuladores, y con más fuerza después de los recientes escándalos financieros y de gestión. Estos problemas están impulsando la famosa Tripple Bottom Line que atiende y entiende las dimensiones económica, social y ambiental del negocio sostenible o perdurable, y que haría impensables los llamados por Greenpeace que destrozan el tercer mundo.

En términos prácticos, el desarrollo sostenible consiste en usar más eficaz y equitativamente los recursos disponibles o desacoplar el desarrollo socioeconómico del uso y la degradación de los recursos, y de la pérdida de calidad ambiental.

No es más que vivir mejor de verdad, en términos de mejora de calidad de vida y de satisfacción de nuestras necesidades reales, no impuestas o creadas, que es lo que conduce a una alienación y una frustración crecientes. Y hacerlo produciendo menos residuos, incorporando menos contaminantes a la atmósfera, al agua y a nuestra cadena alimentaria (para que el aire que respiramos, el agua que bebemos, y los alimentos que consumimos, sean más saludables y no sólo menos contaminados); consumiendo menos recursos no renovables o limitados (como los combustibles fósiles, formados durante millones de años, pero también el suelo, las costas...) y menos recursos renovables cuya renovación depende de un uso limitado (como el agua, los bosques...), y sin afectar a los procesos básicos de funcionamiento del planeta (como el clima, la capa de ozono, los ciclos de los nutrientes...).
Oiga, ¿y quien no quiere esto? Pues parece que todos queremos, pero no necesariamente ahora y no precisamente yo, sino que empiecen otros, y que el que venga detrás que arree, porque como citaba Groucho Marx en una de sus películas Es quizás, en esta percepción del concepto como de mera solidaridad con el futuro donde puede que radique la barrera para la puesta en práctica de este paradigma que, en cualquier caso, parece ineludible. Como me apuntaba recientemente un conocido político progresista español , y más especialmente a los hacedores finales, los consumidores y las corporaciones locales y los empresarios como responsables finales de los cambios en los modelos de consumo y producción.

Y es aquí, en esta diatriba, en cómo traducir el concepto del desarrollo sostenible en algo también concreto e inmediato, en lo que las experiencias recientes a escala comunitaria sean de interés, tanto por las acciones iniciadas como por las carencias evidentes, y son trasladables al ámbito global cuando intentamos analizar las perspectivas en este momento, con la Cumbre de Johannesburgo todavía reciente y esperando que la hagamos buena en la práctica, especialmente a escala comunitaria, para que no pase como con Río.

Si hacemos abstracción de lo que ha ocurrido desde el 11 de septiembre, no cabe duda de que, tanto en un plano mundial como sobre todo dentro de la UE, se han producido cambios conceptuales y perceptivos importantes en lo que se refiere al medio ambiente y especialmente a su integración en el desarrollo como parte del término desarrollo sostenible. Y es en la puesta en práctica de este proceso en lo que fallamos. No estuvimos a la altura de los acuerdos de Río y la cuestión ahora sigue siendo no sólo el análisis de los acuerdos de Johannesburgo, sino si en cualquier caso los haremos buenos o incluso si los mejoraremos en la práctica, en particular en la UE.

La construcción de una estrategia en la UE

A escala comunitaria, ha habido en los últimos cuatro años, obviando el paréntesis de la presidencia española (también afectada por las proximidades del 11 de septiembre) una serie de desarrollos que yo llamaría convergentes y que empujaron al lanzamiento en junio de 2001, en la Cumbre Europea de Gotemburgo, de una Estrategia comunitaria para el desarrollo sostenible, con sus principios y objetivos concretos, algunos ambiciosos y algunos superados por Johannesburgo, como veremos. Esta estrategia unida a la llamada Agenda Socioeconómica de Lisboa, significa un serio compromiso político al máximo nivel (jefes de Estado y de Gobierno) para abordar conjuntamente e indisolublemente las tres dimensiones de un verdadero desarrollo, la social, la económica y la ambiental, o sea el desarrollo sostenible.


Y lo que es más importante, los jefes de Estado y de Gobierno han obligado a revisar los progresos en general y en las políticas concernidas en particular (en agricultura, energía, transporte... dentro del proceso integrador llamado de Cardiff, por la Cumbre en la que se aprobó en 1998) sobre la base de un paquete amplio de indicadores , que conformarían el llamado anual que se discutiría en cada cumbre de primavera. La primera, la de Barcelona, que fue quizás fallida por aquello de primeriza pero también posiblemente por la baja prioridad otorgada por la presidencia al tema.

Y las referencias generales suscitadas en Río, en particular la Agenda 21 y la Declaración fueron el asidero que ha permitido que progresase el concepto de , concepto en un principio vejado o ridiculizado como teorizante y de extracción ecologista, pero que finalmente, como vemos, se ha impuesto en la UE.

Primero formalmente: al establecerse como objetivo de la UE ya en el Tratado de Amsterdam, y ante el cual las políticas del mercado único, económicas y de la propia Unión Monetaria serían instrumentales.
Segundo políticamente: al poner en marcha, en la Cumbre de Gotemburgo, en junio de 2001, una verdadera estrategia comunitaria para el desarrollo sostenible, o mejor dicho para el desarrollo más sostenible.

Tercero prácticamente: al haber asumido el propio Consejo Europeo, la máxima instancia comunitaria, la ejecución de la estrategia, con revisiones anuales en cada cumbre de primavera, sobre la base de los llamados Informes de síntesis que, con unos 40 indicadores que cubren las dimensiones sociales, económicas y ambientales del desarrollo sostenible o simplemente del desarrollo deseable, se pretende sean un baremo del verdadero progreso en la consecución de una mayor calidad de vida y para todos (principio de equidad) con un menor uso y degradación de los recursos naturales (principios de efectividad y eficacia).

Y a esta introducción práctica del concepto ha contribuido decisivamente el hecho de que muchos grupos activos de la sociedad civil, como los colectivos locales y las asociaciones empresariales más avanzadas, que pueden identificarse como los (doers) ya que son los que finalmente ejecutan las políticas, han tomado el como un útil de programación y de gestión a medio plazo; los municipios, a través de la Agenda Local 21, han propiciado incluso una competitividad entre ciudades; y las empresas con la referencia a Tripple Bottom Line, o a la triple dimensión social, económica y ambiental de un negocio que aspira a ser duradero o sostenible, ya han conseguido que las que entran en el Índice Dow Jones de la Sostenibilidad hayan dado más beneficios en bolsa que el resto.

La UE en posición aventajada

¿Y cuáles son estas circunstancias convergentes que crean la línea argumental o la lógica de una intervención comunitaria en este tema? Resultan de interés tanto en el ámbito de los Estados miembros como en el comunitario, y posiblemente en el global, pues sirvieron de fundamento a un cierto liderazgo de la UE en Johannesburgo, aunque sólo fuera este caso para salvar los muebles. Y pueden conformar asimismo la base para que la UE hacia un desarrollo más sostenible, para que legitime así sus propuestas de futuro y para que cree un efecto de arrastre global que alcance incluso a EEUU.

1-La Agencia Europea de Medio Ambiente ha mostrado continuamente, desde su primer informe en 1995 que, a pesar del éxito incuestionable de la Política Ambiental Comunitaria (ningún país, ni siquiera Dinamarca, lo hubiera hecho mejor fuera de la UE) no se producía una mejora suficiente y generalizada de la calidad ambiental. Esto sólo se conseguiría mediante cambios en las políticas económicas y sectoriales, que debían ser en cualquier caso revisadas, ya que su evolución no sólo no era admisible, o insostenible, ni sólo en términos ambientales sino incluso en términos socioeconómicos. Su expansión incontrolada y no integrada en el resto del contexto socioeconómico hacía peligrar sus propios objetivos al erosionar las bases que los sustentan y además conculcar las otras políticas afines (mucho tráfico colapsa el tráfico y reduce la accesibilidad y la movilidad, mucho turismo destruye el turismo y su calidad, el crecimiento abusivo de la demanda energética genera apagones y restricciones críticas...). La referencia a la sostenibilidad consolida las propias finalidades socioeconómicas de las políticas económicas y sectoriales.

2-El ejercicio de análisis y revisión de las políticas económicas y sectoriales, realizado dentro del proceso de integración o de Cardiff para analizar cómo respondían o si eran coherentes con la política ambiental, y ahora, más recientemente, con el objetivo del desarrollo sostenible (artículos 2 y 6 del Tratado), mostró algo interesantísimo. Y es que dichas políticas eran además incoherentes entre ellas, o lo que es lo mismo, la política de transporte conculcaba la energética (el aumento de la dependencia energética de inseguridad en el suministro, se debe básicamente al incremento insostenible en el tráfico y el transporte rodado, muy superior al de la economía) y lo mismo hacían muchas prácticas agrícolas intensivas. La referencia a la sostenibilidad permite potenciar las sinergias entre las distintas políticas creando objetivos comunes, compartidos o, en cualquier caso, convergentes.

3-La idea básica a escala comunitaria sería no sólo hacer más política (y no sólo más mercado como proclama EEUU) sino especialmente establecer nuevas formas de hacer política siguiendo los principios de la llamada gobernabilidad, que incluyen, junto a los instrumentales de transparencia, control y participación pública, los de eficacia y coherencia y que se traducen en la potenciación de los mecanismos señalados de revisión anual abierta del progreso en todas las políticas económicas y sectoriales con reconducción de las mismas para acercarse a los objetivos a medio y largo plazo acordados en la estrategia para el desarrollo sostenible (y su dimensión externa o de participación en la sostenibilidad global) y en la Agenda socioeconómica.

En consecuencia, el paradigma del desarrollo sostenible a escala comunitaria se identifica como un concepto operativo de aplicación inmediata: perfeccionar ahora, a corto y medio plazo, y no sólo en el futuro, la situación, podríamos decir, de solidaridad con el presente o con nosotros mismos. O de puro egoísmo bien entendido y que respondería al desafío lanzado por el presidente Prodi de hacer de la UE la economía más competitiva, basada en el conocimiento. Pues eso y no más es el desarrollo sostenible, un desarrollo basado en el conocimiento y no en la ignorancia en cuanto a sus consecuencias incluso inmediatas y de corte socioeconómico, y no sólo ambiental.

Con esta línea argumental la UE ha estado progresando desde diciembre de 1997, que fue cuando el primer ministro sueco Goran Persson propuso que se estableciesen mecanismos para la revisión de todas las políticas comunitarias en clave de integración y/o de sostenibilidad. Y se ha ido progresando a un ritmo lento pero seguro en las distintas cumbres europeas. Sobre todo se fueron creando expectativas entre la sociedad civil y las ONG más activas a escala comunitaria, aunque se vieron algo frustradas durante, precisamente, el período clave para la preparación de Johannesburgo, que fue el primer semestre de este año, durante la presidencia española, que no figuró entre las prioridades influenciadas también, posiblemente, por los efectos del 11 de septiembre que afectaron a la agenda política.

Lo que sigue es un análisis con perspectiva de futuro, aprovechando e intentando hacer buenos los quizás pingües resultados de Johannesburgo, ordenados con una idea básica que es la que puede dar sentido de dirección a la UE: la de que la UE muestre el camino a los países desarrollados, con un sentido también oportunista o de captación de los beneficios que se deriven de esta acción pionera y necesario recurso de innovación. Y sobre todo que se legitime en el ámbito global para liderar una globalización más sostenible

El distinto contexto de Johannesburgo

Para calibrar Johannesburgo no hay que olvidar que el patrón es distinto que el de Río, tanto por la situación geopolítica como por el contexto o marco ambiental multilateral. A Río se llegó en una situación de euforia económica y política, de , con progreso económico, la caída del muro de Berlín y la apertura al Este, con una globalización esperanzadora y beneficiosa para todos, mientras que a Johannesburgo, en parte como secuela del 11 de septiembre, se llega con una situación de , con un reconocimiento continuado de las diferencias Norte-Sur, crecimiento imparable de la forzada inmigración y el desánimo en la erradicación de la pobreza, el terrorismo en alza, la globalización beneficiando a los de siempre.

Y, además, en Río todo estaba por hacer en materia de multilateralismo en medio ambiente, y allí había tres grandes convenios sobre la mesa y jugosas propuestas en términos conceptuales y de principios contenidos en la Declaración y la Agenda 21, y que para Johannesburgo parecía agua pasada pero de hecho estaban sin poner en práctica.

Y no hay que olvidar la situación inmediatamente antes de la Cumbre, tanto en el ámbito de la UE como en el global, que se plasmó en la última reunión preparatoria de la Cumbre en Bali, a la cual se llegó esperando un milagro que no se produjo, y en la que aparte de confirmarse que los temas que más preocupaban a los países en desarrollo, o G77, los de acceso a los mercados y financiación del desarrollo, se consideraban ya cerrados, lo que se hizo fue confirmar algunos objetivos concretos referentes a la prioridad acordada a los temas de abastecimiento de agua potable y saneamiento urbano y el acceso a la energía. Se recalcó también la necesidad de progresar hacia nuevos modelos de producción y consumo dejando la Agenda completamente abierta en el resto de los temas.

Y a escala comunitaria tampoco se produjo ningún milagro en la Cumbre Europea de Sevilla, que era la última oportunidad después del parón que se produjo en la Cumbre de Barcelona, después de cuatro años de progresos en el desarrollo de una estrategia comunitaria que hubiera tenido su clímax en Barcelona como resultado del empuje final dado en Gotemburgo (que finalmente dio nombre a la estrategia). Aunque en Sevilla se confirmaron las ambiciones de la UE, también se confirmó que los acuerdos tanto de Doha como de Monterrey no se reabrirían pero que se exigiría su cumplimiento. Incluso se les citó como base para el famoso Acuerdo Global o Global Deal, que tantas esperanzas había suscitado antes del 11 de septiembre, y se hizo hincapié en la necesidad de una Agenda positiva para la globalización y en el reforzamiento de la gobernabilidad en el ámbito nacional y en las prioridades específicas acordadas en Bali (agua, saneamiento, energía) a las que se sumaba la Salud y la Iniciativa para África, insistiendo en la necesidad de traducir las prioridades a objetivos y calendarios concretos.
En resumen, llegamos a Johannesburgo con mayores desafíos, pero al mismo tiempo con menores expectativas, capacidades y preparación y además con toda la carga del 11 de septiembre Y, por si esto fuera poco, los grandes temas para los países desarrollados, o para el G77, como son el acceso al mercado y la financiación del desarrollo, se consideraban ya cerrados, para muchos del G77 en falso, en las conferencias previas de Doha y Monterrey respectivamente. Finalmente, frente al empuje en multilateralismo o cooperación global ambiental de Río, a Johannesburgo se llegó con prácticamente sólo la Unión Europea apostando fuerte en este sentido, con el bagaje de Kioto, y apostando por acuerdos y compromisos concretos en el tiempo, incluso en áreas, como la energética, en las que la UE no estaba legitimada por un progreso práctico.
Así que, en contra de lo que se ha dicho de que quizás las expectativas de Johannesburgo eran demasiado elevadas, la realidad es que eran demasiado bajas y por eso sus resultados hay que tomarlos en cualquier caso como unos resultados de mínimos y, por tanto, cumplirlos a rajatabla y construir o avanzar en lo posible sobre los mismos.
En Johannesburgo se esperaba, en consecuencia: una presencia elevada de jefes de Estado. La aprobación de un Plan de Acción, con acciones concretas, responsabilidad de los Gobiernos (tipo I) y fechas para su cumplimiento, para ir algo más allá de Río. E incluyendo lo que finalmente se llamó las cinco prioridades de Kofi Annan.

¿Qué se ha conseguido prácticamente en Johannesburgo?

Aunque ya se comprobó con la Cumbre de Río, que fue un éxito en sí misma, en cuanto dio un salto cualitativo a la Agenda política, que no hicimos buena en su cumplimiento, el valor de Johannesburgo se demostrará en nuestra capacidad para hacer bueno o no lo poco o lo mucho que allí se ha conseguido. Por eso el análisis que sigue es desde el doble punto de vista de los resultados conseguidos en cuanto a cómo ha afectado a la Agenda política, en particular de la UE, y en segundo lugar de las perspectivas para que esta vez sí, seamos consecuentes y en lugar de plantear los resultados de la Cumbre como un techo o una aspiración máxima, que es lo que se hizo con Río, lo planteemos como una base sobre la que construir o como el mínimo común denominador de nuestras aspiraciones.

En Johannesburgo se consiguió:

Una Declaración en la que se confirman los Principios de Río, algunos de los cuales hay que repetir por su gran vigencia y difícil respeto. Por ejemplo los de responsabilidad global compartida pero diferenciada (base para obligaciones distintas de los países en el Protocolo de Kioto); los de prevención y de precaución y cautela (básicos para la intervención diferenciada en el mercado de la UE y EEUU, ya que la UE aplica el principio que permite tomar medidas sin evidencia total cuando los riesgos son graves); los de internalización de costes (base para los llamados precios justos). Y además, consolida como requisito esencial los cambios en los Modelos de producción y consumo, y aboga por la reconstrucción de la solidaridad humana, por la erradicación de las condiciones más insostenibles, como la hambruna, y por el establecimiento de políticas a medio plazo que permitan la participación en la formulación y la ejecución de políticas y en las tomas de decisiones en general, siempre acompañadas de mecanismos de vigilancia y evaluación para asegurar el control público y el rendimiento de cuentas político. Y algo innovador después de los escandallos corporativos reciente aboga por reforzar la responsabilidad corporativa.

Un Plan de Acción que incluye algunas obligaciones de resultados, en cuanto a objetivos concretos a alcanzar en plazos determinados, o solamente tendenciales o de mejora deseable, pero también recoge obligaciones de medios que se consideran imprescindibles o elementos condicionantes para progresar.
Entre los objetivos concretos hay que destacar: reducir a la mitad antes del 2015 la población que no tiene acceso a agua potable y a un saneamiento básico lo cual implica la ambiciosa tarea de dar este servicio a unos 1.500 millones adicionales de seres humanos con trabajos ingentes y casi imposibles en grandes conurbaciones. Recuperar las pesquerías o los stocks pesqueros a un nivel sostenible antes del 2015, y cuya envergadura puede imaginarse con sólo saber que en las zonas cercanas a la UE los porcentajes que han superado el llamado el llamado , que superan el 70% en todos nuestros mares. Minimizar los riesgos por sustancias químicas antes del 2020, también una ingente tarea a tenor de la situación general del control de las sustancias químicas producidas y utilizadas con sólo una parte de las mismas evaluadas y pocas verdaderamente controladas en las condiciones finales. Y finalmente detener las pérdidas de biodiversidad, o sea, que no continúe la degradación de nuestros ecosistemas antes del 2010, con las implicaciones que esto tiene al exigir que la pesca, la agricultura y las explotaciones forestales y mineras, los desarrollos costeros y las urbanizaciones, los planes hidrológicos y de infraestructuras, y todas nuestras actuaciones territoriales en general no continúen mermando nuestra fauna y nuestra flora y la funcionalidad de nuestros ecosistemas, o cómo construir nuestras infraestructuras sin destruir las muy valiosas, también socioeconómicamente, infraestructuras naturales.

Entre los objetivos cualitativos o tendenciales figuran: un incremento urgente y sustancial (no se aceptó el objetivo concreto del 15% propugnado por la UE) en la contribución de energías de fuentes renovables y la promoción de mercados para productos ecológicos o provenientes de la agricultura ecológica, de gran interés para los países en desarrollo.

Entre las obligaciones de medios se retoman algunas de la Declaración del Milenio, del año 2000, como es la de disponer de Estrategias Nacionales Operativas para el desarrollo sostenible antes del 2005. En el caso de la UE ya existe, más o menos, pero en el caso de la mitad de los Estados miembros, que debían haberla ultimado antes de Johannesburgo, entre ellos falta España, haciendo especial mención, por ser la pieza clave de esta estrategia y la más difícil, al desarrollo obligado de un esquema marco a 10 años de Programas para la Producción y Consumo Sostenibles, obligación que ya se había autoimpuesto la UE antes de ir a Johannesburgo.

Hubo también otros logros no objetivables, como el de impulsar y acercarnos a la ratificación del Protocolo de Kioto al conseguir que Rusia y Japón no volvieran sobre sus pasos, el establecimiento de una coalición liderada por la UE para el progreso en las energías renovables y el establecimiento de hasta un total de 200 partenariados, o cooperaciones voluntarias, entre las que figura la relativa al agua, de la UE con los NEI (y otros) que aúnan esfuerzos voluntarios (acciones tipo II) entre gobiernos, empresas, ONG y otros agentes de la sociedad civil.

Y no hay que olvidar que, aunque a Johannesburgo se llegó con menores ambiciones que a Río en 1992 y, aunque no acudieron muchos de los mandatarios que si fueron a Río, como el presidente de EEUU y el presidente de España, allí se concentraron casi 65.000 personas y fue un magno acontecimiento que parece que sólo el medio ambiente es capaz de convocar, y en el que al menos se consiguió una Declaración Política que recupera el espíritu de Río y sobre todo se estableció un Plan con algunos objetivos y un calendario intentando reconducir la globalización, por ahora meramente mercantilista, haciéndola algo más sostenible, para que contribuya a una mayor o suficiente calidad de vida para todos ahora y en el futuro, y en el que al menos se pretendería dar respuesta a las cinco prioridades de Kofi Annan, propiciadas por la UE: agua, salud, energía, agricultura y biodiversidad. Y se hará buscando un adecuado equilibrio entre las llamadas acciones tipo 1 que comprometen a los Estados y que propugnaba la UE, y las de tipo 2, con participación del sector privado y de la sociedad civil y más voluntaristas, que son las únicas que parecía querer EEUU.

Evaluaciones para todos los gustos

Está claro que los resultados concretos, partiendo de la base de las bajas expectativas, no fueron mucho menos de lo esperado. Sin embargo, hay que admitir que la Cumbre, a tenor de las evaluaciones realizadas, es posible que estuviera a la baja altura de las circunstancias, pero desde luego, no estuvo a la altura de los grandes desafíos mencionados.

Las lecturas son variopintas y para todos los gustos, no siempre equidistantes y su análisis como siempre nos permite hacer una lectura provechosa para la proyección de los resultados hacia el futuro y para hacer bueno o consolidar lo conseguido y especialmente para construir sobre ello.
Para el presidente Prodi, Johannesburgo no desdijo la necesidad de tener estas cumbres, aunque al mismo tiempo el WWF la calificara en una interpretación libre de la WSSD de World Summit of Shameful Deals, o Cumbre de los Acuerdos Vergonzantes.

Para la directora general de Medio Ambiente de la Comisión Europea fue una muestra de que el multilateralismo funciona, mientras que para WWF fue la prueba de que no funcionan los procesos intergubernamentales.

Para el presidente Prodi, en Johannesburgo se deterioró aún más la imagen del mundo desarrollado (incluyendo la UE, y no sólo EEUU). Además, ha señalado con rotundidad que no funciona el planteamiento del mercado como instrumento de ayuda al desarrollo (o la ayuda como resultado del mercado), sino que deben ir unidos (¡o la ayuda al desarrollo como objetivo en sí mismo!). en palabras textuales de Prodi, quien ha llegado a afirmar como razón del fracaso de la propuesta de la UE sobre el objetivo de alcanzar el 15% para la contribución de las energías renovables, el hecho a todas luces cierto de que la UE (con su tímido 6% de cuota) no estaba legitimada para forzar dicho acuerdo, como tampoco lo estaba, según Prodi, en el tema de los subsidios en agricultura, tan penalizadores para la agricultura del tercer mundo.

Para gran parte del estamento político, el desarrollo sostenible se ha consolidado en la Agenda política, en palabras de P. Cox, presidente del Parlamento Europeo, quien al mismo tiempo incidía en la brecha creciente entre las aspiraciones de la agenda política y la capacidad política para actuar y sobre todo para tomar los resultados de la Cumbre como una base de partida y no como un techo de nuestras aspiraciones. Aseveraciones que ha confirmado con extrema dureza el presidente del Consejo Mundial de Empresas para el Desarrollo Sostenible, Bjorn Stigson, al repetir varias veces que el desafío no es técnico, sino político y de falta de capacidad institucional, ¡lo cual es fuerte!

Y hay también bastante coincidencia en el enfoque reforzado en Producción y Consumo Sostenibles en el proceso político, que implica como condición ineludible que el mercado empiece a funcionar para el desarrollo (sostenible) y no al revés, según apreciación compartida por el ministro de Medio Ambiente danés C. Schmidt, y por el Buró Europeo de Medio Ambiente (J. Hontelez)

Para la comisaria Margot Wallström, los instrumentos de Johannesburgo, la Declaración y el Plan de Acción, junto con las Conferencias de Doha y Monterrey, formarían una base de partida para el partenariado global (o para el no alcanzado Acuerdo Global) para el desarrollo sostenible. En cambio, para las ONG en general, en Johannesburgo se perdió la ocasión de darle al desarrollo sostenible un impulso significativo, con EEUU ¡contestando todavía los resultados de Río! y con una UE voluntariosa pero que no pudo con los temas de la globalización (positiva), la mejora del acceso a los mercados y la de la ayuda al desarrollo y la exigencia de la responsabilidad empresarial.

Mi percepción personal sería:

Que la Cumbre estuvo casi a la altura de las bajas expectativas generadas.

Que sigue habiendo un gran trecho entre el dicho, o los acuerdos, y el hecho, o los logros. O como dijeron los niños en Johannesburgo o menos hablar y más hacer, como ha dicho el WBCSD, walking the talking, que en traducción libre y con inspiración de Machado, sería algo así como , digo yo.

Que esperemos que finalmente esta vez SÍ, que esta vez SÍ se cumplirá al menos lo acordado y que esto se vigilará y exigirá continuamente.

Que al menos crearemos las condiciones y las capacidades institucionales para que la emergente sociedad civil pueda ejercer todo su potencial más allá de las limitaciones de los propios gobiernos.

Y, finalmente, que aunque el ejercicio de realismo nos haya dejado en unos acuerdos de mínimos, no se pierda una promesa de futuro para, en mejores momentos, superar los acuerdos de Doha y Monterrey y poder conseguir una globalización positiva como pretendía y pretende, supongo, la UE. Una globalización con mercados abiertos y llenos de oportunidades para los países en desarrollo y con una ayuda al desarrollo que acompañe indisolublemente y proporcionadamente al mercado (y repare sus limitaciones o defectos), lo cual no parece posible si no se nutre de alguna fiscalidad global, como reclamaba el propio presidente Chirac en Johannesburgo, para ese Fondo global para erradicación de la pobreza y el desarrollo sostenible. Es tiempo no sólo de duras realidades, sino también de promesas para un futuro necesariamente y obligadamente mejor y no renunciar a la sostenibilidad.
¡Y que la UE muestre el camino!

¿Y ahora qué?
Perspectivas para que la UE muestre el camino de la sostenibilidad ¿Y que se beneficie de ello?

Sin necesidad de hacer abstracción de prioridades evidentes a corto y medio plazo como son las referentes al Pacto de Estabilidad Económica, como pieza clave de la Unión Monetaria y de la moneda única, y especialmente la ampliación y la propia convección para el desarrollo o adaptación política e institucional de la UE que van a ocupar la Agenda política, junto con los de Política Exterior, no hay ninguna duda de que el objetivo de la UE sigue siendo conseguir un desarrollo sostenible según el artículo 2 del Tratado y para el cual la mayoría de estas prioridades son instrumentales.

Estas otras urgencias no deben obviar la construcción del proceso hacia una mayor sostenibilidad que garantice una progresiva mejora de la calidad de vida ahora y en el futuro y en lo posible para todos, además de contribuir a la sostenibilidad global o una globalización positiva que era uno de los puntos de partida de la contribución de la UE a Johannesburgo y es parte de la llamada dimensión externa de la Estrategia comunitaria para el desarrollo sostenible.

Lo que sigue es un intento de analizar las condiciones de partida y los condicionantes de futuro para que la UE lidere este cambio a escala global partiendo del cambio en el ámbito de la UE.

Una perspectiva favorable para la UE

Hay elementos convergentes suficientes para posicionar favorablemente la UE en este proceso:

- La Agenda multilateral se amplía progresivamente para contemplar las tres dimensiones del DS.

- La Estrategia comunitaria para el desarrollo sostenible (EDS) es, sin duda, la más avanzada (aunque insuficiente como tal) en el ámbito regional y puede además calificarse de madura al haber sobrevivido e incluso crecido en las condiciones nada favorables de las ultimas presidencias (pos-septiembre 11) y del propio proceso de Johannesburgo.

- La EDS está fuertemente ligada ahora a la puesta en práctica de la llamada gobernabilidad, que se considera la pieza clave para el desarrollo, donde el elemento determinante, como incluso reconocía recientemente un semanario económico no sospechoso en este tema, sería la capacidad institucional, mucho más allá de los propios programas económicos y que puede difícilmente avanzar sin un marco para la cohesión y la eficiencia como el ofrecido por la EDS.

- En este sentido la EDS ya ha demostrado su utilidad como referente en la revisión en curso de las políticas agrícola y pesquera para que sean más gobernables y sostenibles.

- Y, finalmente, todo parece decantarse ahora a la consecución de formas sostenibles de producción y consumo y para lo cual la orientación u organización del mercado, puesto al servicio del desarrollo y no lo contrario, sería la pieza clave además de ser un acicate significativo para la innovación y la competitividad.

- Tanto el Consejo de Asuntos Generales de la UE del 30 de septiembre, como el de Medio Ambiente del 17 de octubre han recogido esta situación favorable y el reto para la UE de abrir el camino, al hacer en sus conclusiones la conexión de la EDS con la Agenda multilateral y con las Conferencias de Doha de la OMC de noviembre de 2001, de Monterrey de Naciones Unidas de marzo de 2002, con la Cumbre de la Alimentación de Roma de la FAO, y por supuesto con el paquete de la Cumbre de Johannesburgo de Naciones Unidas incluyendo la Declaración del Milenio de Naciones Unidas del 2000 y todos los acuerdos de Río de junio de 1992 ¡todavía vigentes y actuales!

- En estas reuniones recientes, el Consejo ha confirmado la necesidad de revisar la EDS en 2003, a la luz de los desarrollos recientes y, según sus propias palabras, para apoyar los resultados de Johannesburgo y responder también a otros objetivos multilaterales, implicando el reconocimiento de que muchos de ellos pueden ir más allá de los acordados a escala comunitaria.
Exigencias y oportunidades para la UE

En este sentido no hay que olvidar que la UE obtuvo en Johannesburgo no sólo una responsabilidad para liderar el cambio (con la cual puede sentirse orgullosa pero no necesariamente satisfecha) sino también compromisos concretos que superan los acordados en la vigente EDS como son el Plan a 10 años para la Producción y el Consumo Sostenibles, la necesidad de mostrar el camino para el objetivo propugnado de la cuota del 15% en 2015 (ahora es del 6% con un objetivo del 12% para el 2010), el avanzar realmente en políticas agrícola y pesquera (¡con un 100% de los stocks recuperados en 2015!) sostenibles y no subvencionadas y, por supuesto, ir más allá de los compromisos de Doha en acceso a los mercados y al menos cumplir los de Monterrey en ayuda al desarrollo (alcanzar la media de 0,39% del PIB en AOD y un mínimo del 0,33% para cada Estado miembro. Cualquiera que pueda pensar que esto no es ambicioso, si se cumple como mínimo ¡que mire la situación actual en los informes recientes de la Agencia Europea de Medio Abiente!

Así pues partimos de una situación en la que contamos con una Agenda multilateral que, aunque no es ambiciosa, puede determinar cambios significativos y crear las condiciones para cambios más radicales si se toman los acuerdos como básicos para ir más allá una vez demostrado que las propuestas son posibles e incluso saludables en términos socioeconómicos. Existe la instrumentación al menos política de partida para que la UE pueda mostrar el camino y cosechar incluso beneficios con esta actitud pionera y por ende innovadora. Además, habría que añadir que este planteamiento reforzaría la tesis de hacer de la ampliación una oportunidad también en materia de desarrollo sostenible y plantearse seriamente la sostenibilidad como objetivo básico de la ampliación y hacer del acervo comunitario un instrumento al respecto y no un objetivo en sí mismo. Como decía recientemente al calor del debate sobre la EDS el director de WWF Tony Long, las oportunidades para el liderazgo de la UE se acrecientan y, como apostilló el ministro danés Schmidt, es la ocasión para actuar y nuestro éxito depende sobre todo de nuestra propia habilidad.

Reflexiones para el futuro

Lo que sigue es una interpretación personal de la situación y de las perspectivas que se abren para la UE si, como decía el ministro danés, actuamos con cierta destreza en el manejo de una Agenda política. Una Agenda consolidada pero que se debe instrumentalizar sobre la base de las capacidades existentes o del hecho de potenciar las capacidades institucionales y hacer que respondan al menos a las expectativas de la sociedad civil.

La idea básica consiste en traducir la Agenda política en un Propósito socioeconómico claro dentro de una visión esclarecedora y cohesionadora acompañada de un sentido de la dirección: Propósito, Visión y Sentido de la Dirección.

Propósito

El objetivo de la UE es el desarrollo sostenible (artículos 2 y 6 del Tratado), con la economía y el mercado como instrumentos.

Abundando en el propósito del presidente Prodi de y de la interpretación empresarial del WBCSD de que el DS no es hacer menos negocio sino distintos negocios, el propósito hay que objetivarlo también en términos de solidaridad con el presente y no sólo con el futuro.

Se trataría de conseguir ya una mayor (o suficiente) calidad de vida real y para una mayoría creciente a través de la cohesión y la eficacia en la acción que permite el paradigma del DS al fundir el presente y el futuro en una acción cognitiva que lo que introduce es la dimensión atemporal de una gestión racional basada en el conocimiento de nuestro único capital natural y construido (). Con este propósito se trataría de superar el cortoplacismo de la economía de mercado que no se somete a su carácter instrumental y cuyo tratamiento sintomático, que además no permite ni prever ni siquiera gestionar las crisis, se impone sobre la racionalidad de un planteamiento integrador en el espacio y en el tiempo.